A inicios del mes de noviembre, el cardenal Juan José Omella designó a mosén Pau Manent —vicario de la Parròquia de la Mare de Déu de la Salut, del barrio de Gràcia— como nuevo consiliario de Manos Unidas Barcelona, en sustitución de mosén Antoni Babra, a quien la delegación agradece su excelente trabajo en estos años.
Estimados hermanos y hermanas,
Hace unas semanas, el señor cardenal me confió el servicio de consiliario de la delegación de Barcelona de la entidad Manos Unidas. Emprendo esta tarea con gran gozo y sincera humildad, sabiendo que el encargo recibido supera a todas las fuerzas humanas, y que la gracia de Dios siempre puede más. Doy, por tanto, gracias a Dios, también por todos los socios y voluntarios, que, con su compromiso, hacen posible esta tarea hacia nuestros hermanos más necesitados.
Manos Unidas nació del deseo profundo de un grupo de mujeres de Acción Católica, que alzaron la voz contra la injusticia económica y entendieron que su modo cristiano de vivir no sería pleno mientras sus hermanos de fe pasaran necesidades materiales. La primera campaña de Manos Unidas fue la lucha contra el hambre, todavía hoy vigente en muchos puntos del planeta. Rápidamente, el campo de acción de nuestra asociación se amplió, entendiendo que en realidad no hay verdadera paz mientras haya algún elemento de injusticia, como bien nos recuerda San Pablo VI en la encíclica Populorum progressio:
Combatir la miseria y luchar contra la injusticia es promover no sólo un mayor bienestar, sino también el progreso humano y espiritual de todos, y, por tanto, el bien común de toda la humanidad. La paz no se reduce a la ausencia de guerra, que es un resultado de un equilibrio siempre precario de fuerzas. La paz, en cambio, se construye a diario en orden a la instauración del orden querido por Dios, que conlleva una justicia más perfecta entre los hombres. (PP 76)
Sin embargo, es un motivo de alegría recibir en el presente siglo el gran proyecto global que constituyen los Objetivos de Desarrollo Sostenible, si bien también se convierten en nosotros un desafío que habrá que siempre evangelizar con la palabra de Cristo. Los propósitos solidarios no pueden reducirse a un sentimiento superficial, sino que se convierte en una auténtica virtud, una determinación firme y perseverante en pro del bien común, haciéndonos a todos corresponsables, y observando siempre el ejemplo y la predicación de Jesús, como bien nos recuerda San Juan Pablo II en Sollicitudo rey socialis 37 .
Os animo a poner en movimiento nuestras manos y también nuestros corazones a fin de reconstruir la esperanza que la Iglesia ha predicado desde el día del Pentecostés, haciendo realidad la comunión de todos los hermanos que quiere el Espíritu Santo, respondiendo a nuestra particular vocación del desarrollo de los pueblos más desfavorecidos.
Mi deseo es que esta comunidad de voluntarios y socios se encienda en el amor misericordioso de Cristo, que ve en cada voluntario un servidor del Reino, y en cada hermano el mismo rostro de Cristo sufrido.
Os agradezco a todos vosotros vuestra entrega dedicada y vuestra oración constante. Nada de lo que hacemos en Manos Unidas tiene sentido sin vuestros corazones abiertos, nada tiene sentido sin el corazón de Jesucristo. Contad conmigo para recorrer este camino juntos para servir más y mejor. Que el Señor bendiga nuestro trabajo y nos abra los caminos de justicia, de paz y de vida.
Fraternalmente,