NPH es socio local de Manos Unidas en Haití desde hace más de una década.
Durante la madrugada del 3 de agosto, un grupo armado irrumpió en la casa Kay St. Hélène, un hogar para niños haitianos, ubicada en Kenscoff, en las afueras de Puerto Príncipe. El ataque culminó con el secuestro de ocho personas, entre ellas seis trabajadores haitianos, una misionera irlandesa y un niño de tres años con discapacidad.
EL centro forma parte de la red de Nuestros Pequeños Hermanos (NPH), una organización internacional que garantiza los derechos humanos de la infancia a una educación, salud y alimentación de calidad. Tras el ataque, ha decidido suspender temporalmente sus actividades en el país como medida de protección para su comunidad y firme rechazo a la violencia que sufre desde hace años.
Según datos de Naciones Unidas, en la primera mitad de 2025 más de 3000 personas han sido asesinadas y casi 350 secuestradas. El colapso institucional, la violencia extrema y el control de bandas armadas sobre gran parte del país han provocado el desplazamiento forzado de 1,3 millones de personas.
Manos Unidas trabaja junto a NPH desde 1977 en Haití, Guatemala y Nicaragua, y conoce de cerca su dedicación incansable a favor de la infancia, las personas con discapacidad, la salud y la educación. Su labor es hoy más necesaria que nunca.


