PARTE TU PAN CON EL HAMBRIENTO

En este último año de nuestro plan de trabajo trienal, dedicado especialmente a la lucha contra el hambre, hemos situado en el centro de la reflexión la urgencia de compartir opciones, alternativas y experiencias a favor del derecho a la alimentación para todas las personas.

La clave del compartir está en reconocer lo que tiene que ser puesto a disposición de los demás. Compartir lo que es nuestro, lo que de verdad importa. El «pan» que pedimos cada día al rezar el padrenuestro y que son recursos, capacidades, posibilidades. El «pan» de hoy, no el de mañana. Porque no se trata de acaparar para después repartir. Se trata de vivir de tal manera que no acumulemos, que sepamos partir y compartir cada día con los que no tienen.

Al compartir, además, hacemos realidad uno de los principios fundamentales de la Doctrina Social de la Iglesia: el destino universal de los bienes. Como dice el papa Francisco en la encíclica Laudato si’, «hoy creyentes y no creyentes estamos de acuerdo en que la tierra es esencialmente una herencia común, cuyos frutos deben beneficiar a todos».

El destino universal de los bienes es un principio propuesto desde la primera encíclica social, Rerum novarum, del papa León XIII, en la que se podía leer: «Y si se pregunta cuál es necesario que sea el uso de los bienes, la Iglesia responderá sin vacilación alguna: “En cuanto a esto, el hombre no debe considerar las cosas externas como propias, sino como comunes; es decir, de modo que las comparta fácilmente con otros en sus necesidades”».

Según este principio, todas las personas deben tener la posibilidad de disfrutar del bienestar necesario para su pleno desarrollo. Es constitutivo de la persona concreta, de todas las personas, y tiene preferencia sobre cualquier intervención humana o cualquier ordenamiento jurídico sobre los bienes. Los derechos relacionados con la propiedad o uso de los bienes están subordinados a su destino universal y deben favorecer su realización. Reconocerlo implica optar por los pobres ya que supone un esfuerzo común para que cada persona y todos los pueblos de la tierra puedan tener acceso a las condiciones necesarias para un desarrollo integral y, así, tomar parte en la promoción de un mundo más humano. La realización de los derechos humanos, el bien común, la vida en dignidad, exigen sociedades donde cada persona pueda dar y recibir, sin que en nombre del desarrollo se someta a pueblos enteros a la exclusión e incluso a la servidumbre.

Compartir lo que importa, favorecer que los frutos de la tierra beneficien a todas las personas, es el modo de trasformar este mundo superando la injusticia y la desigualdad.

Se trata de vivir de tal manera que no acumulemos, que sepamos partir y compartir

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