Haití paralizado

Haití se paraliza. La actual crisis sociopolítica que vive el país desde hace unos meses afecta a todas actividades económicas, comerciales, escolares, de transporte público o de atención médica, sumiendo al país en un caos aún más profundo del que ya existía anteriormente. La gran mayoría de los proyectos apoyados por Manos Unidas se han visto afectados y será necesario realizar ajustes que garanticen la viabilidad de los mismos.

El bloqueo de Haití afecta a nuestros proyectos Foto ZDigital-EFE/Estailove ST-VAL

Haití, el país más pobre del hemisferio norte, vive una grave crisis sociopolítica desde hace algunos meses (ver noticia de Manos Unidas de 4 de enero de 2019) que se está viendo acentuada en las últimas semanas. Las manifestaciones diarias organizadas por los sectores más desfavorecidos y descontentos de la sociedad mantienen al país completamente bloqueado y ya se han producido más de una decena de muertes y una gran cantidad de heridos por disparos, además de cuantiosos daños materiales.

Han quedado paralizadas todas las actividades económicas, comerciales, escolares, de transporte público o de atención médica, sumiendo al país en un caos aún más profundo del que ya existía anteriormente. La gran mayoría de los proyectos apoyados por Manos Unidas se han visto afectados y será necesario realizar ajustes que garanticen la viabilidad de los mismos.

La situación afecta también al poco suministro de agua potable que recibe la población, a la distribución de productos alimentarios o al abastecimiento de los carburantes.

La crisis más grave del país en los últimos 30 años

Esta crisis, la peor que conoce el país desde 1986, se ha desencadenado por el deterioro de las condiciones económicas y sociales de una población que ya vive desde hace decenas de años en la penuria más absoluta agravada, además, por el impacto de grandes catástrofes naturales como el terremoto de 2010 o el huracán Matthew de 2016. La sospecha de corrupción en las altas esferas del país, la devaluación de la moneda local y el consiguiente encarecimiento de los productos básicos han prendido la mecha del descontento entre la población haitiana que reclama cambios reales y la dimisión de sus gobernantes.

Pero, si la situación actual parece de extrema gravedad, lo que vaya a ocurrir en el medio plazo puede ser aún más inquietante. La situación, aún con un cambio de gobierno, tardará en normalizarse y cada día que pasa supone un duro golpe para una economía tan maltrecha. Al estar las carreras del país bloqueadas, las actividades agrícolas previstas para los presentes meses (los más importantes en el ciclo productivo) no se pueden llevar a cabo, lo cual va a afectar drásticamente a las futuras cosechas y al ganado. Con la agudización de la miseria y la falta de alimentos, la sombra de una tragedia humanitaria planea sobre el país.

Ante esta dramática situación, que por desgracia no está encontrando respuestas ni dentro ni fuera de Haití, se han levantado las voces de los representantes de la Iglesia Católica, Episcopal Anglicana y Protestante que se han unido para emitir un comunicado publicado hace unos días (ver comunicado del 15 de febrero) destinado a los miembros del gobierno y a los líderes de la oposición. En este escrito ruegan todos los esfuerzos para evitar el desastre que se avecina y para buscar un consenso que permita desbloquear rápidamente esta gravísima situación.

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