Día Internacional de la Paz: cuando construir la paz es un modo de vida

La paz se construye con derechos, oportunidades y dignidad.
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Día Internacional de la Paz: cuando construir la paz es un modo de vida

En Cabo Delgado, al norte de Mozambique, la hermana Aparecida Ramos Queiroz trabaja todos los días para construir la paz. Sin descanso, desde hace siete años.

En un lugar donde la población más de una década sufriendo una violencia de la que poco se sabe, la religiosa brasileña se esfuerza para que familias que han tenido que dejar toda una vida atrás huyendo de un conflicto que arrasa campos, comunidades y vidas puedan emprender una nueva vida lejos del peligro. Aparecida trabaja por la paz con proyectos que facilitan a quienes lo han perdido todo, las herramientas y la capacitación básicas para volver a empezar, de manera autónoma, sin tener que depender de la ayuda de otras familias de la zona, ya de por sí, extremadamente pobres.

Personas que trabajan por la paz en los lugares más vulnerables

A sus 65 años, el padre Jesús Albeiro no sabe lo que es vivir un solo día en paz. Quizá sea este anhelo lo que mueve a este religioso a tratar de lleva la concordia en la región del Chocó y el pacífico colombiano. Una zona en la que «donde el Estado no llega con derechos, llegan las armas». Con apoyo de Manos Unidas se ha podido fortalecer la voz de las comunidades afectadas por el largo conflicto. Además, se ha ayudado a mujeres afrocolombianas e indígenas a conocer sus derechos y a participar activamente en la sociedad y defender sus propuestas ante las instituciones.

Cinco de estas lideresas afrodescendientes e indígenas viajaron a Bogotá en mayo de 2025 para presentar sus demandas humanitarias y promover los «Mínimos Humanitarios para la Paz», que posteriormente se incorporaron a la agenda nacional. Con su trabajo, crearon paz.

El 21 de septiembre se celebra el Día Internacional de la Paz. En un mundo más violento que nunca, en el que los más de 61 conflictos activos ponen en peligro la vida y la estabilidad de millones de personas, se hace más necesaria que nunca la tarea de trabajar por el fin d ellos conflictos. De todos. Como recuerda en su mensaje para esta jornada el secretario general de Naciones Unidas, «en medio de la volatilidad abrumadora que vivimos hoy en día, la búsqueda de la paz puede parecer una tarea desalentadora, pero nunca ha sido tan urgentemente necesaria».

Porque, mientras el gasto militar mundial alcanza máximos históricos, el 34,8 % de la población atrapada en contextos de guerra vive en la pobreza extrema. Y eso demuestra que la paz es mucho más que ausencia de guerra. La paz auténtica exige algo más que callar las armas. Implica garantizar los derechos fundamentales como la educación, el agua potable, la sanidad… La paz es justicia económica y es abrir caminos para el desarrollo en las regiones más vulnerables del planeta.

Así lo entiende el hermano marista Georges Sabé, que quiso vivir la larga guerra de Siria trabajando por la paz en la castigada ciudad de Alepo. Allí habla de educación, de diálogo, de justicia y de oportunidades. Y junto a Manos Unidas, acompaña a personas que han sufrido las consecuencias de la guerra y trabaja para recuperar la esperanza y la convivencia. Georges Sabé también es un constructor de paz.

Y en Sudán del Sur, el país más joven del mundo, que desde su nacimiento solo conoce la guerra, gracias a la radio comunitaria que apoya Manos Unidas, Vitorina Sadiya trabaja por la paz entre las mujeres del condado de Ikowto. Tras escuchar el programa «Dame una oportunidad» formó el grupo «Mujeres por la paz» que se alimenta de una reflexión surgida

de la escucha y el conocimiento: «La paz empieza por nosotras». Porque la paz también se construye a través de las ondas, cuando las personas conocen sus derechos, participan en sus comunidades y toman la palabra.

La paz empieza cuando desaparecen el hambre y la desigualdad

Siguiendo el legado de nuestras fundadoras, quienes en 1959 se adhirieron al manifiesto “Declaramos la guerra al hambre", publicado por la UMOFC (Unión Mundial de Organizaciones Femeninas Católicas) en 1955, Manos Unidas ha insistido siempre en la idea de que el hambre y la pobreza no son simples efectos colaterales de las guerras sino sus principales detonantes.

Por eso, la guerra contra el hambre de Manos Unidas es también una guerra contra la pobreza y la desigualdad. Un trabajo por la paz y la estabilidad que comienza en la escuela. Porque allí donde se defienden derechos, se generan oportunidades, se protege la dignidad y se fortalece la participación de las comunidades, se están poniendo los cimientos de una paz más justa y duradera.

En el último año se han abierto o reactivado decenas de procesos de paz, pero la mayoría de los conflictos siguen sin una solución definitiva. Hay más esfuerzos que nunca para alcanzar la paz, pero eso no significa que haya más paz.

