Así Actuamos. Camboya, la discapacidad más allá del estigma
En muchos rincones de Camboya, la discapacidad sigue rodeada de silencio. Ya sea por superstición, la falta de infraestructuras adecuadas o por un sistema educativo que margina a quienes son diferentes, las personas con limitaciones físicas o intelectuales no sólo deben enfrentarse a la pobreza, sino también al estigma social.
En las zonas rurales de Camboya, donde la vida transcurre entre caminos de tierra, bosques y campos de arroz, muchas personas se ven obligadas a sobrevivir con lo mínimo. Aquí, vivir con una discapacidad supone quedar relegado: sin educación, sin atención médica y dependiendo totalmente de la buena voluntad de familiares o vecinos que, en muchas ocasiones, no pueden o no saben brindar el acompañamiento necesario.
La realidad de Camboya está marcada por su pasado reciente. El genocidio de los Jemeres Rojos, la guerra civil y la presencia de millones de minas antipersona repartidas por el territorio han dejado profundas heridas en el país. Miles de camboyanos continúan hoy en día con las secuelas físicas o emocionales de este pasado. A pesar del crecimiento de los últimos años, la falta de medios, la pobreza estructural y el escaso acceso a servicios sanitarios provocan que muchas personas se sigan quedando atrás.
Tres hermanos, tres historias
Preaek Norint, en la provincia de Battambang, es una comuna donde decenas de familias conviven en las diferentes aldeas que rodean el río Sangker. Aquí, en una modesta casa a la orilla del agua, vive una familia especial.
Khy Sothean, Khy Shokhem y Khy Lita son tres hermanos que crecen junto a sus padres. Como muchos de sus vecinos, llevan una vida tranquila. Su padre exprime caña de azúcar para luego, junto a su madre, vender el jugo como refresco. La vida de estos tres hermanos es similar a la de otros niños de la zona: acuden a la escuela que se encuentra a algunos minutos de su casa, juegan con los vecinos e intentan ayudar en las tareas domésticas. Sin embargo, su realidad es profundamente distinta.

Sothean, el mayor, nació con discapacidad intelectual. Para su familia fue un duro golpe: además de tener que lidiar con la pobreza y la falta de oportunidades, se enfrentaban a la incertidumbre por el futuro de su hijo. Unos años después, la prueba se repitió con la llegada de Shokhem, que además de nacer con discapacidad intelectual como su hermano, tenía grandes limitaciones físicas que le impedían moverse, haciéndolo totalmente dependiente de su familia.
Por su parte, la pequeña Lita no tiene ningún tipo de discapacidad, pero sí una carga impuesta: el convertirse en cuidadora de sus hermanos mayores. Su mirada, seria y concentrada, revela una niña que ha tenido que madurar demasiado pronto.
Las vidas de estos hermanos habrían tomado un camino muy distinto, de no ser por Karuna Battambang Organization (KBO), socio local de Manos Unidas en Camboya, y la labor que llevan a cabo.
Sothean, el mayor, asiste a una clase inclusiva en la escuela pública de su comunidad, donde aprende y juega junto a otros niños de su edad. Tras las clases, disfruta con una de sus grandes aficiones: las bicicletas.
Shokhem, el mediano, acude a una clase especial donde los educadores trabajan con él para mejorar su movilidad y sus habilidades básicas. Además, su hogar ha sido adaptado con rampas y tiene su propia silla de ruedas. En casa, gracias a un andador especial, puede desplazarse sin depender de nadie. Sus padres, que antes vivían con incertidumbre, ahora cuentan con apoyo y formación.
Educando para la inclusión en las comunidades
Esta familia es una de las muchas beneficiadas por el proyecto SAM ID, apoyado por Manos Unidas e impulsado por la rama social de la Prefectura Apostólica de Battambang, dirigida por Enrique Figaredo, más conocido como “Kike”.
El programa nació para dar continuidad al apoyo que, durante décadas, han recibido las personas con discapacidad en esta zona de Camboya –primero víctimas de las minas antipersona, y hoy, jóvenes y adultos con diversidad funcional-. Su objetivo es claro: mejorar sus condiciones de vida y promover su integración educativa, social y económica.
