En el mundo hay casi 70 millones de personas desplazadas internas que huyen de la violencia y el conflicto
El próximo domingo, 27 de septiembre, la Iglesia celebra la 112.ª Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado (JMMR). Una fecha establecida en 1914 que busca visibilizar la realidad de millones de personas que se desplazan en condiciones de extrema fragilidad. En Manos Unidas nos unimos a esta jornada, que llama a acompañar y sensibilizar sobre los retos que enfrentan estas personas.
En su mensaje para la JMMR de 2026, el papa León XIV pone el foco en los menores, en esos niños y niñas que son «los más vulnerables dentro de los flujos migratorios mundiales».
En Manos Unidas somos conscientes de que cada persona que se desplaza de manera forzosa tiene detrás una historia de vida. Una vida que deja atrás, con dolor y tristeza. Cada familia que abandona su lugar de origen carga con una mochila llena de miedo, hambre, pobreza y falta de oportunidades. Una mochila especialmente pesada en el caso de los menores, muchas veces solos, que durante el camino afrontan situaciones especialmente dolorosas.
Como denuncia el Pontífice, son demasiados los niños y niñas que sufren la pérdida o la separación de sus familias, la explotación o distintas formas de violencia, viendo cómo «su dignidad se ve pisoteada en demasiadas formas».
León XIV insiste en que estos menores no pueden quedar reducidos a cifras o estadísticas. Cada niño tiene una historia, unos derechos y una dignidad que deben ser protegidos. Por ello, el Papa invita a la sociedad a no permanecer indiferente ante su sufrimiento y a reconocer que «incluso uno solo de estos pequeños» merece toda nuestra atención y cuidado.
En Manos Unidas trabajamos desde hace casi 70 años junto a las comunidades más vulnerables para combatir las causas que se encuentran en el origen de muchos desplazamientos forzosos: el hambre, la pobreza, la desigualdad, la falta de acceso a la educación o las consecuencias de los conflictos y de la degradación ambiental. Porque ningún niño debería verse forzado a abandonar su hogar y sus raíces por no poder acceder a unas condiciones de vida dignas.
Casi 70 millones de personas desplazadas internas
Según el último Informe de Tendencias Globales de ACNUR, a finales de 2025 el número total de personas obligadas a huir de sus hogares se situó en 117,8 millones. De ellas, 68,7 millones eran personas desplazadas internas (IDP, por sus siglas en inglés) que huían, principalmente, de la violencia y los conflictos.
En Manos Unidas centramos nuestro trabajo con este sector de la población tanto en proporcionar asistencia básica a personas que muchas veces se desplazan casi con lo puesto. En estos casos, los niños, niñas y mujeres, más vulnerables, reciben una atención especial.
Además, impulsamos el acceso a la educación, la formación profesional y los medios de vida, para que las personas desplazadas puedan recuperar su autonomía e integrarse en las comunidades de acogida.
En Manos Unidas tratamos de actuar sobre las causas que provocan los desplazamientos, como la pobreza, los conflictos y el impacto del cambio climático, con el objetivo de que las personas no se vean obligadas a abandonar sus hogares.
Estos son algunos ejemplos de los proyectos que llevamos a cabo para acompañar y apoyar a quienes buscan una vida digna más allá de sus lugares de origen.
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Haití · Flores de Kiskeya
En la frontera entre Haití y República Dominicana, una de las zonas más olvidadas del Caribe, acompañamos a comunidades que viven en un contexto marcado por la pobreza, la inseguridad alimentaria y la movilidad de población. El proyecto Flores de Kiskeya busca mejorar sus condiciones de vida mediante el acceso a alimentación, atención sanitaria, formación y medios de vida, como huertos y pequeñas iniciativas productivas, especialmente para mujeres y familias en situación de mayor vulnerabilidad.
Uganda · Mujeres refugiadas en Nakivale
El campo de refugiados de Nakivale acoge a unas 300.000 personas procedentes de distintos países africanos, muchas de ellas llegadas huyendo de conflictos y violencia. En este contexto, apoyamos a 80 mujeres refugiadas, víctimas de violencia de género, para que puedan avanzar hacia una mayor autonomía económica. El proyecto ofrece formación profesional en costura y peluquería, impulsa pequeños emprendimientos y grupos de ahorro y desarrolla acciones de sensibilización para prevenir la violencia de género.
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Egipto · Niños y familias refugiadas sudanesas
En El Cairo, acompañamos a niños y niñas refugiados sudaneses y a sus familias, que afrontan importantes dificultades para acceder a la educación tras huir de la violencia en su país. El proyecto proporciona refuerzo escolar a 360 menores, formación a profesores y talleres para madres y padres, además de mejorar las instalaciones educativas. El objetivo es facilitar la continuidad de sus estudios y reforzar también el apoyo familiar y comunitario.
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México · Personas migrantes y refugiadas
En México acompañamos a 3.200 personas migrantes y refugiadas en situación de especial vulnerabilidad, entre ellas personas víctimas de delitos, solicitantes de refugio, familias y menores no acompañados. A través de albergues, casas y espacios de atención, facilitamos asesoramiento jurídico, atención sanitaria y psicológica, alojamiento, alimentación y apoyo para la integración sociolaboral. El proyecto también acompaña y forma a 600 personas defensoras de los derechos de la población migrante.
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República Dominicana · Migrantes haitianos y sus descendientes
En las comunidades fronterizas de la República Dominicana trabajamos con migrantes haitianos y sus descendientes, que encuentran importantes barreras para acceder a sus derechos y a servicios básicos. El proyecto fortalece el conocimiento y la defensa de los derechos humanos, impulsa el liderazgo de las mujeres y refuerza a las organizaciones comunitarias que trabajan por la justicia social y ambiental. La formación, la sensibilización y el diálogo con las autoridades son algunas de las herramientas que utilizamos.
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India · Niños y niñas desplazados por conflictos
En el estado de Mizoram, al nordeste de la India, acompañamos a niños y niñas desplazados por los conflictos de Manipur y Myanmar, cuya educación se ha visto interrumpida. El proyecto facilita material escolar a 305 menores de familias desplazadas de Manipur y ofrece un programa educativo puente a 408 niños y niñas procedentes de Myanmar, con formación en mizo e inglés. Así, pueden incorporarse progresivamente al sistema educativo y continuar sus estudios.