Desertificación y sequía: ¡nos come el desierto!
La desertificación es un problema global que amenaza al desarrollo y que requiere de atención y compromiso de ciudadanos, empresas, gobiernos, e instituciones internacionales.
Desertificacion: un reto fundamental
Cada año se pierden 12 millones de hectáreas de tierra productiva, según la ONU. Cerca del 20% de los suelos degradados son tierras de cultivo y entre un 30% y 25% son pastizales. La desertificación tiene un impacto directo en la producción agropecuaria, y por tanto en la producción de alimentos.
La ONU calcula que unos 250 millones de personas sufren directamente los efectos de la desertificación, y otros 1.000 millones viven en zonas amenazadas por ella en 110 países, de manera especial en África. El 90% de esas personas viven en países en desarrollo.

Desertificación y sequía afectan al bienestar, e incluso al sustento de la gente, sobre todo, de los 2.600 millones de personas que, según la ONU, dependen directamente de la agricultura para su supervivencia. Además de tener efectos devastadores para la seguridad de los ecosistemas, genera condiciones de mayor pobreza y pone en riesgo el desarrollo sostenible y la estabilidad socioeconómica a nivel mundial.

También dice la ONU que la escasez de agua afecta a cerca de 2.000 millones de personas, pero que probablemente para 2030 cerca de la mitad de la población mundial (unos 4.300 millones de habitantes) vivirá en áreas afectadas por déficit de agua; y que la calidad del agua va a ser mucho peor al faltar la vida vegetal, ya que ésta tiene un papel muy importante para mantener el agua limpia y clara.
Entre 2000 y 2015, según cálculos de la ONU, el número de migrantes en el mundo debido a la sequía aumentó de 173 a 244 millones. Se les ha llamado “refugiados climáticos”.
Desertificación ¿qué podemos hacer?
Como individuos
La desertificación es un problema global que amenaza al desarrollo y que requiere de atención y compromiso de ciudadanos, empresas, gobiernos, e instituciones internacionales.

Los ciudadanos debemos ahorrar agua, reciclar basuras y objetos personales; moderarnos en el uso de la energía eléctrica y combustibles; comprar con mayor racionalidad; optar por productos cultivados localmente y de temporada; reducir el consumo… Nuestras decisiones diarias pueden ser importantes si se unen a otras muchas personas y grupos conscientes y comprometidos.
Las Organizaciones No Gubernamentales de Desarrollo (ONGD), que apoyan proyectos en los países del Sur, deben promover modelos agrícolas y ganaderos mejor adaptados a su entorno y el mejoramiento de la productividad de la tierra por métodos ecológicos.
¿Y los gobiernos?
- Rediseñar el modelo de desarrollo, de manera que priorice el bien común y reconstruya el equilibrio y la armonía con la naturaleza, y que garantice las opciones de las generaciones futuras.

- Limitar la producción de agrocombustibles.
- Impulsar las energías renovables, para disminuir las emisiones de gases de efecto invernadero.
- Rediseñar el sistema alimentario mundial, de manera que, por encima de los intereses económicos, satisfaga las necesidades humanas y preserve los ecosistemas.
- Limitar la utilización de sustancias químicas y el uso insostenible del agua en los cultivos, y acortar las distancias entre el punto productivo y el de consumo, para ahorrar energía.
- Apoyar a los pequeños campesinos (unos 550 millones en el mundo) que tienen acceso al 12% de las tierras cultivables pero que, sin asistencia técnica ni apoyos crediticios, dan de comer al 80% de la humanidad…
- Mejorar la gestión del agua, mediante el ahorro, la reutilización de las aguas depuradas, el almacenamiento del agua de lluvia, la desalinización...
- Realizar campañas de reforestación y modificar los sistemas de combustible para el hogar, reduciendo la tala de árboles.
El trabajo de Manos Unidas contra la desertificación
Para Manos Unidas, la cuestión del medio ambiente no debe desvincularse del hambre, la pobreza y la exclusión, ya que constituyen dos caras de una misma realidad marcada por la injusticia y la desigualdad. La lucha contra el hambre será baldía si no se atacan las causas estructurales que las provocan.

Por ello, garantizar la sostenibilidad medioambiental es un requisito básico en los proyectos que apoya Manos Unidas. La escasez de agua es real en muchos contextos en los que hay que agudizar el ingenio para sacar el mejor provecho posible a la escasa agua existente. Los efectos del cambio climático, las sequías recurrentes ponen en dificultad a millones de personas.
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