Así actuamos: India en femenino, el cambio que nace en las aldeas de Bengala Occidental

En diez aldeas del distrito de Purba Bardhaman, trabajamos para que las mujeres puedan generar sus propios ingresos y participar en la toma de decisiones.
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Asia
Así Actuamos: India en femenino, el cambio que nace en las aldeas de Bengala Occidental

Nos trasladamos junto a Antonio Casla, voluntario del Departamento de Asia de Manos Unidas, al estado indio de Bengala Occidental. Con cerca de 100 millones de habitantes, es el cuarto estado más poblado del país. Allí, en diez aldeas del distrito de Purba Bardhaman, situadas a poco más de 100 kilómetros de Calcuta, la vida parece haberse detenido. Apenas hay rastro del progreso socioeconómico que ha impulsado el crecimiento de la India en los últimos años.

En esta fértil región, regada por varios ríos, el 70 % de la población, perteneciente mayoritariamente a la etnia santal, vive de la agricultura. El arroz es el principal cultivo, aunque algunas familias también siembran patatas, cebollas o mostaza para el autoconsumo y como fuente complementaria de ingresos.

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Exclusión y abandono son dos palabras que describen bien la realidad de estas comunidades. Es la respuesta que Antonio ofrece a quienes se preguntan por qué Manos Unidas continúa apoyando proyectos en la India, una de las mayores economías del mundo:

«La realidad es que, a pesar de su crecimiento económico, el país mantiene enormes desigualdades. Hay comunidades tribales que siguen viviendo en situaciones de gran vulnerabilidad y exclusión».

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La discriminación contra las mujeres sigue marcando profundamente la vida cotidiana.

Las aldeas en las que se desarrolla este proyecto son un claro ejemplo. «Persisten problemas como el trabajo infantil, la discriminación de las mujeres, la falta de oportunidades educativas, la inseguridad alimentaria y la escasa participación social. Las viudas, por ejemplo, sufren con frecuencia una fuerte marginación», señala.

La discriminación contra las mujeres sigue marcando profundamente la vida cotidiana.

«Las mujeres están prácticamente excluidas de las labores comunitarias. Organizan y sostienen sus hogares, pero apenas participan en la toma de decisiones de la comunidad».

Para Manos Unidas, la mujer siempre ha sido un agente de cambio social. El papel esencial que desempeña en la familia y en la comunidad la convierte en protagonista imprescindible de cualquier transformación duradera. Antonio quiere que ellas, auténticas artífices del desarrollo, sean conscientes de ese potencial y trabaja para transmitir una idea sencilla: hombres y mujeres pueden y deben construir juntos una sociedad mejor.

«Siempre que viajamos procuramos transmitir, con nuestro trabajo y nuestra forma de relacionarnos, que todas las personas tienen la misma dignidad y capacidad, independientemente de su sexo».

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Así actuamos: India en femenino

Llegamos a la aldea tras recorrer kilómetros eternos por carreteras sin asfaltar. A medida que avanzamos, parece que nos adentramos en otro mundo: un paisaje de polvo, casas de barro y pequeños terrenos de apenas 2000 metros cuadrados.

La crisis climática deja aquí una huella evidente. Si antes el agua de los ríos bastaba para garantizar las cosechas, hoy muchas parcelas deben permanecer en barbecho y el riego depende de aguas subterráneas. Rara vez se consiguen dos cosechas al año. El trabajo es duro y los rendimientos, escasos: el ingreso medio apenas alcanza los 33 euros mensuales, frente a los 65 euros del conjunto del estado y los 110 euros de la media nacional.

Y, en medio de esta pobreza, las mujeres vuelven a ser las más perjudicadas. Aunque empiezan a estar presentes en algunos órganos de gobierno, el control de la economía familiar continúa, en gran medida, en manos de sus maridos. La tradición sigue imponiéndose. Ellas registran las tasas de alfabetización más bajas, son las últimas en sentarse a la mesa y, como consecuencia, presentan mayores índices de anemia y desnutrición.

Esta realidad impulsó la puesta en marcha de un proyecto que mejorará la vida de 423 familias de la etnia santal.

«Nuestro socio local, los Servicios Sociales de la diócesis de Asansol, detectó que las mujeres en edad fértil, entre los 15 y los 49 años, no cumplían las recomendaciones de la FAO para mantener una alimentación sana, suficiente y equilibrada. Solo el 19 % de ellas tenía acceso a una dieta adecuada», explica el voluntario de Manos Unidas.

El proyecto apuesta por la implantación de métodos de agricultura sostenible.

