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Las Hermanas del Sagrado Corazón de Jesús nos ocupamos, desde hace años, de un centro sanitario ubicado en la Parroquia de la Virgen del Rosario, que fundó en su día la Orden de los Caballeros de Malta y que se estrenó con una unidad de atención móvil.
Entre los servicios que ofrece dicho centro hay traumatología, medicina interna, corazón, pediatría, ginecología, también un laboratorio muy precario, una farmacia y, gracias al apoyo de Manos Unidas, también disponen de un servicio de atención buco-dental. Todo ello es llevado a cabo, de forma voluntaria, por profesionales que atienden mensualmente a unos 900 pacientes, que deben pagar unos 4 céntimos de euro por consulta.
Los ataques del ISIS, la batalla de Mosul y de la región de Al Anbar entre el grupo terrorista y las fuerzas del ejército, acabaron con la seguridad del país y supusieron el desplazamiento de más de 3,4 millones de personas. Las zonas que están recibiendo estos desplazados, como Bagdad, se vieron sobrepasadas en su capacidad de gestionar y atender a los enfermos, y el sistema sanitario, ya de por sí deficiente, comenzó a colapsarse. Y lo mismo pasó con nuestro centro.
Ante la falta de medios, sobre todo a nivel de laboratorio, los diagnósticos y los tratamientos se retrasaban con las consiguientes complicaciones para los enfermos. A través del Nuncio de Irak solicitamos la colaboración de Manos Unidas para la adquisición de equipamiento y material de laboratorio con el que poder realizar análisis clínicos básicos.
La ayuda de Manos Unidas ha permitido diagnósticos y tratamientos más eficaces y la reducción en los tiempos de espera de los pacientes, reduciendo también el índice de enfermedades entre la población más desfavorecida del barrio y de todas las familias del campamento de desplazados iraquíes cristianos, que se encuentra en un barrio colindante.
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Encendiendo nuestro compromiso
Hace unas semanas, Blanca, nuestra hija pequeña cumplió 7 años. Para celebrarlo, organizamos una fiesta al aire libre con sus amigas del cole. Lo pasamos muy bien: una tarde preciosa, muchas risas, música, juegos y una gran merendola. ¡Qué suerte poder disfrutar de momentos así! Y es que somos una familia muy afortunada: vivimos rodeados de amor; estamos todos sanos; con trabajos que nos gustan y que nos permiten vivir con seguridad y muchas comodidades; hemos viajado a diversos países y conocido diferentes culturas; estudiado en buenos colegios; hablamos varios idiomas; nuestra circunstancia no deja de ofrecernos oportunidades y además vivimos en un país desarrollado, conviviendo en paz y libertad.
Somos una minoría en un mundo inestable en el que millones de personas sufren cada día. No se puede vivir ajeno a esta realidad, es imprescindible actuar para lograr un mundo mejor para todos. ¿Cómo hacemos llegar nuestra pequeña luz al mundo?: transmitiendo a nuestras hijas, que son el futuro, la necesidad de compromiso con el otro, que vivan atentas a lo que sucede en el mundo y participen. Y también, realizando pequeñas acciones que supongan oportunidades para otros, sobre todo en las áreas de la educación y la salud.
En esta ocasión, Blanca ha querido ayudar a otras niñas como ella o como sus hermanas mayores, haciendo una donación por su cumpleaños: igualamos lo que nos gastamos en su fiesta y lo destinamos, esta vez, a un proyecto de Manos Unidas. Además, tuvimos la suerte de que otros padres decidieron unirse a esta iniciativa contribuyendo con un regalo solidario (un sobre con dinero para destinarlo a un proyecto concreto).
“Me gustaría que niños que se ponen enfermos puedan tener medicinas para curarse. Me gustaría que todos los niños puedan ir al colegio como yo. Me gustaría que todos los niños pudieran tener casas. Y que todos los niños tuviesen comida y juguetes¨. Son algunos de los deseos de nuestra hija pequeña.
Así, su donación va destinada a un proyecto educativo y de salud para niñas adolescentes y mujeres en la India. Hemos elegido este proyecto gracias al testimonio de mi amiga Ana, que siempre que regresa de la India, comparte con nosotros su experiencia y el trabajo que allí se está llevando a cabo. Gracias a ella, hemos conocido este proyecto tan bonito.
