El pasado viernes, 5 de febrero, el imponente templo de la Sagrada Familia acogió la celebración eucarística en conmemoración de los 65 años de Manos Unidas, en un acto lleno de espiritualidad y compromiso con los más desfavorecidos.
La eucaristía, presidida por el Cardenal Joan Josep Omella, contó con la presencia de numerosas autoridades eclesiásticas, sociales y políticas, así como de las delegadas de Manos Unidas. Los voluntarios y colaboradores, llegados de todas partes del territorio, tampoco faltaron a la cita.

El acto comenzó con la monición de entrada de Francesc Comelles, misionero laico y socio local de Manos Unidas en Brasil, quien destacó la importancia de la acción de la organización en favor de las comunidades indígenas de la Amazonía. Sus palabras sirvieron para recordar la misión fundamental de Manos Unidas y su implicación en la justicia social:
«Me siento muy agradecido por la ayuda que estas comunidades están recibiendo para fortalecer sus capacidades y defender sus derechos. Jesús nos lo dejó bien claro, cuando explicó que lo que hacíamos a uno de esos más pequeños, cuando dábamos comida a los que tenían hambre, se lo dábamos a él».
Durante la homilía, el Cardenal Omella felicitó a Manos Unidas por sus 65 años de trayectoria y dirigió un saludo especial a todas las delegaciones presentes. «Yo he sido parte de esa historia. Entré cerca del año 2000 en Manos Unidas y he visto de cerca su impacto transformador», afirmó. También estableció un paralelismo entre el milagro de los panes y los peces y la labor de Manos Unidas, recordando cómo, con pocos recursos, se pueden conseguir grandes cambios. Omella remarcó la valentía de las mujeres que fundaron Manos Unidas y la vigencia de sus ideas. «El dinero de Manos Unidas siempre llega allá donde se necesita», señaló, valorando la transparencia y la eficacia de los proyectos impulsados por la organización.

Uno de los momentos más emotivos de la celebración fue el discurso de la presidenta de Manos Unidas Barcelona, Mireia Angerri, quien recordó los inicios de la organización y su evolución hasta la fecha. «En 1959, un grupo de mujeres valientes decidió levantar la voz contra el hambre y la pobreza. 65 años después, ese espíritu de solidaridad sigue vivo, y nos empuja a seguir luchando por un mundo más justo». Angerri destacó los principales ámbitos de acción de Manos Unidas: «Cada proyecto transforma vidas y mujer esperanza. El año pasado, impulsamos más de 570 proyectos en más de 50 países, y mañana mismo comienza ya nuestra campaña número 66».

La eucaristía concluyó con una oración colectiva de Manos Unidas y el canto final del himno conmemorativo —escrito por el obispo Pere Casaldàliga—, que resonó con fuerza en la nave central del templo, como símbolo de un compromiso inquebrantable con los más vulnerables.
Con esta celebración, Manos Unidas reafirma su misión de trabajar por la justicia y la dignidad de todas las personas, con la certeza de que la solidaridad y la fe seguirán siendo motores de cambio en el mundo.