La paz no empieza cuando termina una guerra. Empieza cuando desaparecen las causas que la alimentan: el hambre, la desigualdad, la injusticia y la falta de oportunidades.

Transcripción del vídeo

No bebas. No comas. No estudies. No descanses. No hables. No ames. No te muevas. No seas justo. Mi nombre es Paz y desde siempre llevo a mis espaldas una mochila cargada de piedras que me impiden avanzar, que me impiden prosperar. Ya estoy cansada de que nadie me escuche, de ir a contracorriente. No tengo razón de ser si no hay educación, democracia ni justicia socioeconómica. En el día a día, todas y todos afrontamos mil desafíos: familiares, económicos, con vecinos, con compañeros de trabajo, pequeños conflictos en los que ponemos toda nuestra energía. Pero, ¿quién me defiende a mí? O más bien, ¿quién está a mi lado? Convivimos a diario con una violencia silenciosa, latente, que todos saben que existe y casi nadie se implica en resolver. Y yo, no puedo hacerlo sola. En un mundo donde las cifras del hambre siguen creciendo en silencio, es imposible hablar de mí. El hambre no hace ruido, no viste uniforme, no dispara. Pero mata y arrasa el futuro de millones de personas. Su consecuencia: más de mil millones de personas viviendo en extrema pobreza. La mitad de ellos, niños. Es por eso, que ahora soy yo la que, por una vez, voy a declarar una guerra. Declaro la guerra al hambre, a la pobreza y a la desigualdad. Junto a Manos Unidas. Es un grito que sale de lo más profundo de mis entrañas, porque soy sinónimo de dignidad y desarrollo es mi nuevo nombre. Nunca podré consolidarme sin un desarrollo sostenible, sin redistribución de riqueza y respeto. Manos Unidas trabaja por la erradicación de la pobreza, la consolidación de la democracia, la protección del medio ambiente y el alcance de un desarrollo social y económico sostenible para todos. Con el apoyo a proyectos de: Desarrollo rural, India. Con huertos y apoyo nutricional a familias en pobreza extrema. Educación, Camboya. Con la construcción de aulas y acceso seguro al agua. Protección de mujeres y niñas, Guatemala. Con apoyo psicológico y seguridad alimentaria. Sostenibilidad y agroecología, Mozambique. Con la gestión de huertos comunitarios gestionados por mujeres y educación en valores. Agua y saneamiento, Senegal. Con la creación de pozos comunitarios y formación en higiene. Fortalecimiento de la sociedad civil y democrática, Ecuador. Con la soberanía alimentaria y lucha contra el extractivismo. Acción humanitaria en zonas de conflicto, Sudán del Sur y Haití. Con la reconstrucción de infraestructuras y programas de reinserción. La verdadera lucha no se libra con armas, sino con recursos, con derechos, escuelas, diálogo y protección. Porque combatir la pobreza es construir la paz. Y en eso, todas las sociedades, las personas, tienen un papel importante. Mi objetivo es conseguir el entendimiento y la reconciliación, ser el horizonte para la vida. No quiero desaparecer. Quiero descargar el peso de esta mochila. Mirar el futuro con esperanza. Con un techo para todos. Porque un mundo en paz es más que un mundo sin guerras. Es la misión de reconocer, garantizar y reconstruir la dignidad, tantas veces olvidada. Es un compromiso. Es amor, caridad, convivencia e igualdad. Es libertad. Y Manos Unidas, trabaja para romper el círculo del hambre, pobreza y conflicto. Soy paz. Y he venido para quedarme. ¿Me acompañas? La misión de Manos Unidas, desde hace 67 años, es alimentar la paz con las armas de la educación, de la sanidad y del reconocimiento de los derechos que a todos nos amparan y de la igualdad entre todos los seres humanos. Trabajamos para hacer frente a esas necesidades de pan y de justicia que siembran violencia y desaliento. Pero esto no lo podemos hacer solos. Acompáñanos. Declara la guerra al hambre.

La paz tiene muchos rostros

La paz tiene muchos rostros. Y todos ellos empiezan por personas que deciden construirla. Son personas diferentes. Viven en lugares diferentes. Tienen historias diferentes. Pero todas tienen algo en común: han decidido dedicar parte de su vida a construir un mundo en el que otras personas puedan vivir con dignidad.

Como los casi 7000 voluntarios que cada día hacen posible nuestro trabajo, como nuestros cerca de 70.000 socios y colaboradores, o como Milagros Sanz, que lleva casi 60 años construyendo la paz en Ruanda, un país marcado por la brutal violencia de un genocidio que solo podrá superarse educación, promoción de las mujeres, el trabajo y las oportunidades.

Todos ellos se esfuerzan por conseguir una paz que transita por la senda del desarrollo. Porque nunca podremos vivir en un mundo en paz mientras la dignidad de millones de personas siga hipotecada por el hambre.

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