La Homilía I de san Gregorio de Niza sobre el amor a los pobres:
Enseña que las riquezas deben usarse para ayudar a los necesitados, porque servir a los pobres es servir a Cristo. La homilía enfatiza la dignidad de los pobres, a quienes Dios ha tomado como suyos, y exhorta a usar los bienes terrenales con misericordia para remediar la pobreza, en lugar de acumularlos. En esencia, la caridad hacia los pobres es una manera de honrar a Dios y es fundamental para la vida cristiana.
Mensajes clave de la homilía para aplicar a todos los hombres y mujeres de Manos Unidas y hacerlo vida.
- Servir a Cristo en los pobres: La homilía subraya la conexión directa entre ayudar a los pobres y servir a Cristo mismo, recordando la enseñanza evangélica: "Porque cada vez que lo hicisteis con uno de estos, mis hermanos más pequeños, conmigo lo hicisteis" (Mateo 25:40).
- La dignidad de los pobres: San Gregorio destaca que los pobres tienen una gran dignidad. Su pobreza no los hace insignificantes, sino que son dignos de caridad y respeto, porque Cristo mismo se ha identificado con ellos.
- Uso de las riquezas: Se exhorta a los cristianos a usar sus riquezas para remediar la pobreza. Las riquezas, que por sí solas pueden ser neutras, adquieren un valor positivo cuando se ponen al servicio de los demás y se utilizan para ayudar a quienes sufren.
- La misericordia es amiga de Dios: La misericordia y la generosidad son cualidades que nos acercan a Dios. Por lo tanto, al ser misericordiosos con los necesitados, practicamos un acto de fe y nos volvemos más cercanos a la divinidad.
- No desprecies a los pobres que arrastran su miseria como si fuesen de ningún valor. Considera quiénes son y reconocerás su dignidad: son la manifestación presente del Salvador. En efecto, Cristo, en su bondad, les ha transferido su propia persona para que, así también los pobres puedan, gracias a la representación de Cristo que ostentan, apiadar a cuantos ignoran la compasión o aborrecen francamente a los pobres. Ellos son los administradores de los bienes que también nosotros esperamos; los porteros del reino de los cielos, que abren las puertas a los buenos y compasivos, y la cierran a los malos e inhumanos; ellos son también unos severos fiscales y unos magníficos abogados. Pero acusan o defienden, no con discursos, sino con sola su presencia, al comparecer ante el juez. Gritan lo que se ha hecho contra ellos y lo proclaman con mayor claridad, exactitud y eficacia que cualquier pregonero, en presencia de Cristo. Veo, en efecto, allí al Hijo del hombre venir del cielo, escoltado de miríadas de ángeles. Veo a continuación el trono de la gloria, erigido en un lugar excelso, y, sentado en él, al Rey. Veo entonces que todas las familias humanas, los pueblos y las naciones que pasaron por esta vida, están alineados ante el tribunal, divididos en dos grupos.
- Oigo que a los situados a la derecha se les llama corderos y a los situados a la izquierda se los denomina cabritos, nombres que responden a la categoría moral de cada grupo. Oigo al Rey que los interroga y anota sus justificaciones. Oigo lo que ellos responden al Rey. Advierto, finalmente, que cada uno es adornado según sus méritos. A los que fueron buenos y compasivos y llevaron una vida intachable, se les premia con el descanso eterno en el reino de los cielos, en cambio, a los inhumanos, y a los malvados, se les condena al suplicio del fuego, y del fuego eterno. Como sabéis, todas estas cosas se explican en el evangelio con toda diligencia.
- Me inclino a creer que esta descripción tan detallada de aquel juicio, que parece un cuadro pintado al vivo, no tiene otra finalidad que inculcarnos la beneficencia e inducirnos a practicar la benevolencia, la caridad.
Juan Antonio Montes Paniagua – Delegación de Manos Unidas Getafe - Área de Formación