Carta Pastoral

 

QUIEN MÁS SUFRE EL MALTRATO AL PLANETA

      NO ERES TÚ     

 

Campaña Manos Unidas 2020

 
 
Padecemos un grave deterioro medioambiental acompañado de una profunda crisis humana y social. Las alteraciones del clima global y   el ciclo  del    agua, la destrucción de ecosistemas, la pérdida de la biodiversidad, la contaminación, las inundaciones y sequías    extremas, la desertificación,   la  extinción de especies y la aniquilación de bosques son sus efectos más visibles. “Destruir un bosque tropical para obtener beneficios   económicos es como quemar una pintura del Renacimiento para cocinar” (Edwad O. Wilson). Las causas nos resultan conocidas: la tecnocracia,   el consumismo y el relativismo nos llevan a esta situación. Nuestro afán de mantener un estilo de vida basado en la adquisición y el disfrute indiscriminado del mayor número de bienes posible, acarrea estas consecuencias.
 
Ahora bien, no todos nos vemos afectados por igual. Son los más pobres los que más sufren estos desequilibrios. Esta es la llamada de atención que nos pone delante la Campaña de Manos Unidas este año: “Quien más sufre el maltrato al planeta no eres tú”, son los empobrecidos de la tierra. Por eso se nos invita a escuchar el grito de los pobres. Son ellos los que sufren más duramente por estos desequilibrios porque viven en lugares donde más afectan el calentamiento global y su subsistencia depende fuertemente de la agricultura, la pesca y los aprovechamientos forestales. Hemos de tomar dolorosa conciencia de todo lo que está pasando y convertir en sufrimiento personal lo que les pasa a los más pobres, como nos pide el papa Francisco (LS 9). También nos recuerda que son inseparables la preocupación por la naturaleza, la justicia con los pobres, el compromiso con la sociedad y la paz interior.
 
Bien sabemos que la inquietud por el cuidado de la tierra no es exclusiva de la Iglesia. Pero los cristianos creemos que la tierra ha sido creada por Dios y dada a los hombres para que se beneficien de sus frutos sin exclusión ninguna. No somos propietarios de la tierra y no podemos realizar actividades que impidan a otros seres humanos que tengan lo imprescindible para poder vivir. Todos y cada uno de los seres humanos tienen derecho a una vida digna, también las generaciones futuras. Por todo esto hemos de comprometernos seriamente en adquirir una conciencia ecológica, “una mirada distinta, un pensamiento, una política, un programa educativo, un estilo de vida y una espiritualidad” (LS 111). Podemos  promover un desarrollo sostenible que evite o aminore el cambio climático causado por la explotación desmesurada de las riquezas naturales del planeta.
 
Siempre podemos hacer algo más. Por ejemplo colaborar con los proyectos de cooperación al desarrollo que impulsa Manos Unidas, promover la agricultura familiar y ecológica. “Nuestra tarea, dijo Albert Einstein, debe ser vivir libres, ampliando nuestro círculo de compasión para abarcar a todas las criaturas vivientes y la totalidad de la naturaleza y su belleza”
 
Animo a la Delegación de Manos Unidas y a los socios y el voluntariado que la sostiene en la diócesis de Santander a que sigan financiando proyectos concretos para erradicar el hambre y favorecer el auténtico desarrollo en el Tercer Mundo. Poco a poco esta organización de la Iglesia se va extendiendo por diversos lugares de nuestra diócesis y va encontrando nuevos colaboradores. Y sed generosos en la colecta del próximo domingo porque todavía son 815 millones de personas las que pasan hambre en el mundo.
 
 
                                                                                             +Manuel Sánchez Monge,
                                                                                                                                          Obispo de Santander
 
 

Suscríbete a la newsletter

Informarse es el primer paso para actuar.

Suscríbete