CARTA PASTORAL

 

El Obispo de Cartagena

Murcia, febrero del 2020

La Palabra   de  Dios de  esta  semana   no  podía  comenzar   de  una  manera   más acertada   para  iluminar  nuestras   vidas,  puesto  que  nos  dice  que  compartamos. Compartir   es  una  forma  verbal   de  una  gran  actualidad,   puesto   que  estamos celebrando  el día de Manos Unidas y ya se sabe que se trata  de la campaña  contra el hambre  del mundo.  Pero Isaías va más allá de compartir  el pan, de albergar  al que   no   tiene   techo   o  de   vestir   al  desnudo,   porque    la  conclusión   es   no desentenderte   de los semejantes.  A partir  de este momento  comenzarías  a vivir un estilo de vida nuevo, intenso, sorprendente,   porque  sólo entonces,  dice el profeta, brillará  tu luz, tus  heridas  sanaran,  y tu recto  proceder  hará  que donde  tú estés brille la gloria del Señor. Bueno, en realidad,  el profeta  le está hablando  al pueblo de  Israel  que acaba  de ser  liberado   de la  esclavitud  y la repatriación   le estaba costando.  Pero les está señalando  el camino, por esa senda se camina.

Aquellos consejos siguen siendo  tan  válidos para  su pueblo, como para  cualquier persona  de hoy, se para cualquiera  de nuestro  tiempo, bastaría  con tener  en cuenta las  indicaciones  que  nos  sugiere:  Una, olvidarse  de la deslealtad,   alejarse  de la falsedad y de practicar  un culto falso e hipócrita,  como diciéndose  que "Dios no se entera".  En segundo  lugar, como actitudes  necesarias,  se propone  algo tan sencillo como las obras  de justicia, de misericordia  y de compasión,  porque  sólo aquellas personas  que llegan a reconocer  la grandeza  y dignidad  del prójimo,  de defender sus derechos  contra todo tipo de injusticia, podrá ver la luz de Dios.

La sabiduría  del mundo  es muy distinta  a la de Dios, por  eso se explican muchas cosas. Me imagino que todos conocerán  la anécdota  del periodista  que le dice a la Santa  Madre Teresa  de Calcuta, que él no haría  las curas  de un moribundo  muy deformado   por  las  brutales   heridas,   fruto  del  abandono,   ni  por  un  millón  de dólares.  Lo asombroso  fue la respuesta  de aquella  monjita  que trataba  con tanto cariño  a aquella  persona.  Su respuesta  fue: Yo, tampoco,   para  seguir  diciéndole al momento,  que lo hace por Cristo, que el amor  que pone es por Cristo al que se ve en esa persona.  Precisamente,  este  es el tercer  punto  a tener  en cuenta, que una persona  creyente debe tener  en el centro de su vida: a Jesucristo, y éste crucificado. 'Hay  que  ser  sencillos,  humildes,   acogedores,   porque   si  no  lo  hacéis  así  será imposible daros a los demás, servir con naturalidad.

En el Evangelio de San Mateo se nos hace descubrir  el por qué, la importancia  de ser auténticos  y cumplir las tareas  para las que hemos sido enviados por el Señor. Ya sabemos  lo compleja que es la vida, los gritos y lamentos  de mucha gente con la que  convives.  La  Campaña  de  Manos  Unidas  abre  nuestros   ojos  para   tomar conciencia  de los que viven al día, de los que no tienen  nada, de los privados  de bienes y de dignidad, con hambre  de pan y de amor. Esta campaña nos muestra  las hipocresías  de una sociedad  que tiene  las despensas  llenas, pero el corazón vacío; gente incapaz de ayudar, aunque  no se le olviden los rezos, los ayunos  e inciensos. Dios no nos  pide que sepamos  poner  caras, sino que nos llama a se verdaderos, limpios  de  mirada  y  centrados   en  Cristo,  para  salir  al  encuentro   de  quien  te necesita  con la verdad  por delante.  El amor crucificado es la clave del triunfo.

Feliz domingo.

 

+ José Manuel Lorca Planes

Obispo de Cartagena

 

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