En el marco de la LXVII Campaña contra el hambre de Manos Unidas, bajo el lema: “Declara la guerra al hambre”, el pasado domingo 8 de febrero la parroquia Ntra. Sra. de los Ángeles de Tomelloso declaró la guerra al hambre desarrollando un día de encuentro, convivencia y solidaridad destinado a todas las edades niños, jóvenes y adultos.
Las actividades que se llevaron a cabo fueron varias: durante la semana previa se realizaron catequesis formativas sobre la identidad de Manos Unidas y su labor en nuestra diócesis y sobre el deseado valor de la Paz, como medio necesario para el desarrollo. El resultado en la catequesis de infancia fue la elaboración de numerosos carteles con frases y fotografías sugerentes que invitaban a reflexionar y que nos acompañaron tanto en el ofertorio de la Eucaristía del domingo como en nuestra marcha solidaria por el barrio. Tras la celebración de la Eucaristía se ofrecieron materiales de la Campaña, papeletas para rifar una cesta; se realizó la tradicional Marcha Solidaria con los dorsales de los niños patrocinados por sus familiares, se compartieron juegos con los niños y unas sabrosas migas realizadas por nuestros queridos cocineros, acompañadas de naranjas de postre y refrescos.
Por la tarde y gracias a las donaciones de objetos, libros, juegos, material escolar… de nuestra comunidad parroquial, amigos y establecimientos, jugamos al bingo solidario en un ambiente familiar muy agradable mientras compartimos una rica merienda.
La participación fue muy buena a pesar de las inclemencias del tiempo, alrededor de unas 650 personas en total sumando a este día las actividades de concienciación trabajada en las formaciones durante la semana anterior. Un año más hemos conseguido sensibilizar y recaudar fondos uniendo nuestras manos a Manos Unidas.
Las voluntarias terminamos el día y la Campaña confiándole al Señor todo lo sucedido y, con el corazón lleno de gratitud porque, junto a la Comunidad, pudimos colaborar en la construcción de un mundo mejor, declarando la guerra al hambre y ayudando a promover proyectos de desarrollo en los países más empobrecidos para que de esta manera, viendo nuestras buenas obras, den gloria a nuestro Padre del cielo, como expresaba la lectura del Evangelio.