Así actuamos: Etiopía, donde la ayuda se convierte en futuro

Un viaje al corazón de los proyectos de Manos Unidas.

Así actuamos: Etiopía, donde la ayuda se convierte en futuro

El camino es largo, pero, sorprendentemente, transcurre por una carretera bien trazada y asfaltada. No es fácil encontrar vías así en Etiopía. Quizá sea porque esta es la ruta por la que transita el comercio hacia Kenia o desde el sur del país hacia la capital: verduras, hortalizas, flores…, camiones cargados de mercancías recorren, en ambos sentidos, los más de 600 kilómetros que separan Adís Abeba de la región más meridional del país.

Javier Sobrini, voluntario del Departamento de África de Manos Unidas, no tenía claro qué iba a encontrar en su primer viaje a Etiopía. «Sí tenía en la cabeza que se trata de una zona muy pobre, muy poco desarrollada, con muchas carencias materiales», relata Sobrini. «Pero, cuando llegas ahí te das cuenta de que es mucho más de lo que te podrías imaginar. Solo conocemos lo que te dicen en la prensa, y luego te das cuenta de que la realidad no tiene nada que ver con lo que te han contado», añade.

Esta ha sido su primera vez en terreno desde que hace 18 meses, con los 60 cumplidos, cambiara la banca y las finanzas por el voluntariado en una ONG a la que está unido desde su infancia. El ejemplo de su tía Adriana y el consejo de una amiga le ayudaron a decidirse. Hoy forma parte del equipo que analiza proyectos de desarrollo impulsados por socios locales en uno de los contextos más vulnerables del mundo. Y lo que empezó como una inquietud se ha transformado en un compromiso.

El viaje a Etiopía es una parte esencial del trabajo de Javier. «Hemos recorrido el país desde Adís Abeba hasta casi la frontera con Kenia», explica mientras va trazando el trayecto en el mapa que tiene delante. Muchos kilómetros, muchas comunidades y muchas paradas para visitar proyectos que, hasta el momento, solo conocía en papel. Durante casi dos semanas, pernocta en misiones y convive con los socios locales. Así el contacto es más estrecho y se conoce mejor el país.

La visita a las distintas comunidades tiene un objetivo claro: evaluar proyectos ya en marcha y, como ha sucedido mayoritariamente en este caso, estudiar sobre el terreno la viabilidad de iniciativas que todavía no existen, pero que podrían transformar la vida de muchas personas. «Porque, explica Javier, antes de aprobar una iniciativa es imprescindible conocer el contexto real en el que se va a desarrollar, comprender el planteamiento de quienes la proponen y valorar si es viable y sostenible a largo plazo». Así es como trabaja Manos Unidas y cómo se garantiza que los fondos que se reciben llegarán a buen puerto.

Los proyectos nacen siempre de los socios locales, organizaciones que conocen profundamente las necesidades de sus comunidades. Son ellos quienes identifican los problemas y plantean soluciones. Desde Manos Unidas se analizan esas propuestas, se acompañan y, si cumplen los criterios necesarios, se apoyan.

A Javier le llama la atención que los socios locales, las ONG y congregaciones religiosas católicas, en su mayoría, «no miran a quién ayudan. Quieren ayudar a todos, especialmente a niños y mujeres, sin importar religión o procedencia». Y eso se trasluce en el «cariño mutuo entre ellos y la población».

Así actuamos: damos la caña y enseñamos a pescar

Uno de los proyectos que más llamó la atención de Sobrini durante el viaje fue el de prevención de la desnutrición infantil, en un país en el que el 87 % de los niños y niñas menores de cinco años sufren pobreza alimentaria. Pero el proyecto va mucho más allá.

Las mujeres de la comunidad reciben formación en el cultivo de alimentos, en el trabajo en las huertas… Además, se les ayuda en la puesta en marcha de pequeños negocios con los que generan ingresos para contribuir al sustento de las familias. Parte de lo que cultivan lo consumen y el resto lo venden.