“Son gente sencilla, de pueblos, que tienen pocos medios y que tiene dificultades especiales” explica Kike Figaredo. "Queremos que esas dificultades se puedan vencer y estos niños puedan integrarse en el sistema educativo y tener futuro”.
El proyecto se cimenta en el enfoque de rehabilitación basado en la comunidad, es decir, que pone como el centro del proceso a las familias. No sólo se trata de ayudar a estas personas con bienes materiales, sino de fortalecer su autonomía, ofreciéndoles redes de apoyo locales y formación. Gracias a esto, logran participar plenamente en la vida de sus aldeas, sin ser dejadas de lado. Como cuenta monseñor Figaredo:
Queremos transformar las vidas de los niños con discapacidad, que parece que todo es problema, que todo lo que necesitan es asistencia, y no. Tienen muchas capacidades que pueden ir desarrollando y que, cuando empiezan a dar resultados, transforman la vida de todos: la de ellos, la de sus padres y la de su comunidad.
En los nueve distritos donde se ejecuta el proyecto (entre ellos Battambang), se lleva a cabo una labor integral. Como ocurre con Sothean y Shokhem, niños y niñas con discapacidad son integrados en escuelas públicas mediante clases inclusivas y adaptadas, pero eso es sólo el principio. De forma paralela, se ofrecen servicios de rehabilitación, apoyo psicológico, atención sanitaria y campañas de sensibilización para acabar con los prejuicios respecto a la discapacidad.
Como explica Clara Ballart Terral, doctora voluntaria de KBO en Battambang, “algunos profesores del proyecto, especializados y formados, se trasladan a las casas para dar educación a estos niños. Siempre intenta priorizarse que acudan a la escuela, pero en caso de que no puedan, no los abandonamos y también los integramos”.

Gracias a su incansable labor, más de 2.700 personas reciben atención directa y casi 260.000 se benefician a través de las redes comunitarias.
Transcripción del vídeo
En muchos rincones de Camboya, la discapacidad sigue siendo un tema silenciado: las supersticiones, la falta de infraestructuras, el sistema educativo que margina a quienes son diferentes hacen que vivir con una discapacidad sea un desafío constante. Nos encontramos en la provincia de Battambang, aquí, en una comuna a la orilla del río Sangker, vive la familia Khy; su día a día parece similar al de sus vecinos, pero la realidad es muy diferente. Sothean, el hermano mayor, nació con una discapacidad intelectual y el pequeño, Shokhem, nació con discapacidad física e intelectual. Esto provocaba que ambos dependieran totalmente de su familia y que sus días estuvieran marcados por una incertidumbre constante sobre su futuro. Ahora, gracias a la Organización Karuna Battambang, socio local de Manos Unidas, la vida de estos hermanos y de su familia ha dado un giro. Sothean, el mayor, asiste a clases inclusivas en la escuela pública, donde no solo aprende, sino que participa, comparte y juega como cualquier niño que. Por su parte, Shokhem, recibe atención personalizada para mejorar su movilidad, además, ahora tiene su propia silla de ruedas con la que su madre puede llevarle todos los días al colegio. Como ellos, muchas familias se han visto beneficiadas por el trabajo de Karuna. Colaboro con este proyecto que se llama SAM ID, que es un proyecto que como objetivo tiene básicamente integrar a las personas con discapacidad intelectual en las escuelas de Camboya y también en la sociedad y en la comunidad, y luego en los colegios públicos del gobierno, lo que hacen es básicamente crear unas aulas en las que estén niños con discapacidades intelectuales y profesores especializados para ello entonces cuando ya luego tienen un cierto tipo de educación y pueden ya integrarse con una escuela en una clase normal, pues hacen lo que llaman las clases inclusivas. Así, poco a poco las personas con discapacidad dejan de ser invisibles y se integran plenamente en la vida de sus comunidades. Son gente sencilla, que son de pueblos, que tiene pocos medios y que tiene dificultades especiales. Entonces queremos que esas dificultades se puedan vencer y puedan estos niños integrarse en el sistema educativo y puedan tener futuro. En los nueve distritos donde se desarrolla el proyecto se combinan educación inclusiva, rehabilitación, apoyo psicológico, atención sanitaria y sensibilización. Más de 2.700 personas reciben atención directa y casi 260.000 se benefician de manera indirecta a través de la comunidad. Transformamos la vida para que sea más plena. Personas que viven la marginación o son muy vulnerables, pasan a tener una vida con más dignidad y hace que este mundo vaya progresando en paz y justicia y en servicios para los pobres. Animaría a todas las personas que quieren colaborar con Manos Unidas, por favor, vuestro apoyo, ya sea como voluntario, ya sea como financiero, medios y capacidades, merece la pena. Gracias al apoyo de Manos Unidas y a nuestro socio local, Karuna, niños y niñas como Sothean y Shokhem pueden soñar con un futuro lleno de oportunidades, educación y esperanza.
