Saludo de la Presidenta

Manos Unidas mi pequeña, gran familia

Elisenda García, presidenta-delegada de TerrassaLlevo varios años colaborando como voluntaria. Cuando empecé creía tener una idea de lo que era la entidad, pero después me he ido dando cuenta de que de idea nada, sólo conocía su imagen, su prestigio. Si te pasa lo mismo que a mí, es fácil, te invito a que te acerques a una delegación de tu zona y vengas a conocernos mejor.

Aquí he conocido personas geniales que me han enseñado a ser mejor, grandes amigos que viven comprometidos extrayéndole a la vida lo mejor que tiene: el amor al otro.

Recibí la fe a través de mis abuelos maternos y eso ha impregnado mi amor por los hermanos. Ver al otro como un don, es un regalo que te ayuda a comprender la suerte que tenemos de vivir aquí, esa conciencia te llena el corazón de solidaridad. La responsabilidad te lleva al compromiso con la justicia, el bien común, el reparto de la riqueza, evitar el despilfarro alimentario, en una palabra, a luchar por un mundo mejor. Verlo como nos dice el Papá Francisco: nuestra casa común.

El día que me propusieron el cargo de Presidenta-Delegada de la nueva delegación diocesana de Terrassa, a todos los presentes, en la reunión, les pedí oración para saber discernir la respuesta. Os diré que sientes el peso de la responsabilidad y eso asusta. Pero como todo lo que vale la pena en la vida, es un reto, me llena de ilusión y compromiso. Tengo la suerte de liderar un equipo humano en el que hay personas que llevan muchos años trabajando para Manos Unidas, personas mucho más preparadas que yo para este puesto, personas que han entregado generosamente su tiempo, su preocupación, su interés, su dinero, sus noches sin dormir, sus esfuerzos para que ésta o aquélla actividad fuese un éxito,  gota a gota entregando su vida. Unos cada día, otros de vez en cuando, eso no importa, lo importante es el trabajo callado, en silencio, en la oscuridad, como la semilla que al principio cuando crece en el interior de la tierra no se oye ni se ve. ¡Cuánto bien hace cuando sale y da fruto! Dará de comer al hambriento, evitará la desnutrición de tantos niños indefensos, ayudará y dará paz a sus madres.

Pensaba que esas gotas son como las gotas de agua que juntas corren a través de esa nueva canalización construida por los expertos de Manos Unidas que tras mucho esfuerzo y estudio de viabilidad, tras la capacitación de las personas que viven allí, logran sacar agua de ese pozo: qué alegría ver sus miradas. Su vida ha cambiado, ha sido un proyecto transformador, ya nunca su vida será como antes. Manos Unidas ha obrado el milagro de la solidaridad, lo ha logrado con tu ayuda: Gracias en su nombre.

Sólo Dios sabe el bien que se hace cuando sensibilizamos aquí o allí. En ese colegio, al que va el voluntario de Manos Unidas y le habla a ese niño de tres años, que escucha con la boca abierta cómo la mandarina Clementina llora por qué nadie la elije en la merienda y prefieren “chuches” o de súper Pepo que lucha por el bien y la justicia. Al adulto que se le saltan las lágrimas por que se da cuenta de que su aportación como socio, ha logrado que recupere la dignidad esa mujer que ya tiene cómo salir de esa situación de esclavitud. A los trabajadores de esa empresa que comprende que gracias al esfuerzo de muchos podemos llegar a construir un dispensario para mujeres embarazadas donde sus hijos no morirán al nacer.

En las Jornadas de El Escorial del año pasado pude escuchar a Monseñor Fernando Chica, que entre otras muchas cosas importantes dijo que la cruz era un signo de más, con cuatro lados, hacer más, más rápido (los pobres no pueden esperar), mejor y juntos.

Ven con nosotros, hazte voluntario, lucha por hacer un mundo mejor.

Gracias a todos los que formáis esta gran familia de MANOS UNIDAS.

Elisenda García Barbara

Presidenta-Delegada

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