Informe a fondo (I).- COMPARTE LO QUE IMPORTA

Este año cerramos el trienio que Manos Unidas ha dedicado a la lucha contra el hambre y en este marco queremos profundizar en la idea de «compartir lo que importa». Queremos compartir con nuestros entornos más cercanos aquellas propuestas e iniciativas de desarrollo sostenible que nos permiten, entre todos, avanzar en la erradicación del hambre en el mundo.

Terminamos un trienio dedicado a la lucha contra el hambre con el que Manos Unidas se ha propuesto recuperar su impulso fundacional y profundizar sobre el escándalo del hambre, sus causas y posibles soluciones.

Identificamos tres causas del hambre en el mundo:

  • la consideración de los alimentos como «mercancías», lo que implica valorar meramente su función económica y su cualidad para producir beneficios, por encima de su cometido de garantizar el derecho humano a la alimentación y a la vida de las personas;
  • la extensión de un modelo productivo a gran escala que compromete la sostenibilidad social, económica y medioambiental;
  • y el despilfarro alimentario, resultado de ese mismo sistema de producción y distribución y provocado por unos estilos de vida y unos hábitos de consumo insostenibles e individualistas.

Definir estas tres causas nos abrió otras tantas vías para tratar de abordarlas y trabajar a favor del derecho humano a la alimentación y del desarrollo para todas las personas. En ese sentido, nos proponíamos:

- Reforzar el derecho a la alimentación a través del apoyo a los pequeños productores.

- Denunciar los elementos que dentro de nuestro sistema alimentario bloquean o dificultan el derecho a la alimentación y proponer alternativas.

- Educar en valores y motivar hacia un consumo responsable y una vida más solidaria y sostenible.

Estos tres caminos han estado presentes en las campañas anuales de 2016 y 2017, así como en la actual campaña de 2018.

El lema general del trienio, Plántale cara al hambre, nos ha llevado a plantear cada año propuestas concretas para responder al objetivo general. El primer año tratamos de comprender el problema del hambre en el mundo. Profundizamos en la realidad de las comunidades que no tienen garantizado su derecho a la alimentación, sus dificultades y las situaciones estructurales y coyunturales que las perpetúan. Descubrimos que es imprescindible plantar cara al hambre sembrando buenas semillas que hagan crecer una vida más justa y fraterna; semillas que son recursos como el agua, la tierra, el crédito o las propias semillas; capacidades que faciliten a las comunidades el acceso a la seguridad y la soberanía alimentarias; responsabilidades de los Estados y las instituciones como garantes de los derechos, y solidaridad de todos en esta tarea.

Una vez comprendido el problema, resultó evidente que el hambre se relaciona con una mala distribución de los alimentos y se constató que es necesario adecuar los modelos de producción y consumo a las necesidades reales y a las posibilidades del planeta, modificando nuestros propios estilos de vida hacia una mayor austeridad y solidaridad.

Así, plantamos cara al hambre reforzando nuestro compromiso con un modelo global de producción agrícola y consumo responsable que permita el ejercicio efectivo del derecho humano a la alimentación de todas las personas, sobre todo de las más pobres y vulnerables. Abordamos la necesidad de una producción agrícola para alimentar a las personas, frente al uso o destino de los alimentos como meras mercancías sujetas a la especulación; de una agricultura respetuosa con el medio ambiente; de un consumo responsable basado en el aprovechamiento integral de la producción minimizando así la pérdida y el desperdicio de alimentos.

En este año nos proponemos dar un paso más, compartiendo con nuestros entornos propuestas, alternativas e iniciativas de desarrollo sostenible que nos permitan avanzar en la erradicación del hambre en el mundo, porque los problemas son comunes y las soluciones tienen que ser apoyadas por todos.

 

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