Jóvenes voluntarios de Manos Unidas recorren el Camino de Santiago.
Durante seis días del mes de julio, jóvenes procedentes de distintas Delegaciones de toda España recorrieron casi 100 kilómetros del Camino de Santiago, entre León y Ponferrada. Una experiencia marcada por el esfuerzo compartido, la espiritualidad, la reflexión y el sentimiento de comunidad que define al voluntariado joven de nuestra organización.
Cada jornada comenzaba con el sol aún por salir. Un desayuno sencillo, una oración para inspirar el día y el sonido de las mochilas al ajustarse marcaban el inicio de la caminata. Kilómetro a kilómetro, entre silencios y conversaciones, los jóvenes peregrinos avanzaban no solo por los senderos del Camino, sino también por los de su interior: reflexionando sobre las injusticias del mundo, compartiendo historias de lucha y esperanza, y afianzando su compromiso con la misión de Manos Unidas.
“Sentirme acompañada por el resto de jóvenes voluntarios y guiada en el andar por las flechas amarillas a lo largo del Camino, es la metáfora perfecta donde se refleja que no estamos solos, sino que formamos parte de una gran familia de peregrinos que comparte un objetivo en común: llevar esperanza y dignidad a quienes más lo necesitan”
Esta reflexión la comparte Susana, joven de la Delegación de Salamanca, quien añade que para ella la experiencia ha sido “sempiterna”, una palabra que define lo que se queda más allá del tiempo, en el alma.
Las Delegaciones de León y Astorga acogieron con entusiasmo al grupo. En León, antes de iniciar la ruta, pudieron visitar la catedral y conocer el centro histórico de la ciudad, gracias al cálido recibimiento de los voluntarios locales. Ya en plena peregrinación, la Delegación de Astorga ofreció una esperada comida que supo a hogar, a familia.

“El Camino de Santiago con jóvenes de Manos Unidas es algo diferente por el ambiente de acogida, de reflexión y de generosidad que creamos entre todos y todas”, explica Sofía Olivares, técnica del área de Jóvenes. “Lo más especial de esta edición de 2025 ha sido ser testigos del gran corazón de nuestros jóvenes y su compromiso por un mundo mejor”.
Además de compartir risas y ampollas, los jóvenes compartieron también sueños, oraciones y silencios significativos. Como recuerda Yarely, voluntaria de la Delegación de Castellón cada tarde, al llegar al final de la etapa, ponían en común sus reflexiones, conectando lo vivido en el Camino con los grandes retos globales que marcan la misión de Manos Unidas:
«Cuando los pies dolían, el corazón no lo hacía… porque estaba lleno».
Esta peregrinación forma parte de un proyecto a largo plazo del Voluntariado Joven de Manos Unidas que culminará en 2027, Año Xacobeo, coincidiendo con el cierre de la Estrategia de Voluntariado Joven 2023-2027. Una travesía espiritual, social y humana que continuará durante los próximos dos años, y que ya ha comenzado a transformar a quienes caminan en ella.
Porque en Manos Unidas sabemos que el camino hacia un mundo más justo no se hace en soledad. Y estos jóvenes nos lo han recordado con cada paso: juntos, siempre podremos llegar más lejos.