COMUNICADO: Manos Unidas expresa su solidaridad con Nuestros Pequeños Hermanos (NPH) ante los recientes secuestros en Haití

NPH es socio local de Manos Unidas en Haití desde hace más de una década. 

 

Trabajador de Nuestros Pequeños Hermanos, socio local de Manos Unidas en Haití.

En la madrugada del pasado 3 de agosto, un grupo de hombres armados entró por la fuerza y de manera sorpresiva en las instalaciones de Kay St. Hélène, un hogar para niños haitianos que se localiza en Kenscoff, en las afueras de Puerto Príncipe. Este centro forma parte de la red de Nuestros Pequeños Hermanos (NPH), una organización internacional que garantiza los derechos humanos que tienen los niños a una educación, salud y alimentación de calidad y que fue fundada en la segunda mitad del siglo XX, por el sacerdote mexicano William Wasson . 

Haití es un país sumido en la violencia en el que las bandas y los grupos armados operan con impunidad. Esta violencia que se ha adueñado de la capital, Puerto Príncipe, alimentada por la pobreza, el hambre y el abandono.

Los secuestros, que están a la orden del dia, sirven para alimentar las actividades ilícitas de estas bandas. Según datos de Naciones Unidas, en la primera mitad de 2025 más de 3.000 personas han sido asesinadas y casi 350 secuestradas. El colapso institucional, la violencia extrema y el control de bandas armadas sobre gran parte del país han provocado el desplazamiento forzado de 1,3 millones de personas.

Entrada al centro de NPH Kay Sy. Helene en Haití. Foto: NPH
Entrada al centro Kay Sy. Helène en Haití. Imagen: Nuestros pequeños Hermanos (NPH).

Expresamos nuestra profunda preocupación por los hechos ocurridos y exigimos la liberación inmediata y segura de todas las personas secuestradas”, afirma el comunicado de la ONG de la Iglesia católica.

Desde Manos Unidas, queremos expresar nuestra más profunda solidaridad con la organización Nuestros Pequeños Hermanos (NPH), tras el ataque perpetrado el domingo 3 de agosto en una de sus casas de acogida en Haití, el país más empobrecido del continente americano y actualmente sumido en una crisis humanitaria sin precedentes.

Durante la madrugada del 3 de agosto, un grupo armado irrumpió en la casa Kay St. Hélène, ubicada en Kenscoff, en las afueras de Puerto Príncipe. El ataque culminó con el secuestro de ocho personas, entre ellas seis

trabajadores haitianos, una misionera irlandesa y un niño de tres años con discapacidad.

La organización NPH, con una trayectoria de más de 35 años en Haití, gestiona múltiples proyectos esenciales para la protección y el bienestar de la infancia más vulnerable. Entre sus actividades, destacan la gestión de casas de acogida para niños y niñas -incluidos aquellos con discapacidad-, así como el funcionamiento de centros hospitalarios que brindan atención médica de calidad a la población más desfavorecida en Puerto Príncipe y sus alrededores. Tras el ataque, NPH ha decidido suspender temporalmente sus actividades en el país como medida de protección para su comunidad y en firme rechazo a la violencia que sufre desde hace años.

Desde Manos Unidas, rechazamos cualquier forma de violencia, y más aún aquella dirigida contra personas que dedican su vida a cuidar, proteger y acompañar a los más vulnerables. Expresamos nuestra profunda preocupación por los hechos ocurridos y exigimos la liberación inmediata y segura de todas las personas secuestradas.

Trabajamos junto a NPH desde hace años en Haití, Guatemala y Nicaragua, y conocemos de cerca su dedicación incansable a favor de la infancia, las personas con discapacidad, la salud y la educación en contextos profundamente adversos. Su labor es hoy más necesaria que nunca.

En medio de este dolor, reafirmamos nuestro compromiso con NPH y con el pueblo haitiano. Reiteramos que, a pesar de las enormes dificultades, seguiremos caminando a junto a ellos con esperanza, solidaridad y una firme apuesta por la justicia y la dignidad humanas".

Manos Unidas trabaja en Haití desde 1977, apoyando proyectos de seguridad alimentaria, salud, educación, acceso al agua y producción agropecuaria. Tras el terremoto de 2010, la ONG de la Iglesia católica reforzó su presencia en todo el país incorporando enfoques de derechos humanos, género y cambio climático.

En los últimos años ha respondido a múltiples emergencias —huracanes, pandemia, violencia y terremotos—, manteniendo una media de 20 proyectos anuales con una inversión cercana al millón de euros. Esta labor se realiza en coordinación con organizaciones locales como Nuestro Pequeños Hermanos, Fe y Alegría, Caritas, ITECA (Institut de Technologie et d’Animation), Justicia y Paz, INADEB (Instituto para la Autogestión y el Desarrollo de Base), congregaciones religiosas y otras entidades comunitarias.

 

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