CARTA PASTORAL 2021

 

 

OBISPO DE CARTAGENA

 

 

 

Contagia solidaridad para acabar con el hambre

 

Manos Unidas nos lanza la voz de los más necesitados y espera nuestra respuesta decidida y personal. Es el grito de una gran parte de la humanidad la que llama desde sus miserias nuestra atención. No podemos cerrar los ojos a las necesidades, ni apagar la luz para no ver sus carencias y pobrezas porque nos resultan desagradables. Es la persona con hambre la que grita, es Jesús mismo desde la cruz el que llama nuestra atención para que reparemos en los que están crucificados con Él y no son precisamente los malhechores, sino los hijos de Dios, los inocentes que están “pagando el pato” de nuestras comodidades, lujos y abundancia.

 

¿A quién no se le parte el alma cuando ve el rostro de los niños esqueléticos a causa de la hambruna? ¿Qué han hecho ellos para que les haya tocado vivir una situación tan dramática y tan carente de esperanza y alegría? Manos Unidas nos dice con voz desgarrada este año: «Aunque constatamos que se han conseguido avances, todavía queda mucho por hacer. Y ahora, más que nunca, con esta pandemia que asola el planeta y que está  haciendo retroceder todos esos avances,

tenemos que seguir acompañando a nuestros hermanos del Sur en la defensa de

una vida digna para todos». El Papa Francisco comenta en su Encíclica Laudato si’, lo que algunos piensan sobre este tema, que no hay que preocuparse, porque la economía lo arreglará todo, que «los problemas del hambre y la miseria en el mundo simplemente se resolverán con el crecimiento del mercado»; pero, sigue ahondando más aún el Papa en los planteamientos de los que no tienen intención de arreglarlo, ya que el objetivo fundamental para este tipo de personas, «con el objetivo de maximizar los beneficios es suficiente. La cuestión está en que: no se elaboran con suficiente celeridad instituciones económicas y cauces sociales que permitan a los más pobres acceder de manera regular a los recursos básicos» (cf. Papa Francisco, Carta Encíclica, Laudato si’, Roma (2015), 109).

 

La Campaña de Manos Unidas contra el hambre de tantos hermanos en el mundo nos urge –a la luz de las lecturas de este domingo– a ver que los problemas de la gente son reales, que el leproso del Evangelio no es un personaje de ficción, que existen muchos millones de leprosos que nos gritan, como a Jesús: ¡Si queréis podéis curarnos! En el Evangelio es el grito de la esperanza, el grito de un marginado, el grito del dolor y de la soledad, el grito de los invisibles y despreciados por sus contemporáneos. Pero Jesús no pasa de largo, el Señor se detiene, no teme contagiarse y le pone la mano sobre la cabeza y le cura, dándonos el mensaje de su enorme humanidad, de lo que debe ser un corazón samaritano.

 

El grito de tantos hermanos resuena este año con más fuerza, porque las cifras del hambre y de la pobreza son peores que otros años, se podrán imaginar que la pandemia ha hecho estragos, dejando un rastro de dolor y sangre en los pueblos más vulnerables. ¿Somos capaces de unirnos para rescatar a hombres, mujeres, niños y ancianos a levantarse de ese suelo de indignidad? ¿Somos capaces de descubrir en ellos a los hijos de Dios que nos reclaman? Ellos nos reclaman su dignidad, sus derechos, su espacio, su trabajo y su pan.

 

¡Gracias, voluntarios de Manos Unidas! Que el Señor nos conceda un corazón con tanta ternura como el de Jesucristo para ayudar.

 

 

+ José Manuel Lorca Planes Obispo de Cartagena

 

 

 

Suscríbete a la newsletter

Informarse es el primer paso para actuar.

Suscríbete