Carta Pastoral

MILITANCIA CRISTIANA CONTRA EL HAMBRE

   Manos Unidas sigue declarando la guerra al hambre. Lo hace desde su inicio en la campaña iniciada por las mujeres de Acción Católica en 1959, y en la campaña de este año recién comenzado insiste en este combate. Lo hace precisamente para que sea posible la paz. La paz que, como dijo Pablo VI en la Encíclica Populorum Progressio, tiene en el desarrollo su nuevo nombre. La paz que es fruto de la verdad y de la justicia. La paz que es un horizonte de plenitud que deseamos y que sabemos bien que sólo se establecerá con la segunda venida del Señor, Príncipe de la paz.

   Pero mientras continuamos en la historia, el combate en favor de la paz ha de mantenerse. Para lo cual hace falta caer en la cuenta de cuáles son las causas de las guerras y de los conflictos. Hace falta abordar y denunciar las ambiciones de poder, las desigualdades injustas que, además de provocar el hambre, son causa de tantas y tantas guerras de las que en esete momento se suceden en nuestro mundo. Hay guerras abiertas, pero también hay violencia estructural y violencia cultural. Una propuesta de vida en la que el poder se define como clave para todo, en la vida personal, en la vida de las relaciones humanas y familiares y, cómo no, también en las relaciones entre los pueblos. El dominio de unos sobre otros, la búsqueda desenfrenada del propio poder para imponer criteros, gustos, opiniones.

   Manos Unidas invita a este combate que la gran tradición de la Iglesia llama militancia cristiana. Sí, es tiempo de militantes cristianos, de aquellos laicos que viven su vocación también sabiendo que han de ofrecer la caridad social y política como forma de combatir las causas del hambre, las causas de las desigualdades injustas que provocan tanta y tanta violencia pues son en sí mismas violencia que atenta contra la dignidad humana.

   Por eso ¡ánimo militantes cristianos!, seguid adelante en vuestro combate en favor de la dignidad humana y del bien común. Que el horizonte de este momento histórico de la Iglesia, el horizonte 2033, sea para nosotros un gran estímulo. Jesucristo ha vencido ya en el combate a quien es la verdadera causa de todos los problemas, el pecado personal que se hace pecado estructural La militancia cristiana es una vocación que hay que cultivar y en la que es preciso asociarse y formarse. Así lo entendieron las mujeres de Acción Católica y así hemos de impulsarlo hoy para que Manos Unidas no se reduzca a una ONG al servicio solo de los Objetivos de desarrollo sostenible. 

   Dejemos que Jesús venza en nuestros corazones para, como militantes, combatir el pecado estructural y abrir paso a la paz que quere emerger entre nosotros.

Luis Javier Argüello García, Arzobispo de Valladolid

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