ÁFRICA.- CHAD: «ESTE AÑO, EN AGOSTO, MIS HIJOS HAN PODIDO COMER»

El Chad es un país muy pobre donde la inseguridad alimentaria, que afecta a cerca de la mitad de la población, tiene mucho que ver con una producción de alimentos regularmente deficitaria. Los rigores del clima afectan a la agricultura y se producen crisis alimentarias recurrentes que afectan a la mayoría de las familias, lo que provoca el éxodo rural de los más jóvenes y acentúa el problema de la pobreza.

Situado en el Sahel, en medio de África, el Chad es un país que no tiene salida al mar y está rodeado, en su mayor parte, por países en conflicto. Geográfica y culturalmente, el Chad es un puente entre el África del Norte y el África negra. De norte a sur se divide en tres grandes regiones: el desierto del Sahara, un espacio semiárido al norte y una región de sabana al sur con una estación de lluvias muy abundantes entre julio y septiembre.

Las inundaciones anuales derivadas de las fuertes lluvias que se producen en la región de la Tandjilé, al sur del país, permiten que se cultive y coseche el arroz una vez al año. El problema es lo que en la zona llaman «empalmar cosechas», es decir, que la producción familiar llegue a cubrir las necesidades desde una cosecha a la siguiente. Con demasiada frecuencia, cuando llegan las lluvias y hay que preparar los campos, a las familias apenas les queda alimento. Los campos se trabajan, entonces, con hambre y debilidad o se abandonan en busca de otros medios para poder alimentar a la familia. Sin embargo, utilizando las técnicas adecuadas, la zona podría ser el granero del Chad. Nuestro socio local, el Belacd–Cáritas de la diócesis de Lai, elaboró un plan de creación, formación y apoyo a cooperativas campesinas con el fin de que los participantes aprendieran técnicas de regadío para cultivos adecuados a la estación seca: arroz o productos hortícolas.

En el proyecto participan 447 mujeres y 603 hombres que están recibiendo formación en alguna de las 42 cooperativas que se han constituido: 15 destinadas al aprendizaje en cultivos de huertos y 27 en cultivos de arroz por regadío. Con la adaptación de cultivos a la estación seca y su combinación con los cultivos tradicionales de la estación húmeda, están logrando que, en un buen año de lluvias, puedan obtener dos cosechas de arroz al año. En nuestra visita al proyecto pudimos comprobar cómo los beneficiarios preparaban los terrenos y los sistemas de regadío. Pudimos conversar con ellos y compartir sueños e ilusiones. Conocimos también el miedo que les producen animales salvajes como los hipopótamos o los monos, con quienes comparten espacio, o las reses de los pastores nómadas, que invaden los terrenos.

«Antes no sabíamos que con el agua del río se podía cultivar arroz. Ahora no vamos a morir de hambre, gracias a este proyecto», nos contó. Mathieu, entusiasmado. Por su parte, Marie, una de las mujeres que han aprendido otra manera de cultivar su huerta, nos relató una anécdota casera: «Cuando le dije a mi marido que quería trabajar en el huerto, se opuso. Pero después, viendo a las otras mujeres de la aldea ir a los huertos, me dejó ir con ellas. A él le gusta mucho la sopa de acedera con pimiento, así que empecé por sembrar estos productos. Él fue el primero en comer la sopa de acedera de mi huerto. Ahora, cuando yo voy a vender mis productos, él va a cuidar el huerto en mi lugar». La alegría de estos campesinos nos ha llenado de esperanza y de energía.

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