Apuntes de una visita: Monseñor Kike Figaredo, prefecto apostólico de Battambang (Camboya) en Manos Unidas

Los Servicios Centrales de Manos Unidas se han honrado hoy con la visita de Mons. Kike Figaredo, prefecto apostólico de Battambang (Camboya), para participar en un encuentro privado con los trabajadores de la organización. Estos son algunos de los apuntes más destacados de lo que ha compartido con todos nosotros.

Los Servicios Centrales de Manos Unidas se han honrado hoy con la visita de Mons. Kike Figaredo, prefecto apostólico de Battambang (Camboya), para participar en un encuentro privado con los trabajadores de la organización. Estos son algunos de los apuntes más destacados de lo que ha compartido con todos nosotros.

  • Doy las gracias porque no es fácil encontrar un grupo de amigos con el que compartir las experiencias logradas y nuestra lista de sueños.
  • La historia de Manos Unidas es la historia del apoyo a nuestro trabajo cuando nadie más creía en él.
  • En esta misma habitación comenzó, hace muchos años, la primera Campaña contra las minas antipersona que apoyó Manos Unidas (ver galería de fotos). Una de las niñas que vino, con solo 13 años, ahora ya se ha licenciado en la universidad, y sigue trabajando en la Campaña allí en Camboya.
  • Nuestro lema es que la alegría del Señor es nuestra fortaleza, y en ella encontramos la fuerza para salir adelante.
  • Cuando en 1985 llegué allí por primera vez, me instalé en la zona donde estaban los campos de refugiados del país. Uno de ellos acogía a 180.000 personas, era una verdadera ciudad, de hecho, la segunda en población del país en aquel momento. Y allí empecé a ejercer mi labor con los niños discapacitados y mutilados, usados para la guerra, lo que se conoce en todo el mundo como “niños soldado”, aunque ese término no se utilizaba en Camboya.
  • Camboya está entre los 15 países del mundo que más están creciendo. Pero todos los avances y el crecimiento se sitúan en la ciudad y no siempre son positivos, porque tanta inversión extranjera también está trayendo muchos problemas. Y al mismo tiempo, sigue siendo un país pobre. Una total contradicción.
  • Tras 30 años de guerra, los valores tradicionales fueron destruidos, y se rompió el tejido social. Y es que, cuando una mina explota, no solo hiere o mata a una persona, sino a toda la familia e, incluso, a toda la comunidad, que pierde hasta la confianza en el otro.
  • El número de discapacitados y mutilados por las minas va decreciendo. Actualmente hay cinco accidentes por semana (cuando hasta poco hablábamos de 20 al día, entre otras cosas porque la red de carreteras ha mejorado, y los heridos llegan antes a los centros de salud, y por la influencia positiva de las campañas de sensibilización.
  • Nosotros nos centramos en la víctima de la mina, en el herido o muerto, y en sus familiares. Compramos tierras, las desminamos, las parcelamos y de las damos a esos familiares. Esto es importante, porque en Camboya, para que el Gobierno desmine tierras, tiene que haber detrás un proyecto de desarrollo, si no, no se hace. Y así, además, se evita la especulación, porque la tierra minada no vale nada, pero la desminada vale mucho.
  • El 70% de la población de Camboya está formada por niños y jóvenes, y el país no puede generar trabajo para todos, por lo que hay mucha emigración a Tailandia, Malasia, Corea y a los países árabes.
  • El acceso a la salud es muy complicado. Hay un buen sistema sanitario, pero hay que pagar, y la gente es pobre. Cuando llegan por fin a los centros de salud, las enfermedades suelen estar muy avanzadas.
  • Hay una falta de seguridad alimentaria. En Camboya se gana dinero al día, y se come al día, mal y sin planificar. No hay hambruna, pero sí malnutrición (y eso influye en todo lo demás).
  • Nuestro trabajo se basa en cinco puntos básicos:

-compartir la fe de Jesús sirviendo a los pobres.

-profundizar y robustecer la fe de las comunidades católicas.

-facilitar la reconciliación y la justicia.

-promoción del arte y la cultura camboyana.

-favorecer el diálogo interreligioso.

  • La silla de ruedas que usan los discapacitados es para nosotros como un sacramento, porque es un signo visible de una gracia invisible que transforma la vida. La silla moviliza, socializa e integra.
  • Para preparar nuestro Plan Estratégico de trabajo para el periodo 2010-2015, formamos un grupo de gente que nos contó sus historias. Estuvimos reuniéndonos durante un año con personas de las comunidades, para recoger todas sus inquietudes y plasmarlas en el Plan. Y de esas reuniones salieron cuatro valores fundamentales: formación en valores (tradicionales y del Evangelio); educación popular; formación en la fe; y formación de buenos líderes. Y los integramos en nuestra estrategia, para que todos los proyectos respondiesen a un marco estratégico global.
  • A los políticos les pediría que sigan trabajando, que no descansen en la lucha por construir un mundo mejor.
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