Mejora de la concienciación y activismo ecológico de la comunidad camboyana | Fase II

Mejora de la concienciación y activismo ecológico de la comunidad camboyana

País

Duración

12 meses

Año de inicio

2025

Importe

31.072 €

Referencia

KAM78812

Sectores

Medio ambiente y cambio climático
Educación y formación ambiental

En muchas zonas rurales de Camboya, el bosque no es solo un paisaje que rodea las aldeas. Es la base de la vida. De él salen los alimentos, la madera, las plantas medicinales y buena parte de los recursos que permiten a las familias salir adelante. Por eso, cuando el bosque desaparece o se deteriora, no solo se pierde naturaleza: también se pierde estabilidad, ingresos y futuro.

En los últimos años, esta situación se ha vuelto cada vez más preocupante. Aunque Camboya ha experimentado cierto crecimiento económico, la realidad es que la gran mayoría de la población sigue viviendo en zonas rurales y depende directamente de los recursos naturales. Y esos recursos están cada vez más amenazados. La tala indiscriminada, las quemas, la explotación ilegal y también prácticas poco sostenibles por parte de los propios habitantes están debilitando ecosistemas que tardan décadas en recuperarse. En lugares como el bosque de Prey Lang, uno de los más importantes del país, o en otras áreas como Preah Vihear o Siem Reap, la presión sobre el territorio es constante. A esto se suma el impacto del cambio climático, que en los últimos años se traduce en sequías prolongadas que afectan directamente a la agricultura y a la vida de las comunidades. Cuando la tierra ya no produce como antes, muchas familias se ven obligadas a recurrir todavía más al bosque, lo que genera un círculo difícil de romper.

Las comunidades que viven en estas zonas protegidas conocen bien esta realidad. Saben que su vida depende del bosque, pero también que cada vez tienen menos herramientas para protegerlo. Entre ellas hay comunidades forestales, grupos de jóvenes, monjes budistas y también comunidades pesqueras que viven cerca de ríos y lagos. Muchas de estas personas ven cómo el entorno del que dependen se deteriora poco a poco, mientras crece la sensación de que no pueden hacer mucho para evitarlo.

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Mejora de la concienciación y activismo ecológico de la comunidad camboyana

La educación ambiental como herramienta para proteger los bosques en Camboya

En este contexto, la educación se convierte en una pieza clave. Si las nuevas generaciones no entienden la importancia de cuidar el medio ambiente, el problema seguirá creciendo. Por eso, el trabajo con niños y jóvenes cobra un valor especial. En muchas escuelas rurales, los alumnos crecen rodeados de naturaleza, pero sin una formación clara sobre cómo protegerla o gestionarla de forma sostenible. Aquí es donde entra el trabajo de la Misión Jesuita en Camboya, que desde hace años acompaña a estas comunidades a través de su Programa Ecológico. Este programa nace en 2013 como respuesta a una necesidad muy concreta: ayudar a las personas a comprender que el cuidado del medio ambiente no es algo lejano, sino algo que afecta directamente a su vida diaria.

Desde entonces, han trabajado en distintas líneas, como la restauración ecológica, la educación ambiental, la investigación y la promoción de prácticas sostenibles. Con el apoyo de Manos Unidas, este trabajo ha ido creciendo y consolidándose, especialmente en comunidades rurales donde el impacto es más directo. La segunda fase de este proyecto busca seguir avanzando en ese camino, centrándose especialmente en dos aspectos: el trabajo con las comunidades que viven en zonas forestales protegidas y la educación ambiental en las escuelas.

En total, se prevé beneficiar directamente a unas 2790 personas. Por un lado, cerca de 2395 niños y jóvenes de 11 escuelas rurales, de los cuales más de la mitad son niñas. Por otro, unas 395 personas pertenecientes a siete comunidades locales, entre ellas comunidades forestales, grupos de jóvenes, monjes y familias vinculadas a actividades pesqueras.

En las escuelas, el objetivo es que el aprendizaje no se quede solo en teoría. Se quiere que los alumnos vivan la experiencia de cuidar su entorno de forma práctica. Por eso, se impulsarán actividades como la creación de huertos orgánicos, viveros y plantaciones de árboles dentro de los propios centros educativos. Los estudiantes participarán en estas tareas como parte de su día a día, integrando el cuidado del medio ambiente en su rutina.

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La idea es que plantar un árbol, cuidar una planta o mantener un huerto no sea una actividad puntual, sino algo que forme parte de su aprendizaje y de su forma de entender el mundo. Poco a poco, estos niños y jóvenes van desarrollando una conciencia ambiental que puede marcar la diferencia en el futuro de sus comunidades.

Al mismo tiempo, en las comunidades forestales se trabajará en el fortalecimiento de las capacidades locales para proteger el territorio. Se apoyará la organización de patrullas comunitarias que vigilen el uso adecuado del bosque y ayuden a prevenir actividades ilegales como la tala o las quemas. Estas patrullas no solo protegen el entorno, también refuerzan el sentido de responsabilidad colectiva. Además, se realizarán actividades de reforestación, distribuyendo árboles y semillas que el propio socio local produce en su vivero situado en la provincia de Kandal. Este vivero es una pieza importante del proyecto, ya que permite abastecer de plantas a comunidades, escuelas y otros espacios como pagodas o eventos públicos relacionados con el medio ambiente.

También se llevarán a cabo talleres de formación y sensibilización para que las comunidades puedan comprender mejor los efectos del cambio climático, la importancia de la conservación y las alternativas sostenibles que pueden aplicar en su vida diaria. Se espera que este conjunto de acciones contribuya a frenar el deterioro ambiental y, al mismo tiempo, a mejorar las condiciones de vida de las personas. Cuando una comunidad aprende a cuidar su entorno, también está protegiendo su economía, su alimentación y su futuro.

El impacto del proyecto no se queda solo en los beneficiarios directos. Se calcula que unas 5520 personas, principalmente familiares y miembros de las comunidades, se verán beneficiadas de forma indirecta. Porque lo que aprende un niño en la escuela o una familia en un taller se comparte después en casa y se va extendiendo poco a poco.

El proyecto tiene una duración de un año y se enmarca dentro de los Objetivos de Desarrollo Sostenible relacionados con comunidades sostenibles, acción por el clima y protección de los ecosistemas terrestres. Manos Unidas aporta el 29 % de la financiación, mientras que el socio local contribuye con recursos técnicos, materiales, personal especializado y el mantenimiento del vivero.

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