Este julio, he viajado a Senegal, un país lleno de vida, de alegría y de dignidad. Manos Unidas lleva más de 50 años colaborando junto a comunidades acogedoras y valientes, como las de Sanghé y Sam Sam 3, donde dos mujeres extraordinarias —la hermana Hortensia y la hermana Regina— encarnan con su liderazgo silencioso la esperanza que transforma.
Cerca del océano Atlántico, encontramos un país lleno de vida, de música, de comunidad y de una profunda calidez humana. Hablamos de Senegal, poblado por gente acogedora, pacífica, valiente y generosa. Personas que, pese a las dificultades, sonríen, comparten y luchan por salir adelante.
Desde los primeros tiempos de Manos Unidas en el país, en torno al año 1972, empezamos a colaborar con parroquias, escuelas, comunidades misioneras y organizaciones locales. Aquello, que empezó como una cooperación solidaria, se ha convertido, con el paso de los años, en una relación de cariño y confianza mutua.

En Senegal, hemos colaborado en proyectos muy diversos, pero si algo tenemos claro es que la clave no son únicamente los proyectos, sino las personas. Y entre éstas, hay dos mujeres que son auténticos referentes, las hermanas Hortensia Perosanz y Regina Casado.
La hermana Hortensia vive y trabaja en Sanghé, un entorno rural y olvidado del norte del país, pero donde la vida late con fuerza. Desde hace años, acompaña con coraje y ternura a las familias más vulnerables. Con su liderazgo discreto pero firme, y con el apoyo de Manos Unidas, se han creado huertos comunitarios, se han abierto pozos de agua, se han construido escuelas y se han impulsado espacios de formación para mujeres.
Con 82 años a sus espaldas y 54 en Senegal, Hortensia es un motor que impulsa a la región. Su presencia transforma, no sólo por lo que hace, sino por cómo lo hace: cercana, humilde, comprometida, afable y enérgica.

Otra fuerza de la naturaleza la encontramos en Sam Sam 3, un barrio periférico y marginal de la capital, Dakar. Allí trabaja la hermana Regina, de 85 años y 50 de experiencia en África, que ha creado un espacio de dignidad para niños, adolescentes y mujeres en situación de pobreza y exclusión.
Con el apoyo de Manos Unidas, ha impulsado una escuela para niños, talleres de costura y peluquería para jóvenes y mujeres y acciones de sensibilización sobre salud e higiene. Pero Regina no sólo ofrece servicios: ofrece acogida, escucha y dignidad. Es una mujer de fe infinita y energía inagotable. Su liderazgo, basado en el cariño y la determinación, da luz allá donde la oscuridad parece instalada.

Desde Sant Louis, cientos de jóvenes senegaleses, empujados por la desesperanza, se embarcan en frágiles cayucos para atravesar el océano Atlántico con la esperanza de un futuro mejor. Muchos de ellos, desgraciadamente, nunca llegarán.
Por eso, colaboramos con la Delegación Diocesana de Migraciones de Senegal en un proyecto que busca evitar estas tragedias: ofreciendo formación, sensibilización y alternativas reales para que los jóvenes puedan construir una vida digna sin tener que marcharse. Es un trabajo lento y que reclama mucha paciencia, pero esencial, ya que salvar vidas no sólo es rescatarlas en el mar, sino también dar motivos para no irse.

La Isla de Gorée, a pocos kilómetros de Dakar, es el ejemplo perfecto de que la belleza puede ser tan bonita como sobrecogedora a la vez. Durante siglos, fue uno de los principales puertos de tráfico de esclavos hacia América. Miles y miles de hombres, mujeres y niños fueron arrancados de sus vidas por ser vendidos como mercancías.
Hoy, Gorée es un lugar de memoria, un grito silencioso que nos recuerda que la libertad y la dignidad son derechos sagrados, y que es necesario seguir luchando contra cualquier forma de deshumanización.

En la actualidad, uno de los grandes retos que afronta Senegal es la gestión de los residuos, y en particular, la contaminación por plásticos. Las playas, campos y mar del país están cubiertos de desechos que ponen en peligro la salud de las personas y de los ecosistemas.
Es una situación grave, que no sólo afecta a Senegal, sino a todo el planeta. Sólo tenemos una Tierra, y lo que hacemos en un rincón del mundo tiene consecuencias en todas partes. El cuidado de la casa común es responsabilidad de todos los seres humanos, y es necesario actuar con urgencia y solidaridad.

Después de más de medio siglo compartiendo caminos con el pueblo senegalés, en Manos Unidas todavía creemos en la cooperación que nace del amor y el respeto. Una cooperación que no impone, sino que acompaña. Que no pretende salvar, sino andar juntos. Estamos convencidos de que el futuro sólo será posible si es un futuro compartido y para todos.