Día Internacional de las Mujeres por la Paz y el Desarme 2026.
Con motivo del Día Internacional de las Mujeres por la Paz y el Desarme, desde Manos Unidas queremos visibilizar el papel transformador de las mujeres de Cotabato, en la región autónoma de Bangsamoro (Filipinas), donde trabajan por la construcción de comunidades más seguras, inclusivas y resilientes tras décadas de enfrentamientos religiosos, tribales y culturales.
Según el índice global de paz 2025, el mundo no solo es un lugar menos pacífico, sino también menos capaz de construir la paz. Más de 78 países participan actualmente en conflictos que traspasan sus fronteras, una señal del progresivo deterioro de los mecanismos multilaterales para resolver disputas.
«A día de hoy, hay más de 59 conflictos activos en todo el mundo y, lamentablemente, la cifra sigue creciendo. En la mayoría de ellos, las mujeres y las niñas son las primeras en sufrir sus consecuencias. Su acceso a la ayuda humanitaria suele verse muy limitado. Además, enfrentan desplazamientos forzados, pérdida de seres queridos, destrucción de sus hogares y barreras para acceder a la educación, el empleo y la atención sanitaria. También son reclutadas en conflictos armados y, en muchos casos, víctimas de matrimonios forzados, embarazos no deseados y violencia sexual», explica Fidèle Podga, coordinador de Estudios y Documentación de Manos Unidas.
Pese a ello, y aunque los conflictos multiplican por cuatro los asesinatos de mujeres y niñas y elevan un 87 % la violencia sexual contra ellas, su presencia en los procesos de paz sigue siendo mínima.
Adoptada en octubre del año 2000 por el Consejo de Seguridad de la ONU, la Resolución 1325 establece cuatro pilares fundamentales: la participación plena de las mujeres en los procesos de paz, su protección frente a la violencia de género en conflictos, la prevención de estos abusos y el apoyo a iniciativas lideradas por mujeres en la reconstrucción postconflicto.
La inclusión de las mujeres en las negociaciones de paz incrementa un 20 % la probabilidad de que un acuerdo dure al menos dos años y un 35 % la posibilidad de que se mantenga durante 15 años o más. Además, las mujeres impulsan reformas políticas, sociales y económicas más inclusivas, fortalecen los sistemas de alerta temprana y reducen la violencia al abordar cuestiones como la desigualdad de género. Según ONU Mujeres, la participación de la sociedad civil liderada por mujeres reduce un 64 % el riesgo de fracaso en la implementación de acuerdos.
Sin embargo, en 2024, solo una de cada diez negociaciones de paz incluyó la voz de las mujeres.
La región de Mindanao, con unos 22 millones de habitantes, es una de las zonas más pobres de Filipinas, a pesar de su riqueza en recursos minerales y agrícolas. Además, cuenta con una importante presencia de población musulmana y tribal.
La inseguridad, la desigualdad estructural y la falta de infraestructuras básicas alimentan una situación de pobreza crónica, especialmente en las áreas rurales.
En 2014, el Gobierno de Filipinas y el Frente Moro de Liberación Islámica firmaron un acuerdo de paz tras décadas de enfrentamientos armados en la región. Sin embargo, más de una década después, el conflicto sigue latente, marcado por enfrentamientos tribales y luchas de poder que continúan frenando el desarrollo de la población.
«En un escenario marcado por la pobreza y la violencia heredada y estructural, Mindanao aparece solo de forma esporádica y superficial en los titulares de los medios occidentales. Sin embargo, las secuelas de esta violencia golpean duramente, y de manera diaria, a las comunidades, en particular a mujeres y niñas, que han sufrido la pérdida de oportunidades, el despojo de sus hogares y tierras y el desarraigo forzado», explica Miguel Carballo, responsable de proyectos de Manos Unidas en Filipinas.

A través del proyecto «Promoción de derechos de la mujer a través de la gobernanza en Mindanao», impulsado junto a UnYPhil Women y que ya se encuentra en su tercera fase, 18 organizaciones de mujeres han fortalecido su liderazgo, su capacidad de incidencia y su participación en estructuras locales de protección y gobernanza. El proyecto también ha contribuido a mejorar las oportunidades de autonomía económica tanto de las lideresas como de sus familias.
En este Día Internacional de las Mujeres por la Paz y el Desarme, desde Manos Unidas queremos poner en valor el papel activo y resiliente de las mujeres filipinas en la Región Autónoma del Mindanao Musulmán (BARMM).
«Estas mujeres están demostrando que la prevención de la violencia de género, la participación en la gobernanza local y la autonomía económica son pilares inseparables de una paz justa y sostenible. La paz se construye cuando las mujeres ganan voz, recursos y capacidad de interlocución, y cuando los hombres pasan de observadores pasivos a aliados activos en cuestiones de igualdad de género y protección comunitaria. Esa combinación de liderazgo femenino, corresponsabilidad masculina e instituciones locales más sensibles al género es la base para una paz sostenible en Mindanao», afirma Carballo.
Desde Manos Unidas creemos que la experiencia en la provincia de Cotabato demuestra que la paz duradera solo es posible cuando las mujeres cuentan con herramientas, reconocimiento y espacios reales para liderar estos procesos y convertirse en protagonistas activas de la construcción de paz.