Ahí es donde Manos Unidas hace su esfuerzo, pero desde la óptica de enseñar a pescar. Formamos, damos herramientas y logramos, así, que los proyectos sean sostenibles.

Quizá lo más doloroso de este viaje haya sido para Sobrini poner cara a la malnutrición infantil. «Impacta que exista en un mundo de abundancia como el nuestro».

Por eso, un componente importante del proyecto es la atención a niños desnutridos, que durante un tiempo reciben alimentos especiales para sacarlos de la malnutrición. «Además las madres reciben formación para poder dar una alimentación adecuada a sus hijos», explica.

Tracoma es un término médico que Sobrini ha añadido a su vocabulario. Se trata de la enfermedad que afecta a los ojos y que es la principal causa de ceguera por infección en el mundo. Conocer el alcance de esta enfermedad entre los más pequeños ha impresionado a Sobrini.

«Fuimos a un colegio de niños ciegos. Allí les enseñan braille y luego pasan a escuelas inclusivas. Yo creí que eran ciegos de nacimiento, pero investigando descubrí que no era así; no nacen ciegos, sino que pierden la vista por infecciones, falta de higiene o mala alimentación», explica. «Y por falta de atención médica», recalca.

Ahora, ya de vuelta, está estudiando un proyecto para apoyar a estos jóvenes.

Además, Sobrini pudo constatar la sostenibilidad y la duración en el tiempo de los proyectos que pone en marcha Manos Unidas. «Fíjate que, en una de las escuelas que visitamos, me llamó la atención ver que seguían funcionando unas letrinas que construyó Manos Unidas hace más de 20 años».

Proyectos como este, que pueden parecer menores, son esenciales en un país en el que todavía 60 millones de personas no tienen acceso al suministro básico de agua, 112 millones carecen de instalaciones higiénicas y más de 22 millones continúan defecando al aire libre.

Con este primer viaje al terreno, Javier ha podido comprobar que la experiencia de Manos Unidas es única:

«Una organización que lleva casi 70 años funcionando y funcionando bien, genera una experiencia, no solo con lo que es el trabajo aquí en España, sino con la red de relaciones que tienen los países en los que trabaja. De esta manera, los proyectos que se presentan realmente son buenos proyectos.

«Manos Unidas es una máquina muy bien engrasada desde el punto de vista de profesionalidad». Y, además, está enfocada en proyectos de largo plazo y en enseñar o formar a las poblaciones. No se trata de proporcionar ayuda, sino de acompañar a las comunidades para que puedan construir su propio futuro.

Un futuro que empieza ahora.

 

Manos Unidas en Etiopía

Trabajamos en Etiopía desde 1976. En los años 2024/25 hemos aprobado 25 proyectos por importe de 2,6 millones de euros. Para el quinquenio 2025-2029, la estrategia de Manos Unidas para el país africano establece los siguientes sectores prioritarios de actuación:

Por su parte, los colectivos prioritarios para los proyectos y actuaciones en Etiopía son los siguientes: 

  • Mujeres, en clara situación de carencia de derechos y desprotección. Las actuaciones con este colectivo se centrarán en alfabetización, formación reglada, actividades generadoras de ingresos y microfinanzas, así como en la atención integral, sensibilización e incidencia frente a la violencia de género.
  • Jóvenes, con el fin de ayudar a garantizarles salidas profesionales que les permitan conseguir medios de vida sostenibles limitando la necesidad de migración. Esto incluye Formación Profesional y programas de microfinanzas.  
  • Desplazados internos y personas refugiadas, buscando generar oportunidades de vida e incluyendo tanto educación como medios de vida.  
  • Infancia, con graves carencias en la garantía de sus derechos y atendiendo a su educación, salud y nutrición.  
  • Población rural, debido a su alta vulnerabilidad, derivada de la dependencia de una agricultura de subsistencia, el limitado acceso a servicios básicos como salud, educación y agua, y su exposición a los efectos del cambio climático y la inseguridad alimentaria.

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