Acceso al agua como derecho humano con equidad en comunidades rurales de Loja
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En las comunidades rurales de El Molino, Amara y La Florida, en la parroquia Alamor del cantón Puyango (Loja), el acceso al agua potable es una preocupación diaria que afecta la salud, la economía y el futuro de las familias.
Estas comunidades, mayoritariamente mestizas, se dedican a la ganadería, la agricultura y el comercio (principalmente cultivo de café y caña de azúcar). Sin embargo, la precariedad de los servicios básicos y la degradación de las fuentes hídricas limitan el bienestar y empujan a muchos a emigrar en busca de mejores oportunidades.
La geografía del cantón Puyango, que va desde los 200 hasta 2540 metros sobre el nivel del mar, genera climas y paisajes variados; pero esta diversidad está acompañada por problemas ambientales crecientes: contaminación del río Puyango, deforestación en zonas de recarga hídrica, manejo inadecuado de residuos sólidos, pérdida de calidad del suelo y disminución de la biodiversidad.
Problemas de agua, salud y vulnerabilidad social
Todo ello provoca una reducción en la disponibilidad y calidad del agua, situación que se agrava en la temporada seca y se traduce en altos índices de morbilidad y desnutrición infantil.
Datos sociales señalan que el 47 % de la población municipal vive bajo el umbral de pobreza por necesidades básicas insatisfechas y que aproximadamente el 21 % carece de servicio de agua por red pública, recurriendo a fuentes no seguras.
El proyecto, con una duración prevista de 12 meses, parte de una premisa clara: reconocer al agua como derecho humano fundamental y dotar a las comunidades tanto de la infraestructura necesaria como de la capacidad organizativa para gestionar ese recurso de manera sostenible.
Gestión del agua, infraestructura y socio local
Para ello se plantean tres resultados principales. El primero consiste en fortalecer la gestión del agua a través del trabajo con la Junta Administradora: elaboración de un reglamento interno, desarrollo de un modelo de gestión y dotación de herramientas administrativas para una administración efectiva del sistema de agua potable. Esta apuesta institucional es clave para garantizar la sostenibilidad y la apropiación comunitaria de la infraestructura.
El segundo resultado implica la construcción y puesta en funcionamiento de un sistema de agua potable que asegure la calidad e inocuidad del agua para consumo humano. Las obras de infraestructura estarán acompañadas por capacitación técnica dirigida a dirigentes y operarios locales, de modo que la operación y mantenimiento queden en manos de las propias comunidades. Este componente técnico-formativo busca evitar la dependencia de terceros y promover una gestión autogestionada y responsable.
El tercer resultado se enfoca en la protección y conservación de las fuentes de agua. A través de programas de capacitación comunitaria, sensibilización y la elaboración y ejecución de un plan de protección de vertientes, la intervención promoverá prácticas locales para cuidar las cuencas y mejorar la recarga hídrica. La participación activa del gobierno municipal en estas acciones permitirá articular esfuerzos y asegurar que las medidas de protección tengan respaldo institucional y posibilidades de continuidad.
El socio local del proyecto es el Fondo Ecuatoriano Populorum Progressio (FEPP), con el que Manos Unidas ha trabajado previamente.
Al asegurar agua potable, el proyecto actúa sobre determinantes fundamentales de la salud pública, reduciendo enfermedades transmitidas por el agua y contribuyendo a la lucha contra la desnutrición infantil, que en estas comunidades está fuertemente vinculada a la calidad y disponibilidad hídrica.
Más allá de las cifras y las obras, el proyecto persigue un objetivo más humano: devolver tiempo, salud y dignidad a las familias. Cuando el agua llega con calidad y en cantidad suficiente, las posibilidades se multiplican: los niños pueden asistir a la escuela con menos interrupciones por enfermedad, las familias destinan menos recursos a tratamientos médicos, y las mujeres y niñas liberan tiempo de las tareas de acopio para dedicarlo a la educación o actividades productivas. Asimismo, una gestión comunitaria del agua fortalece el tejido social, fomenta la corresponsabilidad y deja una capacidad instalada que permite afrontar desafíos futuros.
En síntesis, esta iniciativa busca transformar la relación de las comunidades de El Molino, Amara y La Florida con su recurso más vital. No se trata solo de construir un sistema, sino de sembrar capacidades, proteger fuentes y garantizar que el derecho al agua sea una realidad perdurable para quienes habitan la parroquia Alamor.
Con un enfoque participativo y apoyo institucional, el proyecto aspira a mejorar la salud pública, reducir la pobreza y promover la sostenibilidad ambiental, recuperando así la base sobre la que se construye la vida rural: el acceso seguro y digno al agua.