Carta Pastoral

   

                     

                    CONTAGIA SOLIDARIDAD PARA ACABAR CON EL HAMBRE

Campaña contra el hambre 2021 

 

 La pandemia del coronavirus ha cambiado radicalmente nuestras relaciones. La preocupación es no contagiarse y no contagiar.Manos   Unidas en su Campaña de 2021 quiere recordar, por una parte, que la mayor pandemia que sufre el planeta desde hace décadas es el Hambre. También propone dar un giro al término contagiar y advertir que se pueden contagiar cosas positivas: alegría, esperanza… y amor social.

Acabar con el hambre en el mundo no es una utopía inalcanzable. Contamos con todos los medios para lograrlo. Tenemos las mejores tecnologías que nos permiten lograr grandes objetivos. Hace 200 años pasaba hambre el 90% de la población, hoy tan solo el 10%. Pero hemos de terminar con las guerras que provocan 77 millones de hambrientos, igualmente hemos de comprometernos con las calamidades climáticas, las migraciones masivas, etc... Por otra parte, la pandemia del covid-19 ha exacerbado esta situación. Acabar con el hambre puede parecer caro, pero es barato comparado con el gasto de las guerras que todo lo destruyen sin construir nada de provecho. No podemos concentrarnos enfrenar la hemorragia económica y reforzar los sistemas de salud en el mundo desarrollado olvidando al Tercer mundo.

“En el mundo actual los sentimientos de pertenencia a una misma humanidad se debilitan, y el sueño de construir juntos la justicia y la paz parece una utopía de otras épocas. Vemos cómo impera una indiferencia cómoda, fría y globalizada, hija de una profunda desilusión que se esconde detrás del engaño de una ilusión: creer que podemos ser todopoderosos y olvidar que estamos todos en la misma barca. Este desengaño que deja atrás los grandes valores fraternos lleva «a una especie de cinismo. Esta es la tentación que nosotros tenemos delante, si vamos por este camino de la desilusión o de la decepción. […] El aislamiento y la cerrazón en uno mismo o en los propios intereses jamás son el camino para devolver esperanza y obrar una renovación, sino que es la cercanía, la cultura del encuentro. El aislamiento, no; cercanía, sí. Cultura del enfrentamiento, no; cultura del encuentro, sí»                                  (Francisco, Todos hermanos, 30)

“Todo ser humano tiene derecho a vivir con dignidad y a desarrollarse integralmente, y ese derecho básico no puede ser negado por ningún país. Lo tiene aunque sea poco eficiente, aunque haya nacido o crecido con limitaciones. Porque eso no menoscaba su inmensa dignidad como persona humana, que no se fundamenta en las circunstancias sino en el valor de su ser. Cuando este principio elemental no queda a salvo, no hay futuro ni para la fraternidad ni para la sobrevivencia de la humanidad” (Todos hermanos, 107)

En el nº 140 de su tercera encíclica, el papa Francisco enseña: “Quien no vive la gratuidad fraterna, convierte su existencia en un comercio ansioso, está siempre midiendo lo que da y lo que recibe a cambio. Dios, en cambio, da gratis, hasta el punto de que ayuda aun a los que no son fieles, y «hace salir el sol sobre malos y buenos» (Mt 5, 45). Por algo Jesús recomienda: «Cuando tú des limosna, que tu mano izquierda no sepa lo que hace tu derecha, para que tu limosna quede en secreto» (Mt 6, 3-4). Hemos recibido la vida gratis, no hemos pagado por ella. Entonces todos podemos dar sin esperar algo, hacer el bien sin exigirle tanto a esa persona que uno ayuda. Es lo que Jesús decía a sus discípulos: «Lo que habéis recibido gratis, dadlo también gratis» (Mt 10, 8)”.

Con mi afecto y bendición.

+Manuel Sánchez Monge Obispo de Santander

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