Apoyo a la IV escuela de derechos humanos en la Panamazonía
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La región panamazónica es mucho más que un gran territorio verde en el mapa. Es un espacio vivo, habitado por pueblos diversos que han sabido convivir durante siglos con los bosques, los ríos y la biodiversidad de uno de los ecosistemas más frágiles y valiosos del planeta.
Está vertebrada por una red de pequeños y grandes ríos que confluyen desde ocho países: Venezuela, Colombia, Ecuador, Perú, Bolivia, Brasil, Surinam, Guyana y Guayana Francesa. Esta inmensa región tiene una extensión territorial de ocho millones de kilómetros cuadrados, actualmente es considerada el «pulmón del planeta». Allí viven comunidades indígenas, campesinas, ribereñas, afrodescendientes y tradicionales que sostienen una relación profunda con su entorno y que, al mismo tiempo, afrontan amenazas cada vez más graves para su forma de vida.
La defensa de los derechos humanos en la Panamazonía
Hoy, en muchos puntos de la Amazonía, defender el territorio significa también defender los derechos humanos, donde vivir significa resistir. La expansión de actividades extractivas, la presión sobre las tierras, la contaminación de las aguas y la violencia contra quienes alzan la voz han convertido la vida cotidiana de muchas comunidades en un escenario de vulnerabilidad constante. A esto se suma el aislamiento geográfico de numerosas zonas, que dificulta el acceso a información, acompañamiento jurídico y espacios de denuncia.
Las personas más afectadas por esta situación no son solo quienes sufren directamente la pérdida de sus recursos o de su territorio. También son quienes asumen el liderazgo comunitario, quienes acompañan a sus vecinos, quienes documentan abusos y quienes, con enorme esfuerzo, intentan sostener procesos de organización y defensa. En muchos casos se trata de agentes de pastoral, líderes indígenas y campesinos, acompañantes territoriales y personas comprometidas con la protección de su comunidad, que trabajan con pocos medios, pero con una enorme capacidad de resistencia.
Para responder a esta realidad, la Red Eclesial Panamazónica (REPAM) impulsa iniciativas que fortalecen las capacidades locales de defensa de los derechos humanos. Nacida en 2014 como una plataforma de articulación de la Iglesia católica en la Amazonía, la REPAM trabaja en estrecha colaboración con comunidades y organizaciones locales, promoviendo procesos participativos y horizontales que sitúan a las personas en el centro.
Uno de los pilares de este trabajo es la Escuela de Promoción, Defensa y Aplicación de los Derechos Humanos, una iniciativa formativa que desde 2016 acompaña a líderes comunitarios y agentes pastorales en la protección de sus territorios. En su cuarta edición, esta escuela busca consolidar una red de defensores y defensoras capaces de incidir tanto a nivel local como internacional.
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Una escuela para fortalecer a líderes comunitarios
El proyecto tendrá una duración de 24 meses y beneficiará directamente a 28 personas procedentes de distintos países de la región panamazónica. Estas personas estarán organizadas en 14 duplas, cada una compuesta por un misionero o agente pastoral y un líder o lideresa de una comunidad indígena o campesina. Esta estructura busca combinar el conocimiento técnico con la experiencia directa en el territorio, favoreciendo un enfoque integral en la defensa de derechos.
La formación comenzará con una fase presencial en Santa Cruz de la Sierra (Bolivia), donde durante un mes los participantes recibirán capacitación intensiva en derechos humanos, incidencia política y documentación de casos. Posteriormente, cada dupla regresará a su comunidad para replicar los conocimientos adquiridos, adaptándolos a su contexto local y profundizando en el análisis de casos concretos de violaciones de derechos humanos.
Uno de los resultados clave del proyecto será la elaboración del cuarto Informe sobre Violaciones de Derechos Humanos en la Panamazonía, que recogerá los 14 casos trabajados durante el proceso. Este informe no solo servirá como herramienta de denuncia, sino también como instrumento de incidencia ante organismos nacionales e internacionales.
Además, los casos más complejos y mejor documentados serán presentados en espacios de alto nivel, como el Foro Permanente de las Naciones Unidas para las Cuestiones Indígenas en Nueva York o el Foro sobre Empresas y Derechos Humanos en Ginebra.
El proyecto apuesta, sobre todo, por el fortalecimiento de las personas. Busca que quienes participan no solo adquieran conocimientos técnicos, sino que se conviertan en referentes en sus comunidades, capaces de acompañar procesos de defensa con mayor seguridad, mayor preparación y mayor articulación con otras redes.
En territorios donde muchas veces predomina el aislamiento, contar con una red de apoyo y formación puede marcar una diferencia real.
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La colaboración de Manos Unidas permitirá hacer posible esta iniciativa, apoyando especialmente los costes de servicios técnicos externos, capacitación, movilización y dietas de las personas participantes. La aportación local, por su parte, asumirá una parte importante del personal técnico, el profesorado y el funcionamiento general del proyecto.
En un contexto en el que la Amazonía se encuentra cada vez más amenazada, esta escuela representa una apuesta concreta por la vida, la dignidad y la justicia. Porque proteger la Panamazonía no significa únicamente conservar un ecosistema único, sino también garantizar que las personas que lo habitan puedan seguir viviendo con derechos, con seguridad y con futuro.