ASÍ ACTUAMOS. Manos Unidas en Camboya
Desde hace décadas, Manos Unidas mantiene un firme compromiso con el pueblo camboyano y las comunidades más vulnerables del país.
Durante los últimos 5 años, Manos Unidas ha apoyado 26 proyectos por un importe superior a 2,7 millones de euros, trabajando junto a sus socios locales en diferentes áreas con el objetivo de conseguir el desarrollo integral de las personas y defender su dignidad.
EDUCACIÓN
Camboya sigue enfrentando grandes desafíos en materia de educación. Especialmente en zonas rurales, donde vive casi el 80% de los camboyanos, muchas escuelas cuentan con infraestructuras inadecuadas, profesores sin formación específica y clases masificadas con pocos materiales. Además, la extrema pobreza obliga a muchos menores a interrumpir su aprendizaje para trabajar.
Manos Unidas apoya proyectos que mejoran el acceso y la calidad de la enseñanza en escuelas rurales, promueven la formación del profesorado y combaten el abandono escolar
SALUD
A pesar de las mejoras recientes, el sistema sanitario de Camboya sigue siendo uno de los más precarios del Sudeste Asiático. Los centros de salud rurales suelen carecer de equipamiento y la atención médica es muy limitada. La pandemia de COVID-19 supuso, además, el colapso de los servicios esenciales, lo que afectó gravemente a las comunidades más vulnerables.
Manos Unidas busca aportar su granito de arena a través de programas de prevención y mejora de infraestructuras médicas, buscando reforzar la atención sanitaria comunitaria.
DERECHOS HUMANOS Y MUJER
Tras años de conflictos, Camboya está viviendo una etapa de estabilidad política y crecimiento económico que, sin embargo, no incluye a los más necesitados. Muchas personas —especialmente mujeres, niños, minorías étnicas y personas con discapacidad— ven vulnerados sus derechos sin poder reclamar protección.
Manos Unidas colabora en proyectos de formación profesional, educación, salud y liderazgo para fomentar la igualdad, la participación y la autonomía económica de estas personas.
ALIMENTACIÓN Y MEDIOS DE VIDA
Gran parte de la población camboyana depende de una agricultura de subsistencia. Sin embargo, la mayoría de los pequeños agricultores no disponen de herramientas modernas, crédito o formación para llevar a cabo su trabajo. Esto provoca que muchas familias apenas consigan producir lo necesario para alimentarse durante el año.
Manos Unidas trabaja para mejorar la seguridad alimentaria y los medios de vida de las familias campesinas. Para ello, se impulsan proyectos centrados en la formación agrícola sostenible y la creación de cooperativas rurales para fortalecer la economía local.
MEDIOAMBIENTE Y CRISIS CLIMÁTICA
Camboya es uno de los países más vulnerables del Sudeste Asiático a los efectos de la crisis climática, víctima de las constantes inundaciones, sequías y tormentas extremas, que en muchas ocasiones son incompatibles con la producción agrícola o, incluso, el tener un suelo donde asentarse. A estos problemas se suma la deforestación acelerada por la tala ilegal y la expansión de los monocultivos.
Manos Unidas apoya proyectos de reforestación y educación ambiental para otorgar a las comunidades herramientas para cuidar los recursos naturales de los que depende su supervivencia.
Estas iniciativas, desarrolladas en colaboración con socios locales como Karuna Battambang Organization, Damon Toek, Development and Partnership in Action (DPA) o Jesuit Service Cambodia, han permitido mejorar las condiciones de vida de miles de personas en distintas provincias del país, desde Poipet hasta Siem Reap o Battambang.
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Nuestro objetivo es que todas las personas vivan con dignidad
Tu colaboración puede cambiar vidas.