Carta Pastoral

¡MANOS UNIDAS, MUCHAS GRACIAS!

¡MANOS UNIDAS, ADELANTE!

            Manos Unidas fue creada en los años sesenta por las Mujeres de Acción Católica. La dilatada trayectoria y la colaboración llevada a cabo por la Asociación merecen agradecimiento, apoyo y confianza. Las señas de identidad la acreditan también: Desde el principio se unieron dos perspectivas inseparables en la Iglesia: Amor a Dios y amor al prójimo; o de otra forma intentar combatir el hambre de Dios y el hambre de pan. Sus campañas contra el hambre acreditan estas señas de identidad. Marca de origen es también la dirección de la asociación Manos Unidas por mujeres, que en la Iglesia tienen un protagonismo respetado y promovido. No es una ONG únicamente de servicios sociales; la fe cristiana y la solidaridad con los necesitados se refuerzan mutuamente y acrecientan la calidad de su servicio.

            Manos Unidas por su origen tiene una inclinación especial a ayudar a la mujer en su dignidad como persona, su promoción social y cultural, su defensa si es humillada y preterida. Con acierto Manos Unidas al prestar su ayuda suscita también la colaboración de las personas atendidas. La colaboración prestada en una ocasión concreta debe alentar la responsabilidad de cara al futuro de las personas a las que se tiende la mano.

            En el año 2021 termina Manos Unidas un trienio dedicado a los Derechos Humanos que tienen su fundamento en la dignidad de la persona y fomentan esa misma dignidad. Una manifestación particularmente significativa es la solidaridad compartida. Uniendo todos las manos se debe converger en la responsabilidad por el Bien Común. Por su orígenes y tradición cristiano-social promueve un desarrollo humano integral; y dentro de esta perspectiva entra plenamente la dimensión trascendente de la persona, su educación en todo lo que implica y la atención a los pobres, que están en el corazón del Evangelio. Luchan contra el hambre conscientes de que el hambre y el subdesarrollo tienen sus manifestaciones diferentes, sus causas que deben ser descubiertas y eventualmente denunciadas, sus remedios sirviéndose también de proyectos y programas elaborados con corazón y cabeza, es decir, desde el amor y desde las ciencias sociales. Manos Unidas ha encontrado su lugar en la Iglesia y en la sociedad.

            “Amar a Dios con todo el corazón y al prójimo como a sí mismo son como el anverso y el reverso de una misma moneda; su autenticidad depende de su cara y de su cruz. El amor de Dios se manifiesta y realiza en el amor al prójimo; y el amor al prójimo hunde sus raíces en el amor a Dios que lo renueva sin cesar a pesar de todos los contratiempos. Es una ilusión pretender amar a Dios, a quien no vemos, si no amamos al prójimo a quien vemos.  “Con el amor al prójimo aclaras tu pupila para mirar a Dios. Comienza por amar al prójimo. Parte tu pan con el hambriento y hospeda a los pobres sin techo; viste al que ves desnudo y no cierres a tu propia carne. ¿Qué será lo que consigas si haces esto? Entonces romperá tu luz como la aurora; tu luz que es tu Dios, vendrá a ti” (San Agustín).

            A través de los múltiples proyectos de Manos Unidas se descubre el amor a Dios y a los hombres. En la cercanía a los pobres brilla el Evangelio.

            Manos Unidas manifiesta corazones concordes; la mano tendida al pobre sacia su hambre y le da esperanza. Estrechar las manos es germen de solidaridad. Tender la mano a una persona postrada la levanta y pone de nuevo en camino. Si nos lavamos las manos para evitar el contagio de la Covid-19; con las manos entrelazadas se contagia el amor y la solidaridad.

Valladolid, enero de 2021

 

+ Cardenal Ricardo Blázquez Pérez

Arzobispo de Valladolid

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