Para que Manos Unidas pueda llevar a cabo proyectos como este.
En la Cuenca del Bulubulu (Ecuador), las comunidades rurales luchan por el agua. Ahora, una alianza entre Ecuador y España devuelve la vida a sus ríos, a sus cultivos y a sus sueños.
En el sur de Ecuador, la Cuenca Hidrológica Bulubulu serpentea entre campos de arroz, plantaciones de banano y extensas camaroneras. Durante generaciones, este territorio ha alimentado a cientos de familias campesinas que dependen del agua para cultivar, cocinar, vivir. Pero hoy, el agua —esa fuente sagrada y vital— se ha convertido en un recurso escaso, contaminado y desigual.
El avance de los agronegocios, el uso intensivo de agroquímicos y la falta de políticas efectivas de regulación han provocado el secado de afluentes naturales y la contaminación de pozos y ríos. La escasez de agua afecta especialmente a las mujeres, quienes asumen la mayor carga en términos de roles de cuidado y trabajo no remunerado, utilizan el agua del río y de los afluentes subterráneos para consumo, producción alimentaria, cocina, y como espacio de socialización y encuentro comunitario, mientras las cosechas disminuyen y las enfermedades se multiplican. Ante este panorama, las comunidades del Bulubulu se organizaron para alzar la voz y reclamar su derecho al agua, a la salud y a una vida digna.
Así nació el proyecto “Agua para la vida”, una iniciativa que tiene como propósito garantizar el derecho humano al agua y al saneamiento en diez comunidades rurales de Guayas, beneficiando directamente a más de 400 familias campesinas —el 61 % lideradas por mujeres—. Pero más que un proyecto, es una historia de resistencia, cooperación y esperanza.
“Agua para la vida” se impulsa a través de una alianza multi-actor entre entidades de Ecuador y la Comunitat Valenciana (España): Maquita, ESPOL, Universitat Jaume I, FACSA, Heliotec y Manos Unidas. Juntas, estas organizaciones han creado una red de colaboración que combina investigación científica, innovación tecnológica e intercambio de saberes locales.
El corazón del proyecto está en su método: unir a comunidades, universidades, empresas y ONGD en torno a un mismo objetivo. Desde la rehabilitación de pozos hasta la formación de gestores comunitarios, cada acción se construye colectivamente, respetando los conocimientos de las comunidades y reforzando su autonomía. El agua no se impone; se construye entre todos.
El enfoque es integral y sostenible. Se trabaja en tres dimensiones que se refuerzan entre sí: el acceso al agua y saneamiento, la producción agroecológica y la gobernanza local del recurso hídrico. El objetivo no es solo que las familias tengan agua hoy, sino que puedan garantizarla mañana.
Antes de comenzar, la Fundación Maquita lideró un Diagnóstico Participativo Comunitario (DPC) con la participación de más de 60 representantes locales, asociaciones de mujeres, autoridades y organizaciones de derechos humanos. Este proceso permitió identificar las principales problemáticas: la contaminación del agua, la monopolización de los recursos por parte de las grandes empresas agroindustriales y la falta de infraestructuras básicas de saneamiento.
El estudio también reveló un hecho preocupante: el 100 % de la población consume agua sin tratamiento previo. Un 40 % la recibe por tuberías, otro 30 % mediante tanqueros y el resto de pozos artesanales o directamente de los ríos. Los análisis de laboratorio mostraron la presencia de coliformes fecales, Escherichia coli y niveles de salinidad superiores a los límites permitidos, reflejando una situación de riesgo sanitario grave.
En palabras de una de las lideresas locales: “El agua es nuestra vida. Si el agua se enferma, nosotros también.”
Frente a este escenario, el proyecto desarrolla soluciones concretas y sostenibles:
Estas acciones se articulan con un sistema de monitoreo y evaluación participativa, auditorías externas y una línea de base que permite medir el impacto real en la vida de las personas y en la salud del ecosistema.
El proyecto tiene un enfoque de género y derechos humanos. En la Cuenca del Bulubulu, las mujeres son quienes más sufren la falta de agua, pero también quienes encabezan las iniciativas para recuperarla. Son agricultoras, madres, defensoras del territorio y promotoras de la salud comunitaria. Con este proyecto, muchas de ellas se están formando como gestoras comunitarias del recurso hídrico, liderando comités locales y participando en decisiones que antes estaban reservadas a los hombres.
Su protagonismo es esencial para la sostenibilidad del proyecto. Ellas son quienes mejor conocen las fuentes, los tiempos de sequía y las formas de cuidar el agua. Y, sobre todo, quienes entienden que el agua no es solo un recurso: es la raíz de la vida y la memoria de la comunidad.
COFINANCIADO: Generalitat Valenciana y Manos Unidas
ACTORES IMPLICADOS EN LA EJECUCIÓN DEL PROYECTO. Ejecutores: Universidad Jaume I de Castellón, Heliotec y Facsa como empresas de Castellón, La Universidad de Ecuador que sería la Escuela Superior Politécnica del Litoral (ESPOL), Asociación Maquita (Ecuador) y Manos Unidas.
Para que Manos Unidas pueda llevar a cabo proyectos como este.