¡Enhorabuena Manos Unidas por vuestra maravillosa labor!
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Desarrollo sostenible en Casamance: jardines de mujeres y bosques sagrados
Soy Adela González de Manos Unidas y vivo en Ziguinchor, capital de la región natural de Casamance, al Sur de Senegal. El entorno en el que vivimos es un auténtico paraíso. Tenemos un gran rio del que parten numerosos bolongs (meandros), rodeados por palmerales y manglares con ostras adheridas a sus raíces. Bosques de imponentes ceibas, árboles de maderas preciosas, mangos, anacardos, naranjos, aguacates y los omnipresentes babobabs. Una naturaleza exuberante fundamental para la vida y las tradiciones del pueblo diola. Los bosques sagrados acogen las ceremonias de iniciación de los jóvenes, llamadas Bukut, y en los poblados encontramos los “árboles de la palabra” donde se convocan las reuniones.
Pero, al igual que ocurre en el resto del planeta, los bosques de la Casamance sufren un elevado ritmo de deforestación. Se ha realizado una cartografía de dos bosques que ha constatado un nivel de degradación preocupante. Los árboles de mayor tamaño y alto valor ecológico como el palisandro y otras especies tropicales de maderas preciosas de crecimiento lento están desapareciendo. Las causas son múltiples y entre ellas destacan el saqueo de los bosques a través de la tala ilegal y la quema del bosque para preparar los campos para la agricultura. Lo que alguna vez fue bosque se va convirtiendo en sabana, y lo que una vez fue sabana ahora es desierto.
Los que formamos parte de Manos Unidas trabajamos para promover un cambio radical en nuestra manera de relacionarnos y de usar los bienes de la tierra. Frente a un modelo social y económico que pretende convertirnos en depredadores, nuestra responsabilidad y compromiso es ser cuidadores de la «casa común» que nos acoge y que compartimos con todos los seres vivos. Estamos convencidos de que es imprescindible transformar nuestro modelo de producción y consumo para caminar hacia un desarrollo humano sostenible, y que nuestra conexión con la naturaleza hunda sus raíces en la justicia y la solidaridad.
Por ello, aquí en Casamance, hemos unido nuestras manos a las de la población de los municipios de Djinaky y Sindian para luchar juntos contra la pobreza, el hambre y la degradación del medio ambiente. El Programa “Agricultura, refuerzo del tejido asociativo rural y derechos socioeconómicos de mujeres y jóvenes en Senegal” que Manos Unidas lleva a cabo desde hace 4 años con financiación de la Cooperación Española, tiene muy en cuenta la protección del medioambiente. Se realizan actividades de sensibilización de la población en el cuidado de los bosques, prevención de los fuegos, apertura de corta fuegos, siembra de viveros, y actividades de reforestación. Además, la producción agrícola se realiza con enfoque agroecológico: gestión cuidadosa del agua, bombas solares, abonos y plaguicidas exclusivamente de origen biológico.
Hemos constatado que el proceso de sensibilización y movilización social para proteger la naturaleza no es sencillo, especialmente entre una población cuya prioridad es comer cada día y disponer de los ingresos básicos para poder atender a las necesidades de educación y salud, pero se van abriendo procesos de cambio a través de la formación, el compromiso de los ciudadanos y de las autoridades (jefes de los poblados, presidentas de los grupos de mujeres, alcaldías…) y el fortalecimiento de las estructuras participativas como son los comités de gestión de recursos naturales.
Ya estamos recogiendo la cosecha fruto del esfuerzo comunitario. En los viveros las semillas han dado paso a los plantones y durante la estación de lluvias mujeres y hombres de todas las edades han reforestado el bosque, abierto cortafuegos y plantado árboles resistentes al fuego que, además, dan frutos deliciosos como es el caso de los anacardos. Los 41 huertos (“jardins” en francés) que agrupan a más de 2000 mujeres, han florecido y han producido cientos de toneladas de catorce variedades de hortalizas biológicas: tomates, pimientos, berenjenas, judías verdes, coles, pepinos, zanahorias, patatas… que han mejorado la nutrición y los ingresos económicos familiares.
