QUÉ LE PASA A NUESTRO MUNDO? NOS FIJAMOS EN LOS ROSTROS DE LAS PERSONAS

Junto a la mejora en algunos indicadores de vida digna como la educación o la salud, el desarrollo integral sostenible sigue siendo un imposible para millones de personas. Los datos nos dicen que 815 millones de personas pasan hambre en el mundo –una de cada nueve- y, una de cada tres, malnutrición; 2 millones de personas contraen el VIH cada año; en todo el mundo mueren al día 18.000 personas debido a la contaminación atmosférica; 263 millones de niños y jóvenes no están escolarizados y, en promedio, 24 personas por minuto se ven forzadas a abandonar sus hogares.

La contradicción en los datos da cuenta de la fragilidad de los avances y la necesidad de reforzar nuestro empeño en promover un desarrollo más sostenible y solidario. Para ello es necesario identificar las causas y las circunstancias provocadas por distintos comportamientos humanos que atentan contra la dignidad de millones de personas: el abuso de los recursos de los pueblos; el acaparamiento de los bienes esenciales, especialmente la tierra y el agua; los hábitos de consumo y de derroche de una parte de la población y un modelo de desarrollo excluyente que no tiene en cuenta las legítimas necesidades de la mayoría de los seres humanos. Estos comportamientos tienen su origen en el egoísmo y en la manera en que hemos construido el mundo. No atienden a las necesidades del ser humano ni a la defensa de la dignidad de las personas, sobre todo de las más vulnerables, sino a intereses económicos y políticos de grandes potencias, empresas o poderes. Como dijo Mary Salas, primera Presidenta de Manos Unidas: “El día en que los hombres decidan que no haya más hambre sobre la capa de la tierra, no la habrá. Supone una toma de conciencia semejante a la de la abolición de la esclavitud. Será un mundo nuevo”.

La razón y la fe nos permiten reflexionar y comprender la realidad

Las instituciones internacionales y el propio mundo de la cooperación al desarrollo reconocen que el respeto y el cumplimiento de los derechos humanos son el camino para un desarrollo digno de la humanidad. La Agenda 2030, con sus 17 objetivos de desarrollo sostenibles, promueve un mundo más justo, equitativo, inclusivo y basado en derechos a través del desarrollo económico, social y ambiental.

La fe aporta una perspectiva que refuerza nuestro compromiso en la construcción de ese mundo más justo. Iluminada por el Evangelio y la Doctrina Social de la Iglesia, manifiesta abiertamente que la pobreza y el hambre son contrarias a la dignidad humana. Que el ser humano es señor de todas las cosas, autor, principio y fin de todo proyecto social, económico, político y cultural. Y, como consecuencia, que los bienes y su uso deben ser universales, destinados a la satisfacción de las legítimas necesidades de las personas. Desde una cultura del encuentro, queremos abrir caminos de vida digna para todas las personas, no solo atendiendo a sus necesidades y derechos, sino también luchando contra esas “estructuras de pecado” –en palabras de Juan Pablo II- que, basadas en una concepción materialista del desarrollo, mantienen la injusticia en el mundo y solo buscan maximizar el beneficio de unos pocos a costa del sufrimiento de los pueblos.

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