El Papa visita el hospital psiquiátrico de la Cruz, que apoya Manos Unidas

Durante su viaje a Líbano y Turquía.

El Papa visita el hospital psiquiátrico de la Cruz, que apoya Manos Unidas. Fotografía: Vatican News

Durante su viaje a Líbano y Turquía, el papa León XIV ha visitado, en Beirut (Líbano), el Hospital de La Cruz, gestionado por las hermanas franciscanas De la Cruz, socio local de Manos Unidas en el país asiático. Se trata de una congregación libanesa que cuenta con 240 miembros y tiene centros hospitalarios con capacidad para un total de 3.000 camas. El 85 % de los pacientes de estos centros son pobres que no pueden pagar.

Uno de estos centros es el Hospital Psiquiátrico de la Cruz, al norte de Beirut. Allí, León XIV ha posado su mirada en el rostro de los pobres; pacientes con enfermedades mentales de distinto grado ingresados en el sanatorio. Lo que se vive en este lugar es una exhortación para todos: no podemos ignorar una sociedad que, a toda velocidad, olvida a los pobres. En el rostro herido de los pobres vemos impreso el sufrimiento de los inocentes y, por ello, el sufrimiento de Cristo, ha declarado el Pontífice.

La llegada del Papa se vivió con emoción y agradecimiento. Fotografía: Vatican News
La llegada del Papa se vivió con emoción y agradecimiento. Fotografía: Vatican News

En el hospital, donde las hermanas recibieron al Papa con una emoción incontenible, hay ingresados más de 800 pacientes. Entre ellos, chicos jóvenes, casi adolescentes, muchos de ellos sin capacidad de mejora, a los que su familia ha dejado al cuidado de las hermanas, por falta de medios económicos o por no poder sobrellevar la enfermedad. La hermana María, directora del centro, saludó al Papa con las palabras que describen su labor entre los más necesitados y vulnerables: Bienvenidos al hospital de la Cruz, el hospital que no elige a sus pacientes, sino que acoge con amor a aquellos a quienes nadie ha elegido. Con vuestra presencia, dais testimonio de que estos olvidados no son una carga para la sociedad, sino el tesoro de la Iglesia.

El sanatorio, que se mantiene fundamentalmente con donaciones de organizaciones cristianas, es el único centro de este tipo en todo Líbano y Oriente Próximo.

En la última visita de Manos Unidas al país asiático, nuestros compañeros del departamento de Asia pudieron conocer de primera mano el trabajo que las hermanas llevan a cabo con estas personas. La falta de medios económicos es patente y se refleja en las instalaciones en las que las religiosas y el personal contratado, vuelcan su amor y sus conocimientos con los enfermos. Ramón Álvarez, responsable de proyectos de Manos Unidas en Asia, relata:

Vemos al psiquiatra de los chicos jóvenes que está preparando junto con las enfermeras la medicación que tienen que dar en los próximos días. Nos dice que esos jóvenes cuando ingresan ya no salen nunca de allí. Muy gráficamente nos explica que esos chicos “compran un billete de ida, pero no hay vuelta

Con los internos mayores la situación es bastante similar, aunque algunos de ellos pasan fiestas y vacaciones en familia con asesoramiento del hospital.

Manos Unidas está apoyando el equipamiento de la nueva cocina que se ha hecho en el hospital. Dar de comer a cientos de personas diariamente pedía unas instalaciones en condiciones. Las hermanas, evidentemente, necesitan todo tipo de ayuda ya que hacen una labor que no hace nadie y que es muy necesaria para la dignidad, la mínima dignidad, de estas personas y de sus familias, asegura Álvarez.

El papa León XIV, consciente de las muchas dificultades a las que se enfrentan las hermanas en su trabajo diario, las ha exhortado a no dejarse vencer por la impotencia. A veces puede sobrevenir el cansancio o el desánimo, sobre todo por las condiciones no siempre favorables en las que trabajan. Los animo a no perder la alegría de esta misión y, a pesar de algunas dificultades, los invito a tener siempre presente el bien que pueden realizar. Es una gran obra a los ojos de Dios.

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