Mejora de la seguridad alimentaria y agricultura orgánica en Purba Bardhaman
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En las aldeas de Purba Bardhaman, en el estado indio de Bengala Occidental, la vida se organiza alrededor de la tierra. Allí, a poco más de 120 kilómetros de Calcuta, muchas familias dependen de lo que consiguen cultivar en pequeñas parcelas, del ritmo de las lluvias y de una economía agrícola que apenas deja margen para imprevistos. El arroz es el cultivo principal y, en muchos hogares, también la base de la alimentación diaria. Algunas familias siembran además patatas, cebollas o mostaza, y otras crían peces en estanques. Pero no siempre es suficiente.
La zona cuenta con ríos y condiciones favorables para la agricultura, hasta el punto de que alrededor del 70% de la población vive de ella. Sin embargo, esa aparente fertilidad convive con una realidad mucho más frágil. El cambio climático está alterando el régimen de lluvias, dejando terrenos en barbecho y obligando a recurrir cada vez más al agua subterránea para el riego. Cuando la lluvia no llega a tiempo o llega de forma irregular, las cosechas se reducen, los ingresos caen y las familias tienen menos alimentos disponibles durante el año.
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La agricultura y la seguridad alimentaria en las comunidades tribales de Purba Bardhaman
La mayoría de la población pertenece a tribus y castas catalogadas, grupos históricamente marginados que siguen afrontando importantes barreras sociales y económicas. La tribu predominante es la Santal, una comunidad con una fuerte vinculación a la tierra y a la vida comunitaria, pero con pocas oportunidades para mejorar sus condiciones de vida. Las familias suelen vivir en casas de barro y cuentan con parcelas pequeñas, de unos 4.000 metros cuadrados de media. La mayoría practica el monocultivo de arroz y muy pocas consiguen una segunda cosecha después de recogerlo.
Esta dependencia de un solo cultivo tiene consecuencias directas en la alimentación. Muchas familias no consumen suficientes proteínas ni alimentos nutritivos durante todo el año. La seguridad alimentaria no depende solo de la cantidad de comida disponible, sino también de su calidad, su diversidad y la capacidad de las familias para producir alimentos de manera estable sin agotar sus recursos.
La pobreza atraviesa la vida cotidiana de estas comunidades. El ingreso medio mensual es de apenas 33 euros, muy por debajo de la media del estado de Bengala Occidental (65 euros). Esta falta de oportunidades empuja a muchas personas a emigrar en busca de trabajo. La salida de miembros de la familia deja a menudo más carga sobre quienes se quedan, especialmente sobre las mujeres, que sostienen buena parte de la vida doméstica y agrícola, aunque no siempre participen en las decisiones económicas del hogar.
De hecho, aunque las mujeres empiezan a estar presentes en algunos órganos de decisión comunitaria, los cambios son lentos. En muchas familias, los maridos continúan tomando las decisiones sobre los ingresos, las compras o el uso de la tierra. También persisten prácticas que reflejan la posición desigual de la mujer dentro del hogar, como comer después de que lo hayan hecho el marido y los hijos.
A esta situación se suman otras dificultades. El hospital del distrito se encuentra a 24 kilómetros, una distancia importante para comunidades con pocos medios de transporte y bajos ingresos. La tasa de alfabetización es del 71%, pero con una brecha clara entre hombres y mujeres: mientras ellos alcanzan el 78%, ellas se quedan en el 64%. La falta de formación limita el acceso a información, a programas públicos y a oportunidades para mejorar la producción agrícola o diversificar los ingresos.
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Proyecto de agricultura orgánica y generación de ingresos para familias rurales en India
Ante esta realidad, Manos Unidas junto a su socio local, Asansol Burdwan Seva Kendra (ABSK), impulsa un proyecto de seguridad alimentaria y agricultura orgánica dirigido a 423 hogares de diez aldeas del distrito de Purba Bardhaman. ABSK lleva años trabajando junto a las comunidades tribales de la zona y conoce bien tanto sus dificultades como sus capacidades. Por eso, la intervención no parte de cero ni se plantea como una ayuda puntual, sino como un proceso para fortalecer el trabajo que ya hacen las familias y abrir nuevas oportunidades.
El proyecto, de 12 meses de duración, beneficiará directamente a 1.077 personas y se articula en torno a tres líneas de trabajo.
La primera busca mejorar la producción agrícola y aumentar el consumo de alimentos nutritivos y variados durante todo el año. Para ello, se promoverán prácticas agrícolas adaptadas al clima, más sostenibles y menos dependientes de recursos externos. La agricultura orgánica puede ayudar a cuidar mejor la tierra, reducir costes y hacer que las familias aprovechen de forma más eficiente los recursos que tienen a su alcance.
La segunda línea se centra en la generación de ingresos. No basta con producir más, también es necesario vender mejor, organizarse y gestionar adecuadamente los recursos naturales. El proyecto acompañará a las familias para que puedan diversificar su producción, mejorar la comercialización y encontrar nuevas fuentes de renta que reduzcan su vulnerabilidad. En un contexto donde la migración es muy elevada, disponer de medios de vida más estables puede marcar la diferencia entre quedarse o tener que marcharse.
La tercera línea de trabajo pone el foco en las mujeres y en el acceso a las ayudas públicas. Fortalecer su participación no significa solo invitarlas a una reunión, sino facilitar que tengan información, voz y capacidad real para tomar decisiones sobre la alimentación, la economía familiar y el futuro de sus comunidades. También se acompañará a las familias para que puedan conocer y solicitar los recursos y los programas del gobierno a los que tienen derecho.
Los resultados esperados apuntan a una mejora concreta de la vida de estas comunidades: más alimentos disponibles, dietas más variadas, prácticas agrícolas más sostenibles, nuevas oportunidades de ingreso y una mayor participación de las mujeres en los procesos comunitarios. También se espera que las familias estén mejor preparadas para afrontar los efectos del cambio climático y depender menos de un único cultivo.
Mejorar la seguridad alimentaria no significa únicamente llenar los graneros después de la cosecha. Significa que una familia pueda comer mejor durante todo el año; que una mujer participe en las decisiones que afectan a su hogar; que la tierra siga siendo fértil para la próxima temporada; y que las comunidades tengan más herramientas para vivir de su trabajo sin verse obligadas a abandonar sus aldeas.