Desertificación y sequía: ¡nos come el desierto!

La desertificación es un problema global que amenaza al desarrollo y que requiere de atención y compromiso de ciudadanos, empresas, gobiernos, e instituciones internacionales.

 

Día contra la desertificación y la Sequía. Foto: Marta Carreño en Etiopía

Desertificacion: un reto fundamental

Cada año se pierden 12 millones de hectáreas de tierra productiva, según la ONU. Cerca del 20% de los suelos degradados son tierras de cultivo y entre un 30% y 25% son pastizales. La desertificación tiene un impacto directo en la producción agropecuaria, y por tanto en la producción de alimentos.

La ONU calcula que unos 250 millones de personas sufren directamente los efectos de la desertificación, y otros 1.000 millones viven en zonas amenazadas por ella en 110 países, de manera especial en África. El 90% de esas personas viven en países en desarrollo.

Desierto en Kenia. Foto: Ángel Cano

¿Cómo hemos llegado a esto? La desertificación es uno de los efectos del cambio climático. Ambos se retroalimentan, y ambos dependen fundamentalmente de la acción humana, que ha roto el equilibrio entre los recursos naturales y su explotación por un voraz sistema de producción.
 

Desertificación y sequía afectan al bienestar, e incluso al sustento de la gente, sobre todo, de los 2.600 millones de personas que, según la ONU, dependen directamente de la agricultura para su supervivencia. Además de tener efectos devastadores para la seguridad de los ecosistemas, genera condiciones de mayor pobreza y pone en riesgo el desarrollo sostenible y la estabilidad socioeconómica a nivel mundial.

Huertos en el desierto en Senegal. Foto: Marisa Muñoz Rojas

 

También dice la ONU que la escasez de agua afecta a cerca de 2.000 millones de personas, pero que probablemente para 2030 cerca de la mitad de la población mundial (unos 4.300 millones de habitantes) vivirá en áreas afectadas por déficit de agua; y que la calidad del agua va a ser mucho peor al faltar la vida vegetal, ya que ésta tiene un papel muy importante para mantener el agua limpia y clara.

Entre 2000 y 2015, según cálculos de la ONU, el número de migrantes en el mundo debido a la sequía aumentó de 173 a 244 millones. Se les ha llamado “refugiados climáticos”.

Desertificación ¿qué podemos hacer?

Como individuos

La desertificación es un problema global que amenaza al desarrollo y que requiere de atención y compromiso de ciudadanos, empresas, gobiernos, e instituciones internacionales.

El Papa Francisco, en su encíclica Laudato si’’, invita a crear una nueva cultura ecológica, adoptando una mirada distinta sobre el mundo y superando el criterio utilitarista o del beneficio individual inmediato.  

Sequía en Uganda. Foto Marta Carreño

Los ciudadanos debemos ahorrar agua, reciclar basuras y objetos personales; moderarnos en el uso de la energía eléctrica y combustibles; comprar con mayor racionalidad; optar por productos cultivados localmente y de temporada; reducir el consumo… Nuestras decisiones diarias pueden ser importantes si se unen a otras muchas personas y grupos conscientes y comprometidos.

Las Organizaciones No Gubernamentales de Desarrollo (ONGD), que apoyan proyectos en los países del Sur, deben promover modelos agrícolas y ganaderos mejor adaptados a su entorno y el mejoramiento de la productividad de la tierra por métodos ecológicos.

¿Y los gobiernos?

Los gobiernos y los organismos multilaterales tienen mayor responsabilidad   y posibilidades de contribuir a frenar la desertificación. Los expertos marcan varias líneas de actuación, de orden político y económico, que los Estados, como garantes de los derechos, también del derecho a un medio ambiente saludable y sostenible, tienen la obligación de hacer efectivas:
  • Rediseñar el modelo de desarrollo, de manera que priorice el bien común y reconstruya el equilibrio y la armonía con la naturaleza, y que garantice las opciones de las generaciones futuras.Cultivos en India . Foto: Manos Unidas
  • Limitar la producción de agrocombustibles.
  • Impulsar las energías renovables, para disminuir las emisiones de gases de  efecto invernadero.
  • Rediseñar el sistema alimentario mundial, de manera que, por encima de los intereses económicos, satisfaga las necesidades humanas y preserve los ecosistemas.
  • Limitar la utilización de sustancias químicas y el uso insostenible del agua en los cultivos, y acortar las distancias entre el punto productivo y el de consumo, para ahorrar energía.
  • Apoyar a los pequeños campesinos (unos 550 millones en el mundo) que tienen acceso al 12% de las tierras cultivables pero que, sin asistencia técnica ni apoyos crediticios, dan de comer al 80% de la humanidad…
  • Mejorar la gestión del agua, mediante el ahorro, la reutilización de las aguas depuradas, el almacenamiento del agua de lluvia, la desalinización...
  • Realizar campañas de reforestación y modificar los sistemas de combustible para el hogar, reduciendo la tala de árboles.

El trabajo de Manos Unidas contra la desertificación

Para Manos Unidas, la cuestión del medio ambiente no debe desvincularse del hambre, la pobreza y la exclusión, ya que constituyen dos caras de una misma realidad marcada por la injusticia y la desigualdad. La lucha contra el hambre será baldía si no se atacan las causas estructurales que las provocan.

Cultivos en Perú. Foto:manos Unidas

Por ello, garantizar la sostenibilidad medioambiental es un requisito básico en los proyectos que apoya Manos Unidas. La escasez de agua es real en muchos contextos en los que hay que agudizar el ingenio para sacar el mejor provecho posible a la escasa agua existente. Los efectos del cambio climático, las sequías recurrentes ponen en dificultad a millones de personas.

Más sobre la escasez de agua

Huertos en Marruecos.

Galería de imágenes: 
Día contra la desertificación y la Sequía. Foto:Marta Carreño en Etiopía
Día contra la desertificación y la Sequía. Foto:Marta Carreño en Etiopía
Huertos sostenibles en Marruecos: Foto; Manos Unidas
Desierto en Africa. Foto:Angel Cano:Manos Unidas
Huertos en Senegal: Marisa Muñoz Rojas
Huertos en India: Foto Manos Unidas

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