«La deforestación responde tanto a factores externos como a prácticas tradicionales de cultivo. Durante décadas se utilizó un sistema basado en la tala y quema de parcelas. Cuando el suelo se agotaba, se abandonaba y se cultivaba otro terreno. Hoy esa práctica ya no es viable. La tierra disponible es limitada, el agua escasea y resulta imprescindible adoptar técnicas agrícolas sostenibles».

Por ello, se promueve el uso de fertilizantes orgánicos, abonos naturales y prácticas que permitan conservar la fertilidad del suelo y mejorar la calidad de los alimentos.

Transcripción del vídeo

Soy Antonio Casla, trabajo en el Departamento de Proyectos de la India Noreste y quiero hablaros ahora en detalle sobre este proyecto. Nos trasladamos al estado indio de Bengala, a una localidad llamada Purba Bardhaman en la que hemos puesto en marcha un proyecto que va a solucionar, o al menos facilitar, la vida de 423 familias pertenecientes a la tribu Santal. Es un proyecto que va a combinar la generación de ingresos, la realización de una agricultura sostenible, a la vez de asegurar la alimentación. La India es la cuarta potencia mundial de PIB, sin embargo tiene 1.500.000.000 de habitantes. Hay enormes zonas en las que todavía las comunidades tribales como ésta, que en muchos casos están incluso en un nivel inferior a las castas, están llenas de problemas, cosas que en el mundo actual no podríamos imaginar. El trabajo infantil, la discriminación de la mujer, el maltrato de la mujer, la falta de alimentación, la posibilidad de participar. Las viudas están totalmente apartadas de la sociedad. Cuando escuchas a todas las comunidades tienes que empezar por algún sitio. Y la mejor manera de decidir por dónde empezar, creo que es escucharlas a ellas. Siempre ha sido la posición de Manos Unidas la mujer como el agente del cambio. Nosotros consideramos que la mujer, con el rol principal que juega en la familia, y una vez que le demos acceso a poder estar en todas las administraciones de la sociedad, se convertirá en el verdadero vehículo del cambio. Estamos ejecutando este proyecto en tres líneas de actuación. La primera es asegurar la alimentación de los beneficiarios. ¿Cómo lo hemos conseguido? Lo hemos conseguido a través de la creación de huertos, huertos familiares. El otro vector de actuación es el de la agricultura sostenible. Y la tercera línea de actuación es el trabajo con las mujeres a través de grupos de autoayuda que les sirve para poner en marcha sus capacidades, aprender, aprender nuevas habilidades y, en especial, poner en marcha labores de emprendimiento. Gracias a esa labor de emprendimiento ya tenemos 200 mujeres que son capaces de generar una renta por sí mismas sin tener que acudir nada más que a la que sus maridos consiguen con el trabajo en el campo.

Desde nuestra actuación, el arroz ya no es el único cultivo. Las familias están aprendiendo a diversificar la producción con patatas, garbanzos, lentejas, cúrcuma o pimienta, productos que no solo enriquecen la dieta, sino que también generan nuevas oportunidades de ingresos.

A esto se suman iniciativas de avicultura y piscicultura, que incorporan proteínas a la alimentación, y la creación de huertos familiares que garantizan una dieta más variada.

«Gracias a estas iniciativas, el 70 % de las mujeres ya disfruta de una alimentación saludable y completa».

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Gracias al trabajo de la diócesis y Manos Unidas, ya hay 200 mujeres capaces de generar ingresos propios.

Las mujeres impulsan, lideran y hacen posible el cambio

Las mujeres constituyen el eje de este proyecto. Además de la pobreza, afrontan desafíos como el matrimonio infantil, la falta de oportunidades educativas, la discriminación o la explotación laboral, que obliga a muchas jóvenes a abandonar sus comunidades para buscar trabajo en otras regiones.

Aunque sostienen la vida familiar, siguen teniendo una presencia muy limitada en la toma de decisiones. Para revertir esta situación, los Servicios Sociales de la diócesis de Asansol han impulsado grupos de autoayuda donde las mujeres fortalecen sus capacidades, adquieren nuevas habilidades y ponen en marcha pequeños proyectos de emprendimiento.

«Gracias a este trabajo, ya hay 200 mujeres capaces de generar ingresos propios, sin depender exclusivamente del trabajo agrícola de sus maridos».

Antonio Casla dirige un mensaje esperanzador a las niñas con las que trabaja este proyecto: «Me gustaría que entendieran que tienen un futuro lleno de posibilidades. Que aprovechen las oportunidades y el apoyo que reciben para convertirse algún día en protagonistas de sus propias historias. No solo en beneficiarias del cambio, sino en las mujeres que lo impulsan, lo lideran y lo hacen posible».

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