Una vez hemos disfrutado de las vacaciones del verano, retomamos la actividad con las nuevas energías que el descanso nos ha proporcionado.
Los países más ricos, con su indiferencia, llevan a los países más pobres a una situación límite.
Esto produce una profunda desigualdad entre los países del norte y los del sur.
La desigualdad entre los países ricos y pobres es capaz de matar de hambre, de ignorancia y de desesperación a los más vulnerables.
¿Qué hacer ante esta realidad tan injusta y cruel?
Solidaridad cristiana.
Los voluntarios de Manos Unidas trabajamos durante todo el año para el desarrollo integral de los pueblos más pobres. Descubriendo la hondura de la dignidad de cada persona desde la mirada de Dios a cada uno y descubriendo el plan de Dios, que quiere el desarrollo de los pueblos acabando con los tres tipos de hambre:
Hambre de pan
Hambre de educación
Hambre de Dios
Cuando uno tiene lo necesario y vive en la abundancia, se olvida de los que no tienen.
Tenemos que denunciar la existencia del hambre, de la pobreza, y…sus causas y aportar las posibles soluciones
El clamor de los pobres llega a Dios, y es Dios quien nos mueve a hacer justicia con los pobres de la tierra.
Los voluntarios de Manos Unidas procuramos privarnos de cosas que nos sobran, e incluso de algunas necesarias, para compartirlas con amor con quienes no tienen ni siquiera lo necesario para vivir.
Hemos de reaccionar comprometiéndonos con acciones concretas y colaboraciones prácticas:
Mi tiempo como voluntario; mi suscripción como socio; mis donativos; mis colaboraciones, etc.
Ciertamente es posible construir un futuro común con responsabilidad, escuchando a los descartados y luchando por la igualdad de oportunidades y derechos de acceso a una vida digna.
Tenemos que denunciar la existencia del hambre, de la pobreza, y…sus causas y aportar las posibles soluciones.
“La omisión es también el mayor pecado contra los pobres” Papa Francisco.
Juan Antonio Montes Paniagua - Presidente delegado de Manos Unidas - Diócesis de Getafe