Mauritania, del pozo al huerto: mujeres frente al desafío de la sequía

En Mauritania, un sistema de riego solar está transformando el trabajo de 151 agricultoras y mejorando la seguridad alimentaria de sus familias.
Mauritania
África
Mauritania: mujeres frente al desafío del agua. Foto: Manos Unidas

Nos encontramos en la región mauritana de Brakna. Allí, al sur del país, cerca de la frontera con Senegal, el desierto del Sáhara ha dejado atrás sus características dunas y arenas para convertirse en enormes llanuras arenosas en las que arbustos espinosos y acacias desafían al calor y a las inclemencias del tiempo.

Desde la década de 1970, el clima ha cambiado. La época de lluvias, que tiene lugar de julio a septiembre, es cada vez más corta y el agua más escasa. Donde antes se podía vivir de la agricultura y la ganadería, ahora sacarle fruto a la tierra es cada vez más difícil. En los largos meses sin lluvia, la amenaza de la emergencia alimentaria es una constante. Y aumenta la dependencia de las aguas subterráneas.

En aldeas como Gourel Maaloum y Gourel Thioga, la vida transcurre bajo un sol abrasador y temperaturas superiores a los 40 ºC durante casi todo el año. Todavía falta mucho para que el acceso a la electricidad y al agua potable llegue a todas las comunidades.

Aminetou, Mariem y Zeïnab son amigas y vecinas. Forman parte de una de las cooperativas de 151 agricultoras que trabajan los huertos comunitarios cada día. Convertidas en cabeza de familia, intentan sacar de la tierra el sustento de sus familias, mientras esperan las remesas que envían los hombres emigrados en busca de empleo a la capital, Nouakchott, o a Senegal.

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Huerts en el desierto de Maurutania. Foto Manos Unidas
Las mujeres de la cooperativa trabajan sus huertos gracias al sistema de riego solar. Foto: Manos Unidas

Ganar horas al día

Hasta la llegada del proyecto que llevamos a cabo junto a nuestro socio local en la zona, la Asociación para el Desarrollo Comunitario (ADC), estas mujeres, junto con muchas otras, destinaban cada día más de cuatro horas a sacar agua de pozos a 30 metros de profundidad. Aminetou es fuerte, pero extraer el agua con cubos movidos con cuerdas y poleas requiere un gran esfuerzo. Día tras día, llena los cubos y transporta el agua a los huertos. El riego diario es primordial para no perder la cosecha.

Para mejorar esta situación, el proyecto que apoya Manos Unidas está rehabilitando los pozos ya existentes. Con la instalación de bombas solares, paneles fotovoltaicos, depósitos elevados y conducciones de agua que llegan a pequeños estanques de distribución, está facilitando el trabajo de Aminetou y del resto de las cooperativistas. Ellas se encargan del mantenimiento del sistema de riego y, además, están recibiendo formación en técnicas de cultivo sostenibles.

Gracias a estas mejoras, Aminetou, Mariem y Zeïnab esperan triplicar la producción de hortalizas, mejorar la alimentación de sus familias y generar ingresos con la venta de los excedentes, lo que contribuirá también al mantenimiento del sistema de riego y a la sostenibilidad del proyecto.

El nuevo sistema de riego les permite, además, ganar horas al día. Dedicar más tiempo a la familia, al hogar y a esos pequeños momentos de ocio y tranquilidad en los que disfrutar de un té a la sombra de los árboles.

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Mauritania sitema de riego solar. Foto: Manos Unidas
Las mujeres pueden mejorar la alimentación de sus familias y generar ingresos con la venta de los excedentes. Foto: Manos Unidas

Las mujeres de la cooperativa podrán cultivar ya incluso durante la estación seca, cuando las lluvias hayan desaparecido y la agricultura tradicional sea mucho más difícil. Ya no será necesario mirar al cielo con la desesperación de saber que el sustento de sus familias depende de una lluvia que no llega.

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Pobreza y desigualdad

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