Primer día en Senegal. Pepe Rodríguez Rey y la presidenta de Manos Unidas, Cecilia Pilar, amanecen en la localidad de Sanghé, en Thies. Allí, a tan solo 70 kilómetros de Dakar, en la escuela rodeada de tierras desiertas, les espera la bienvenida de la hermana Hortensia Perosanz -83 años de vitalidad y entrega a los más vulnerables- y de los cientos de niñas y niños que acuden a clase gracias a la colaboración de Manos Unidas.
Entre pupitres y sonrisas, Pepe es consciente de lo que significa una escuela en medio de la nada: esperanza, oportunidad, futuro.
Es hora de comer en Sanghé: Pepe se ha unido al cocinado de las mujeres - trabajadoras, emprendedoras, capaces de sostener a sus familias y levantar comunidades enteras- que, cada día, dan de comer a los escolares y al personal de la escuela. Entre fogones de barro y ollas de hierro descubre que en esas cocinas al aire libre también se cuece la vida.
Al caer la noche, Pepe Rodríguez Rey reflexiona, agradecido por lo vivido y sabedor de que algunas cosas que pueden parecer pequeñas son capaces de construir futuro y cambiar vidas.
En Senegal he visto cómo lo pequeño se hace grande.