Desde Senegal, rodeada de bosques sagrados y de jardines de las mujeres puedo testimoniar que, con el gran apoyo de todos los que formamos esta gran familia que es Manos Unidas, estamos poniendo nuestro granito de arena en el cuidado de nuestra maravillosa casa común y de las personas que habitamos en ella, especialmente las más vulnerables. ¡Os animo a encender vuestro compromiso para, juntos, “iluminar el mundo”!
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Los derechos humanos son derechos que tenemos todas las personas por el mero hecho de existir. Y todos, sin discriminación, deberíamos tener los mismos, y que todos fueran garantizados. Sin embargo, en muchos lugares, muchas personas vean como les son arrebatados cada día, poniendo en peligro su existencia.
Nosotros hemos podido comprobar cómo es el trabajo de Manos Unidas en algunos de sus proyectos, en distintas partes del mundo, para evitar que eso siga pasando, en concreto, en proyectos en Burkina Faso, República de Benín y Líbano.
En el último proyecto que visitamos con ellos, vimos de cerca una de las realidades que, quizá, sea la que está más presente en las noticias: un proyecto de acogida de refugiados sirios, que pone especial dedicación a la educación de niños y adultos. Es, precisamente, la educación uno de los pilares en los que se sustentan la mayoría de los proyectos de Manos Unidas; la educación ilumina el mundo, y para todos, sin mirar razas, religiones o condiciones políticas. Porque hay que educar en libertad y para un mundo mejor.
Conocer en persona los proyectos de Manos Unidas es ver con tus propios ojos la garantía de cómo una tarea se realiza escrupulosamente bien, desde el principio hasta el último destinatario. Y al comprobarlo es imposible no encender el compromiso.
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Hola, mi nombre es Wuet Wuen, tengo 28 años y vivo con mi marido y mi hijo de 3 años en Camboya, en la comunidad de Roká, cerca de Battambang, al oeste del país. En casa tengo un pequeño huerto que siempre he intentado cultivar, pero nunca se me ha dado bien y sacaba muy poco. En casa nunca había suficiente comida y el niño se enfermaba constantemente.
Hace un año conocí a unas personas de una ONG camboyana, PADEK, que me dieron la oportunidad de participar en un proyecto de Manos Unidas. Yo nunca había tenido una oportunidad así. Nos han enseñado técnicas de cultivo, nos han traído nuevas semillas y materiales para plantar el huerto, hemos visitado los huertos de otros campesinos que saben cultivar muy bien y que son capaces de garantizar la alimentación de sus familias con lo que ellos cultivan… Nuestra vida ha cambiado por completo: ahora planto pimientos, pepinos, chiles, judías, berenjenas, espinacas de agua, acelgas y hierbas que uso en la cocina, como el cilantro.
Todas las plantas se dan muy bien y ahora sí sacamos lo suficiente para la alimentación de nuestra familia y hasta para vender en el mercado del pueblo todas las semanas. Trabajo todos los días en el huerto, mientras mi marido se va a trabajar al arrozal o a la provincia de al lado de la nuestra, en la temporada de cosecha de yuca y batata.
Como tengo el huerto en casa, puedo cuidar de mis padres, que ya son mayores y de mi hijo, Sophai, que ya tiene 3 años y es muy revoltoso. Me gusta mucho trabajar en el huerto y compartir mis experiencias con las otras personas que también participan en el proyecto. Siento que somos como una gran familia y que todas hemos unido nuestras manos, manos unidas, y puesto algo para que este proyecto salga adelante.
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AUARA es una empresa social que destina el 100% de los dividendos de la venta de agua mineral para la financiación de proyectos de cooperación de agua y saneamiento.
Manos Unidas y AUARA han estado unidos desde el comienzo de nuestra aventura por mejorar el mundo. En 2016 colaboramos con la ONGD a través de la financiación de un pozo en el patio de un colegio en Tamarou, Benín, y ¡desde entonces hemos hecho muchas cosas juntos!
Porque, al igual que hace Manos Unidas, AUARA colabora “apoyando a las poblaciones más vulnerables del planeta a través de organizaciones locales con las que trabajamos en África, América Latina y Asia”.
Gracias a Manos Unidas hemos mejorado la calidad de vida de muchas personas, y es que el acceso a agua potable ayuda a tener menos enfermedades y mejora los hábitos higiénicos. Ayuda, en definitiva, a la vida.
¡Enciende tu compromiso!
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