Así Actuamos. Camboya, la discapacidad más allá del estigma

Inclusión desde la comunidad en la región de Battambang.

Así Actuamos. Camboya, la discapacidad más allá del estigma. Fotografía: Javier Mármol

En muchos rincones de Camboya, la discapacidad sigue rodeada de silencio. Ya sea por superstición, la falta de infraestructuras adecuadas o por un sistema educativo que margina a quienes son diferentes, las personas con limitaciones físicas o intelectuales no sólo deben enfrentarse a la pobreza, sino también al estigma social.

En las zonas rurales de Camboya, donde la vida transcurre entre caminos de tierra, bosques y campos de arroz, muchas personas se ven obligadas a sobrevivir con lo mínimo. Aquí, vivir con una discapacidad supone quedar relegado: sin educación, sin atención médica y dependiendo totalmente de la buena voluntad de familiares o vecinos que, en muchas ocasiones, no pueden o no saben brindar el acompañamiento necesario.

La realidad de Camboya está marcada por su pasado reciente. El genocidio de los Jemeres Rojos, la guerra civil y la presencia de millones de minas antipersona repartidas por el territorio han dejado profundas heridas en el país. Miles de camboyanos continúan hoy en día con las secuelas físicas o emocionales de este pasado. A pesar del crecimiento de los últimos años, la falta de medios, la pobreza estructural y el escaso acceso a servicios sanitarios provocan que muchas personas se sigan quedando atrás.

Tres hermanos, tres historias

Preaek Norint, en la provincia de Battambang, es una comuna donde decenas de familias conviven en las diferentes aldeas que rodean el río Sangker. Aquí, en una modesta casa a la orilla del agua, vive una familia especial.

Khy Sothean, Khy Shokhem y Khy Lita son tres hermanos que crecen junto a sus padres. Como muchos de sus vecinos, llevan una vida tranquila. Su padre exprime caña de azúcar para luego, junto a su madre, vender el jugo como refresco. La vida de estos tres hermanos es similar a la de otros niños de la zona: acuden a la escuela que se encuentra a algunos minutos de su casa, juegan con los vecinos e intentan ayudar en las tareas domésticas. Sin embargo, su realidad es profundamente distinta.

Sothean, Shokhem y Lita, los tres hermanos protagonistas de esta historia. Fotografías: Álvaro Alonso
Sothean, Shokhem y Lita, los tres hermanos protagonistas de esta historia. Fotografías: Álvaro Alonso

Sothean, el mayor, nació con discapacidad intelectual. Para su familia fue un duro golpe: además de tener que lidiar con la pobreza y la falta de oportunidades, se enfrentaban a la incertidumbre por el futuro de su hijo. Unos años después, la prueba se repitió con la llegada de Shokhem, que además de nacer con discapacidad intelectual como su hermano, tenía grandes limitaciones físicas que le impedían moverse, haciéndolo totalmente dependiente de su familia.


Shokhem en su nueva silla de ruedas, con la que su madre puede llevarlo a la escuela. Fotografía: Javier Mármol

Por su parte, la pequeña Lita no tiene ningún tipo de discapacidad, pero sí una carga impuesta: el convertirse en cuidadora de sus hermanos mayores. Su mirada, seria y concentrada, revela una niña que ha tenido que madurar demasiado pronto.

Las vidas de estos hermanos habrían tomado un camino muy distinto, de no ser por Karuna Battambang Organization (KBO), socio local de Manos Unidas en Camboya, y la labor que llevan a cabo.

Sothean, el mayor, asiste a una clase inclusiva en la escuela pública de su comunidad, donde aprende y juega junto a otros niños de su edad. Tras las clases, disfruta con una de sus grandes aficiones: las bicicletas.

Shokhem, el mediano, acude a una clase especial donde los educadores trabajan con él para mejorar su movilidad y sus habilidades básicas. Además, su hogar ha sido adaptado con rampas y tiene su propia silla de ruedas. En casa, gracias a un andador especial, puede desplazarse sin depender de nadie. Sus padres, que antes vivían con incertidumbre, ahora cuentan con apoyo y formación.

Educando para la inclusión en las comunidades

Esta familia es una de las muchas beneficiadas por el proyecto SAM ID, apoyado por Manos Unidas e impulsado por la rama social de la Prefectura Apostólica de Battambang, dirigida por Enrique Figaredo, más conocido como “Kike”.

El programa nació para dar continuidad al apoyo que, durante décadas, han recibido las personas con discapacidad en esta zona de Camboya –primero víctimas de las minas antipersona, y hoy, jóvenes y adultos con diversidad funcional-. Su objetivo es claro: mejorar sus condiciones de vida y promover su integración educativa, social y económica.

Son gente sencilla, de pueblos, que tienen pocos medios y que tiene dificultades especiales” explica Kike Figaredo. "Queremos que esas dificultades se puedan vencer y estos niños puedan integrarse en el sistema educativo y tener futuro”.

El proyecto se cimenta en el enfoque de rehabilitación basado en la comunidad, es decir, que pone como el centro del proceso a las familias. No sólo se trata de ayudar a estas personas con bienes materiales, sino de fortalecer su autonomía, ofreciéndoles redes de apoyo locales y formación. Gracias a esto, logran participar plenamente en la vida de sus aldeas, sin ser dejadas de lado. Como cuenta monseñor Figaredo:

Queremos transformar las vidas de los niños con discapacidad, que parece que todo es problema, que todo lo que necesitan es asistencia, y no. Tienen muchas capacidades que pueden ir desarrollando y que, cuando empiezan a dar resultados, transforman la vida de todos: la de ellos, la de sus padres y la de su comunidad.

En los nueve distritos donde se ejecuta el proyecto (entre ellos Battambang), se lleva a cabo una labor integral. Como ocurre con Sothean y Shokhem, niños y niñas con discapacidad son integrados en escuelas públicas mediante clases inclusivas y adaptadas, pero eso es sólo el principio. De forma paralela, se ofrecen servicios de rehabilitación, apoyo psicológico, atención sanitaria y campañas de sensibilización para acabar con los prejuicios respecto a la discapacidad.

Como explica Clara Ballart Terral, doctora voluntaria de KBO en Battambang, “algunos profesores del proyecto, especializados y formados, se trasladan a las casas para dar educación a estos niños. Siempre intenta priorizarse que acudan a la escuela, pero en caso de que no puedan, no los abandonamos y también los integramos”.

Una de las clases inclusivas de la prefectura de Battambang. Fotografía: Javier Mármol
Una de las clases inclusivas de la prefectura de Battambang. Fotografía: Javier Mármol

Gracias a su incansable labor, más de 2.700 personas reciben atención directa y casi 260.000 se benefician a través de las redes comunitarias.

ASÍ ACTUAMOS. Manos Unidas en Camboya

Desde hace décadas, Manos Unidas mantiene un firme compromiso con el pueblo camboyano y las comunidades más vulnerables del país.

Durante los últimos 5 años, Manos Unidas ha apoyado 26 proyectos por un importe superior a 2,7 millones de euros, trabajando junto a sus socios locales en diferentes áreas con el objetivo de conseguir el desarrollo integral de las personas y defender su dignidad.

Estas iniciativas, desarrolladas en colaboración con socios locales como Karuna Battambang Organization, Damon Toek, Development and Partnership in Action (DPA) o Jesuit Service Cambodia, han permitido mejorar las condiciones de vida de miles de personas en distintas provincias del país, desde Poipet hasta Siem Reap o Battambang.

También te puede interesar

Suscríbete a la newsletter

Informarse es el primer paso para actuar.

Suscríbete