El sufrimiento generado por la pandemia ha afectado a la vida y a la salud de muchos españoles y ha provocado una crisis económica y social de enorme calado. Poco a poco vamos superando la crisis sanitaria, aunque son muchas las cicatrices que nos deja. Es cierto que en las sociedades occidentales se comenzó antes a vislumbrar el final del túnel. Pero eso no puede hacernos olvidar a tantos hermanos y hermanas que viven en países empobrecidos, donde el drama de la pandemia sigue vigente.
La Campaña 62 de Manos Unidas se desarrolló con el lema «Contagia solidaridad para acabar con el hambre». Se centró en denunciar las consecuencias de la pandemia de coronavirus entre las personas más vulnerables del planeta y, a pesar de las dificultades que han surgido en nuestro país, no debemos olvidarnos nunca de promover la solidaridad como única forma de combatir otra «pandemia» igualmente destructiva: la de la desigualdad. Agravada por la crisis sanitaria mundial, esta desigualdad ha castigado con hambre y pobreza a cientos de millones de personas en todo el mundo.
Estas páginas que Manos Unidas pone en tus manos, recogen el esfuerzo que hizo nuestra Asociación en 2021, un año en el que hubo que adaptarse para salir al paso de nuevas situaciones de pobreza que la pandemia estaba generando en los países donde colaboramos. A su vez, también nos presenta el esfuerzo que tuvieron que hacer nuestras delegaciones en las diócesis para trabajar de un modo distinto, por la lógica prudencia sanitaria que hubo que asumir. Al final, en ellas podemos descubrir el trabajo de muchas personas que se sienten interpeladas por las necesidades de los más vulnerables y actúan en consecuencia.
Este gran reto llegó de repente, pero la capacidad solidaria necesaria para poder abordar la respuesta se venía gestando en el tiempo como modo de ser de Manos Unidas. En palabras del papa Francisco: «Esta pandemia llegó de repente y nos tomó desprevenidos, dejando una gran sensación de desorientación e impotencia. Sin embargo, la mano tendida hacia el pobre no llegó de repente. Ella, más bien, ofrece el testimonio de cómo nos preparamos a reconocer al pobre para sostenerlo en el tiempo de la necesidad. Uno no improvisa instrumentos de misericordia. Es necesario un entrenamiento cotidiano, que proceda de la conciencia de lo mucho que necesitamos, nosotros los primeros, de una mano tendida hacia nosotros» (Mensaje para la 4ª Jornada Mundial de los Pobres, 15-11-2020).
Estas páginas recogen ese «entrenamiento cotidiano» del que habla el Papa y que se traduce en esfuerzo, compromiso, trabajo, entrega y generosidad que, sumadas a una profunda experiencia de fe, dan como resultado una solidaridad encarnada en historias llenas de rostros y lugares. Por eso te ofrecemos estas páginas llenas de vida que estoy seguro de que, a pesar de las dificultades, recogen el esfuerzo de muchos por contagiar solidaridad y pueden convertirse para todos en fuente de esperanza.
Muchas gracias a todos los que formáis parte de la gran familia de Manos Unidas: miembros de la asociación, socios, voluntarios, colaboradores, benefactores y trabajadores, por vuestra preocupación por los más vulnerables. Gracias por ayudarnos a contagiar solidaridad en estos momentos tan difíciles que nos toca vivir.