Chocolatada solidaria en la Residencia de las Religiosas de María Inmaculada, de Ciudad Real

En la tarde del pasado 9 de febrero y como ya viene siendo tradicional, las Religiosas de la Residencia de María Inmaculada, en la calle Caballeros de Ciudad Real, organizaron una “Chocolatada Solidaria”, con motivo de la Campaña contra el hambre de Manos Unidas y en beneficio de la institución, reuniendo fondos destinados al fondo común de proyectos de Manos Unidas.

En el marco de los encuentros semanales de los jóvenes de la Pastoral Universitaria y tras la celebración de la eucaristía presidida por su delegado, D. Luis Eduardo Molina, y de la adoración al Santísimo Sacramento y el rezo de vísperas, pudimos escuchar el testimonio misionero de Sr. Daría, una hermana de la Congregación de María Inmaculada que, tras pasar tres meses con la comunidad de Ciudad Real, ha sido destinada a la Casa que la Congregación tiene en Caracas (Venezuela), compartiendo la lamentable situación de precariedad que vive la juventud en este país y en otros países donde disponen de casas de acogida, como el caso de Mali y Burkina Faso, en África, animando a la juventud y a todos los allí presentes a cultivar la fe, a rezar mucho para un mundo tan necesitado de Dios.

Seguidamente nos trasladamos al salón de actos de la residencia, donde las hermanas con la colaboración de los jóvenes de la Pastoral Universitaria nos ofrecieron, a cambio de un donativo, un delicioso chocolate y un trozo de bizcocho a unas 70 personas allí reunidas. Los fondos recaudados irán destinados a mejorar las condiciones de vida de los más desfavorecidos en los países del Sur. Un sencillo gesto que pone su “granito de arena” a la promoción del desarrollo, como nuevo nombre de la paz, pues no es posible la paz sin justicia, ni la justicia sin desarrollo, como decía el papa Pablo VI en la Populorum Progressio de 1967. La LXVII Campaña de Manos Unidas de este año 2026, bajo el lema: “Declara la guerra al hambre”, nos interpela y nos invita a hacernos partícipes de esta “guerra”, la del hambre, la única guerra que debería ser lícita en el mundo en que vivimos.

Nuestro agradecimiento a las hermanas de María Inmaculada y a los jóvenes de la Pastoral Universitaria por su generosidad.

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