El Dicasterio advierte que no podemos caer en la resignación ni en lo que el papa León XIV ha definido como «la globalización de la impotencia».
En su encuentro con el Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral, Manos Unidas reforzó su compromiso de trabajar junto a la Iglesia en la construcción de fraternidad y sinodalidad, acompañando a las comunidades más vulnerables.
Las representantes de este organismo vaticano, Flaminia Vola e Irene Ioffredo, recordaron que el desarrollo humano solo es posible si se construye en comunidad: escuchando a las Iglesias locales, reconociendo sus desafíos y dando esperanza a las nuevas generaciones.
Creado por el papa Francisco en 2016, el Dicasterio tiene la misión de promover la justicia, la paz, la solidaridad y el cuidado de la creación, en diálogo permanente con las Iglesias locales. La visita a Manos Unidas buscó estrechar el conocimiento mutuo y abrir vías de colaboración en proyectos.
