Carta Pastoral

COMPARTIR EL PAN Y LA ESPERANZA

 

         “Manos Unidas” llama de nuevo a nuestras puertas porque el “Hambre de Pan, de Cultura y de Dios”, que desde hace más de 63 años viene removiendo la conciencia y convocándonos a tomar parte en esta causa que a todos nos afecta, pues somos miembros de una misma familia, la familia de la humanidad. Como el hombre padece muchas indigencias, la ayuda que debemos prestar es de diversos órdenes: Sensibilizarnos incesantemente sobre esta realidad fundamental, luchar contra las desigualdades injustas y humillantes, unir nuestras manos y nuestros corazones, colaborar generosamente en los proyectos que se nos presenten.

         El lema de la Campaña contra el Hambre de este año es NUESTRA INDIFERENCIA LOS CONDENA AL OLVIDO. ¿Qué significa en este contexto la palabra indiferencia? Indiferentes son la actitud y el comportamiento contrarios a la empatía, la cercanía cordial y la inclinación benevolente a las personas. Va en la dirección contraria al amor que brota del corazón y se manifiesta en las obras.

         La persona indiferente mira para otra parte como si la situación no fuera con él; no se interesa por el herido tirado al borde del camino y pasa de largo sin detenerse. Quizá piense que le reclaman tareas más importantes y urgentes. Puede ser su pauta de orientación el adagio “ojos que no ven corazón que no siente”. No quiere complicarse la vida, sin advertir que la inhibición produce esterilidad y que, en cambio, hay complicaciones que hacen fecunda la vida. También puede pensar que “bastantes problemas tengo como para implicarme en nuevas tareas”.

         Modelo de indiferencia fueron tanto el sacerdote como el levita de la parábola del “Buen Samaritano” que vieron al malherido en la cuenta pero “dieron un rodeo” y pasaron adelante. El indiferente buscará disculpas para justificarse (no tengo tiempo, ni medios a disposición, con la pandemia el futuro se ha hecho muy incierto, la vida está muy complicada y debo proveer), pero sabe si es sincero que en realidad tales intentos de exculpación son pretextos.

         La indiferencia, que es falta de amor y compromiso, condena al hermano que sufre al olvido, al desamparo, al aislamiento y a la postración. Pido para todos que el Señor despierte nuestro corazón, que no cedamos al egoísmo que impregna el ambiente, que abramos nuestros bolsillos con generosidad, que compartamos con el necesitado el pan, las estrecheces y la esperanza. No buscamos aplausos por la generosidad, recordando lo que nos dice Jesús: “Que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha”. En el indigente a quien tendemos las manos atendemos a nuestro Señor Jesucristo; y nuestra indiferencia deja al mismo Jesús a la intemperie.

         Queridos amigos todos, reavivemos la generosidad también en este tiempo de limitaciones especiales, ensanchemos la mirada a tantos hermanos nuestros que se debaten entre el hambre y la miseria, entre la humillación y la desesperanza aguardando manos amigas que les abran el horizonte.

 

Valladolid, febrero 2022

Cardenal Ricardo Blázquez Pérez

Arzobispo de Valladolid

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