Tanzania: Gladys Oningo, la mujer que susurra a las mariposas
Cuando formas y capacitas a una mujer, no solo cambias su vida: cambias la de toda su familia.
Recientemente, Gladys Oningo, coordinadora de proyectos de desarrollo de Cáritas Dar es-Salam, visitó las oficinas de los Servicios Centrales de Manos Unidas en Madrid. Aprovechamos esta visita para charlar con esta mujer que dedica su vida a sacar lo mejor que llevan dentro las mujeres que acuden a los talleres que la diócesis ha puesto en marcha para dotarlas de oportunidades.
Las mujeres que han pasado por este centro, que recibe apoyo de Manos Unidas, se cuentan por centenares. Son jóvenes, son madres y son cabeza de familia de hogares en los que la pobreza y la falta de oportunidades han llegado a entrecruzar sus caminos para convertirse, con esfuerzo, en esperanza y superación.
Gladys trabaja en los asentamientos informales de la considerada capital económica de Tanzania, donde falta de todo: educación, trabajo, agua y saneamiento, y donde imperan el alcohol, la droga y la violencia, incluidas las agresiones contra las mujeres.
Transcripción del vídeo
Mi nombre es Gladys Oningo. Trabajo para Cáritas en la archidiócesis de Dar es-Salam. Este proyecto se basa en el empoderamiento de las jóvenes madres solteras y cabezas de familias en los barrios pobres de la archidiócesis de Dar es-Salam. Y en todas esas áreas, las mujeres están siendo empoderadas gracias al apoyo de Manos Unidas. Nosotros las reclutamos y las entrenamos, las transformamos, les damos conocimiento transformador, empoderándolas en diferentes actividades de generación de ingresos para que sean capaces de cuidar a sus hijos por ellas mismas, porque la mayoría de ellas son muy jóvenes, dejan la escuela a causa del embarazo, se meten en relaciones. Y lo malo es que, cuando un estudiante deja embarazada a otra estudiante, es una chica que abandona la escuela. Y resulta que los chicos continúan los estudios. Pero otras simplemente se quedan embarazadas de los hombres de clase muy baja que ni siquiera son capaces de cuidar de sus familias y dejan solas a estas jóvenes mujeres. Y a veces, no saben quién es el padre de su bebé porque tienen múltiples relaciones. Es como que en su vida, la situación les fuerza a tener una relación en la que puedan sostenerse, a tener una relación en la que puedan sostenerse. Hay leyes. Y el gobierno realmente insiste a los hombres a darle apoyo a sus hijos. Pero resulta que el hombre tampoco está teniendo una buena vida, por lo que ni siquiera pueden cuidar a su hijo. Pero hay veces en las que el hombre simplemente huye. Y no sabes ni dónde está. Así que es difícil solucionar el caso. Aunque muy pocas de ellas sí que conocen al padre, y tiene una buena vida y pueden cuidar del bebé. Pero eso es menos de un 1 % de ellas. Con Cáritas, hemos estado recibiendo muchas chicas jóvenes viniendo a la oficina suplicando por comida, suplicando por material escolar. A veces se lo damos. Otras veces no tenemos nada para darles. Puedes ver que vienen de familias muy pobres. Necesitamos encontrar un proyecto en el que llamemos a estas mujeres y las empoderemos. Y darles el conocimiento para conseguir dinero por ellas mismas. Así que llamamos a estas mujeres, nos sentamos y nos centramos en una discusión grupal, hicimos entrevistas, hicimos visitas a sus casas. El problema viene de los bajos ingresos en sus casas. Ves a la madre diciéndole a su hija de doce años: “Ve y busca comida. Tienes que ir con un hombre”. Tenemos un modo de entrenamiento en el que utilizamos una mariposa, representando la transformación de estas mujeres. Este es el método de entrenamiento que usamos para decirles que una mariposa fue un capullo una vez, pero al fin y al cabo, se convertiría en una mariposa. Durante el proceso era muy fea. A nadie le gustaba la mariposa. Pero la mariposa trabajó muy duro. Finalmente, todos amaban a la mariposa. Olvida la trayectoria de tu vida. Ahora haz real tu visión. ¿Qué es lo que quieres? ¿Quién quieres ser? Las entrenamos para que vean las oportunidades y mandar lejos los retos, esforzándose por el trayecto de sus vidas. Y a partir de ahí tenemos una reunión semanalmente sobre ahorros, préstamos y desembolsos para pagar deudas y para relacionarse. Conocer a otras mujeres, tener tiempo para reír. Ellas también necesitan tiempo para relajarse. Tras seis años de trabajo con estas mujeres, me doy cuenta de que también tienen problemas de salud mental. La mayoría de ellas han sido abusadas por miembros de su propia familia, por sus amigos. Piensas que algunas pueden tener VIH simplemente porque trataban de buscar una solución para cuidar de sus hijos. Con este proyecto tenemos varias historias de éxito. Tenemos una mujer llamada Sophia. Comenzó metiéndose en sastrería y ahora es diseñadora e incluso diseña vestidos de novia. Le va genial. Tenemos también a esta mujer que empezó a hornear y ahora está montando su propia panadería. Así es. Tenemos mujeres que compraron el terreno en el que construirán sus casas. Y tenemos mujeres que dijeron: “No. Tengo los buenos conocimientos, tengo un buen negocio, me vuelvo a casa, para poder también ayudar a mi comunidad y a otras mujeres y trabajar allí”. He trabajado con Cáritas durante 18 años, pero este proyecto pone un legado en las mujeres. Mujeres que ahora pueden volver a sonreír.
