Carta Pastoral

 

 

                                    Vencer la indiferencia, rescatar del olvido, hacer realidad la esperanza

 

           Me he permitido repetir bastantes veces durante este largo tiempo de pandemia la convicción de que, las diversas circunstancias de estos tiempos de una humanidad acosada por el virus en sus diversas mutaciones y múltiples incidencias, nos pueden estar empujando a un estado de fijación en la amenaza y las consecuencias de la enfermedad que nos atenaza y condiciona durante casi dos años. Si ya nuestra sociedad del bienestar vivía adormecida, esta misma sociedad, con el drama sanitario que la ha acosado y condicionado en el pasado reciente y en el presente, corre el riesgo cierto de, además, encerrarse sobre sí misma y estar, aún, más dormida e inconsciente en cuanto a los dramas humanos que no la afectan directamente.

          Dicho esto, desde esta situación que vivimos, me permito destacar lo enormemente oportuno que es el lema de la Campaña del presente año 2022, por parte de manos Unidas: “Nuestra indiferencia los condena al olvido”.

         La indiferencia  puede crecer muchísimo, y de forma peligrosa, en las presentes circunstancias de pandemia que estamos viviendo. Y ello como una consecuencia de la sensación de impotencia que puede estar generándose ante los males que no hay modo de hacer desaparecer. Por ello hay que luchar contra la indiferencia que se ha instalado para el ser humano. Nuestro gran reto es generar esperanza en un mundo cada día más afectado por la desesperanza.

        Como nos dice Papa Francisco en “Fratelli tutti”: “La esperanza es audaz, sabe mirar más allá de la comodidad personal, de las pequeñas seguridades y compensaciones que estrechan el horizonte, para abrirse a grandes ideales que hacen la vida más bella y digna. Caminemos en esperanza”. (n. 55).

        La urgencia de vencer la desesperanza y la indiferencia que ésta genera es evidente. El hambre está aumentando de nuevo, tres millones de personas no pueden permitirse una dieta saludable y se recrudecen otros factores que afectan a la alimentación y cuyas consecuencias se agravan por la pobreza y la desigualdad: conflictos, fenómenos climáticos extremos, volatilidad de precios, etc… La pandemia no ha hecho sino intensificar estos efectos, por ello despertemos de todo tipo de indiferencia y alejamiento de los dramas que crecen en nuestra Humanidad, pues ser distantes, indiferentes, o desesperanzados es el camino para que queden en el olvido tantos dramas con rostro humano, como de modo creciente, existen.

       Frente a la inmensidad de la tragedia, y ante el peligro de que la problemática más cercana y constatable cada día de la pandemia nos aleje de ella, y nos haga crecer en la indiferencia, despertemos y actuemos, no consintamos que queden en el olvido tantos dramas de tantos hermanos nuestros. Unirse a Manos Unidas, que, a través de tantos miles de proyectos realizados durante largos años, ha eliminado las brechas que mantenían a tantísimas comunidades en una situación de pobreza y de exclusión, es una de las mejores y más eficaces determinaciones que podemos tomar.

       Ante la tragedia de la pobreza, el hambre y la exclusión suelen darse diversas respuestas: la de aquellos que dicen: pero ¿yo qué puedo hacer? ¡Para eso están los políticos! Otros se quedan en proclamaciones ideológicas sobre las injusticias sociales, pero no cambian ni actúan desde una mentalidad nueva. Y los hay que luchan, de palabra y de obra, por un mundo mejor y saben que las grandes obras se hacen con el concurso de muchos sacrificios y con la unión de muchas voluntades. Este es el camino que ha elegido Manos Unidas.

       Por eso unámonos más que nunca frente a la indiferencia para que tantas urgentes necesidades de tantos hermanos no se vean condenadas al olvido. Unámonos y apoyemos a Manos Unidas, con convicción y con gratitud a la enorme tarea realizada durante tantos años haciendo el bien, demostrando que un mundo mejor es posible.

      Como cada año, por estas fechas dentro  de la primera quincena de febrero, la Campaña de Manos Unidas remueve nuestras conciencias y llama a las puertas de nuestros corazones con el fin de sensibilizarnos, de despertarnos, de romper nuestra indiferencia y sumarnos a caminos de esperanza realista, de obras que remedien y que hagan creer a tantos desfavorecidos que un  mundo mejor es posible.

      Como cada año me dais la oportunidad de dejar constancia de mi admiración hacia Manos Unidas, de mi apoyo a vuestra larga y necesaria trayectoria y, sobre todo, de mi gratitud a los responsables  y al extraordinario voluntariado que mantenéis viva y comprometida a Manos Unidas en nuestra diócesis de Orihuela-Alicante.

      Con mi afecto y bendición de parte de Dios. Un abrazo

      Orihuela-Alicante, 28 de enero de2022

 

                                                                                            Jesús Murgui Soriano

                                                                                            Administrador Apostólico de Orihuela-Alicante

 

 

 

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