Nuevos ataques a la Iglesia en Cabo Delgado (Mozambique)

Un proyecto de Manos Unidas con la misión escolapia en Minheune, afectado.

Nuevos ataques a la Iglesia en Cabo Delgado (Mozambique)

Hace poco más de una semana, la misión escolapia en Minheuene (Cabo Delgado, Mozambique) resultó prácticamente destruida tras el último ataque perpetrado por grupos yihadistas provenientes de la frontera norte del país, que linda con Tanzania.

En noviembre hará diez años de la llegada de los escolapios a Cabo Delgado, la provincia más septentrional de Mozambique. Su presencia en el país africano responde a una llamada del obispo Fernando Lisboa, entonces todavía prelado de la diócesis de Pemba. En ese tiempo, en la provincia, sumida desde hace años en un conflicto del que casi nada se sabe, se vivía todavía en una paz relativa.

Mision de los Escolapios en Cabo Delgado_Mozambique
Misión de los Escolapios en Cabo Delgado-Mozambique. Fotos: Escolapios

La extrema pobreza en la que vive la población de esa zona del país, abandonada por el Gobierno, y la incipiente violencia que se alimentaba de esa pobreza movieron a los escolapios a instalarse en esta región para llevar a cabo su labor de desarrollo entre los más desfavorecidos.

Proyectos destruidos

La escolinha (escuela infantil), a la que acuden los hijos de las 200 familias del entorno de la misión, está muy dañada.

Los niños se van a quedar sin clase y «eso es un retroceso. Además, van a perder las dos comidas diarias que recibían en el centro escolar», asegura el padre Jesús Elizari, provincial de la provincia escolapia de Emaús (España-Mozambique), con quien hablamos tras conocer la noticia.

«Tampoco podemos seguir adelante con el programa agrícola que recibía apoyo de Manos Unidas», lamenta el religioso. Son 130 las familias que participan en una iniciativa orientada a generar, de forma sostenible, recursos económicos suficientes para garantizar los derechos humanos básicos y reducir el déficit alimentario.

Este es uno de los siete proyectos, por importe cercano a 500.000 euros, que Manos Unidas ha apoyado en Cabo Delgado en los últimos cinco años. La mayoría de estas iniciativas han respondido a emergencias alimentarias para la población afectada por el conflicto y a necesidades de capacitación para mujeres y jóvenes de la zona.

Productos de la huerta. Escolapios Cabo Delgado (Mozambique)
Productos de la huerta. Escolapios Cabo Delgado (Mozambique)

La misión de Minheuene, construida a 200 kilómetros de Pemba, que en noviembre cumpliría diez años de labor pastoral y de desarrollo, tenía previsto celebrar este aniversario, que iba a ser de alegría y convivencia. Pero el ataque de finales de abril ha trastocado los planes. La misión como tal ya no existe. Y la iglesia, construida hace 80 años, la más antigua de la zona, está quemada y semiderruida.

«También queríamos celebrar ese aniversario, el jubileo de nuestra iglesia. Y no sabemos cómo vamos a hacerlo», asegura el padre Jesús Elizari, provincial de la provincia escolapia de Emaús (España-Mozambique).

Irá el obispo, seguro. Y quizá se organicen actividades para quienes quieran acercarse, aunque no saben quién habrá, «porque con los ataques la gente huye y muchos ya no vuelven —explica—. La gente tiene mucho miedo».

El provincial de la provincia escolapia de Emaús habla de desconcierto ante los ataques. «Estamos muy desorientados y no sabemos bien cómo actuar. Ya nos hemos acercado a evaluar los daños y en unos días veremos cómo proceder. Estamos pensando en que quizá podamos utilizar el remanente de esos proyectos para ayuda de emergencia».

Iglesia destuída. Cabo Delgado (Mozambique)
Iglesia destruida. Cabo Delgado (Mozambique)

La Iglesia, testigo incómodo

«Esta vez nos avisaron y, gracias a Dios, la gente pudo escapar —relata Elizari—. Los atacantes bajan cada vez más desde la frontera con Tanzania y, si nadie lo para, habrá incursiones en otras provincias. No quiero pensar si llegarán a Pemba».

El último, ha sido un ataque directo a la misión y a las casas de la población. «Y días después quemaron un poblado que ya querían que desapareciera».

El de Cabo Delgado es un conflicto que se disfraza de fanatismo religioso, pero que tiene detrás un trasfondo mucho más material. «Se habla de yihadismo, y yo no digo que los que atacan no tengan esa tendencia, pero hay motivaciones que van más allá. Quieren echar a la gente de sus poblados y quedarse con las tierras», denuncia el padre Elizari. «Y nadie hace nada», lamenta.

Feligreses en Misa_Cabo Delgado (Mozambique)
Feligreses en misa. Cabo Delgado (Mozambique) 

Ya hace años que la Comisión Episcopal de Justicia y Paz de Mozambique explicó en un comunicado que detrás de esta guerra hay una causa más económica: el descubrimiento de gas natural y la explotación de riquezas naturales —rubíes, oro, maderas preciosas—, y, paralelamente, los negocios ilegales de tráfico de drogas y «diversos tipos de tráfico ilícito». 

Las condiciones en las que trabajan desde la Iglesia católica se hacen cada vez más difíciles, pero esto no implica que estén planteándose una retirada.  «Nosotros queremos seguir. Aunque no sabemos si podremos ni cómo lo haremos —asegura Elizari—. La Iglesia se ha convertido en un testigo incómodo».

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