Como en un susurro, esta mujer grande y fuerte, que respira calma y serenidad, narra el origen de este proyecto, orientado a dotar de oportunidades a mujeres jóvenes desesperadas por encontrar sustento y seguridad para sus hijos.
«Cada día llegaban a nuestra oficina mujeres muy jóvenes pidiendo comida, material escolar o ayuda médica para sus hijos —explica Oningo—. A veces podíamos ayudarles, pero muchas otras no. Y pronto nos dimos cuenta de que así no estábamos solucionando el problema de fondo», relata la coordinadora de proyectos de desarrollo de Cáritas Dar es-Salam.
La raíz del problema: pobreza, abandono y falta de oportunidades
La mayoría de las mujeres con las que trabajan son muy jóvenes. Muchas tuvieron que dejar la escuela tras quedarse embarazadas; otras nunca llegaron a retomarla. Y, empujadas por la necesidad, se ven abocadas a situaciones extremas.
Son muchos los contextos en los que estas niñas y jóvenes quedan embarazadas. Gladys Oningo se refiere a algunos de los más comunes. «Hay chicas que se quedan embarazadas de compañeros de escuela, pero son ellas las que abandonan los estudios, mientras los chicos continúan. Otras, a veces empujadas por sus propias familias, mantienen relaciones con hombres sin recursos, que no pueden hacerse cargo ni de ellas ni de sus hijos. En algunos casos, ni siquiera saben quién es el padre del bebé. Otras tienen hijos fruto de violaciones o de relaciones no deseadas».

Y, aunque existen leyes que obligan a los varones a asumir la manutención de los hijos, la realidad es mucho más compleja. «Muchos hombres viven también en condiciones muy precarias o desaparecen. Solo en un porcentaje muy pequeño se puede reclamar legalmente una pensión», señala.
De la ayuda puntual al empoderamiento real
Ante esta situación y la creciente demanda de ayuda, el socio local de Manos Unidas decidió cambiar el enfoque. «No podíamos seguir dando solo ayuda puntual. Teníamos que capacitar a estas mujeres para que pudieran sostenerse por sí mismas», afirma Gladys.
El equipo realizó encuestas, visitas domiciliarias y grupos de discusión en los barrios de origen de las mujeres. El diagnóstico fue claro: ingresos muy bajos, falta de formación y pobreza heredada.
«Había madres que mandaban a niñas de 12 años a “buscar comida”. Eso, en la práctica, significaba buscar a un hombre que se la proporcionara. Ahí entendimos que el problema no era solo económico, sino también educativo y cultural», relata Oningo.
Un proceso de transformación personal
El proyecto comienza con un trabajo profundo de transformación personal. Para explicarlo, Gladys utiliza la metáfora de la mariposa. «Les contamos que la mariposa, antes de llenarse de vivos colores, es un huevo que se transforma en larva. Son feas y nadie quiere mirarlas. Pero al final se convierten en algo bello. Les decimos: “Ahora estáis en una fase difícil, pero podéis cambiar”».
A partir de ahí, trabajan la autoestima, la responsabilidad personal y la visión de futuro. «Les pedimos que reflexionen sobre su vida, pero también que dejen atrás el pasado y se pregunten quién quieren ser y cómo quieren vivir», añade.
Después llega la formación práctica: costura, panadería, cocina, elaboración de jabón, batik, mecánica y gestión de pequeños negocios. «Queremos que tengan opciones reales para elegir a qué dedicarse —explica Oningo—. Y que sepan gestionar su dinero, ahorrar y hacer crecer su actividad».

Cada semana, las mujeres se reúnen en grupos de ahorro, devuelven préstamos, se apoyan entre ellas y, algo fundamental, comparten tiempo y descanso. «Muchas de estas mujeres y niñas cargan con historias muy duras. Necesitan espacios para reír, hablar y sentirse acompañadas», explica la coordinadora de proyectos de desarrollo de Cáritas Dar es-Salam.
Además, con los años, el socio local de Manos Unidas detectó otro problema clave: la salud mental. «Muchas han sufrido abusos por parte de familiares, parejas o personas cercanas. Algunas son VIH positivas y, aunque sus negocios funcionen, emocionalmente están rotas».
Por eso el proyecto incorpora acompañamiento emocional y espacios seguros. «Si no sanas por dentro, es muy difícil sostener cualquier cambio», subraya Gladys.
Historias que devuelven la esperanza
Con el tiempo, los resultados de este proyecto son visibles. «Tenemos mujeres que empezaron aprendiendo costura y hoy diseñan vestidos de boda. Otras han montado panaderías, comprado terrenos, construido sus casas o aprendido mecánica», cuenta Gladys con orgullo.
Algunas han regresado a sus comunidades para formar a otras mujeres. Otras han rehecho su vida familiar. «Este proyecto ha dejado un legado: mujeres que vuelven a sonreír y a creer en sí mismas».