El conflicto en Oriente Medio golpea con más dureza a los más vulnerables

Analizamos el impacto de la crisis en Líbano, Palestina y Siria.

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El conflicto en Oriente Medio golpea con más dureza a los más vulnerables. Hosny salah. Pexels

«La escalada del conflicto en Oriente Medio está teniendo consecuencias devastadoras para la población civil, especialmente para quienes ya se encontraban en situación de vulnerabilidad». Así lo explica nuestra compañera África Marcitllach, responsable de proyectos de Manos Unidas en la región.

La escalada del conflicto en Oriente Medio en el último año ha tenido consecuencias cada vez más amplias en toda la región. Desde el inicio de la guerra en Gaza en octubre de 2023 —tras los ataques de Hamás en Israel y la posterior ofensiva militar israelí— la violencia no solo se ha concentrado en la Franja, sino que ha generado un efecto dominó en territorios cercanos como Cisjordania y países vecinos como Líbano. A esto se suman tensiones persistentes en Siria, en un contexto ya marcado por años de inestabilidad. El resultado es un deterioro generalizado de la situación humanitaria.

En Líbano, más de un millón de personas han tenido que desplazarse. Muchas viven ahora en tiendas de campaña o en alojamientos improvisados con familiares», señala Marcitllach. «Han bombardeado infraestructuras públicas como hospitales, carreteras o puentes, además de multitud de viviendas. Pero lo peor, según nos trasladan nuestros socios locales, es la incertidumbre y la sensación de no estar seguros en ningún lugar del país. Los ataques no se limitan al sur: Beirut y el Valle de la Bekaa también han sido fuertemente bombardeados.

Por su parte, la situación en Palestina continúa notablemente deteriorada. Y no solo en Gaza. «En Cisjordania estamos viendo un aumento exponencial de la violencia de colonos contra la población local», informa. A esto se suma la proliferación de controles y los cortes de carreteras, muchas veces sin previo aviso, lo que interrumpe completamente la vida cotidiana: ir a trabajar, estudiar o acceder a servicios básicos se vuelve muy difícil.

Pero, al referirse a Gaza, la responsable de proyectos de Manos Unidas en Oriente Medio es tajante. «La situación sigue siendo crítica. No están llegando suministros básicos como alimentos o medicamentos, ni materiales para la reconstrucción, y los bombardeos continúan. La población vive con miedo».

En el caso de Siria, apunta a una realidad distinta dentro del contexto regional:

Curiosamente, Siria es el país menos afectado por la actual escalada de violencia, pero sigue habiendo graves problemas de seguridad interna. Nos preocupa especialmente la violencia de grupos yihadistas contra comunidades cristianas en zonas donde el control del nuevo gobierno es limitado.

Ahmed Akacha. Pexels

Ahmed Akacha. Pexels

Transcripción del vídeo

En Líbano, más de 1 millón de personas se ha tenido que desplazar del sur hacia el norte. Se han bombardeado infraestructuras públicas como hospitales, puentes, colegios, iglesias y también privadas. Han destruido edificios enteros. Esta población desplazada se ha tenido que alojar o bien en tiendas de campaña, o bien en casas de algunos parientes o amigos. Pero os podéis imaginar que los niños no van al colegio y las infraestructuras sanitarias están superadas. Y hay un problema también de atención primaria. En Palestina, también se ha observado que, por una parte, en Gaza no entran lo suficiente suministros de comida, de medicinas y mucho menos para la reconstrucción de esta zona. Y en Cisjordania, estamos recibiendo constantemente. Y bueno, no hay más que abrir los periódicos, quejas de la violencia de los colonos a distintos niveles. Siria es el país más seguro ahora en Oriente Medio. Ahí la problemática es otra. Son los ataques de yihadistas a población cristiana. Estamos en Líbano, donde trabajamos sobre todo con población refugiada siria y palestina, pero desde hace tres años estamos empezando a trabajar también mucho con población excluida libanesa. Y trabajamos en proyectos educativos, sanitarios y promoción de la mujer. En Palestina trabajamos en Gaza con dos proyectos humanitarios que no podemos hacer mucho más. Y en Cisjordania sí tenemos muchos proyectos educativos, sanitarios y, bueno, nos vamos también centrando en proyectos que atienden principalmente a las mujeres. En Siria también tenemos proyectos, sobre todo en la zona de Alepo y alrededores: educativos, de promoción del empleo, sanitarios. También, estamos teniendo bastantes, sí. Estamos en contacto permanente con nuestros socios y todos nuestros socios, la mayoría de Iglesia, están empeñados en seguir con los proyectos, en seguir dando esperanza a la població

Proyectos en riesgo y adaptación constante

Manos Unidas trabaja en Líbano, Siria y Palestina con población refugiada —principalmente siria y palestina— y también, cada vez más, con población local en situación de gran vulnerabilidad. «Nuestros proyectos se centran en educación, sanidad y, muy especialmente, en la protección y el desarrollo de las mujeres», explica Marcitllach.

Sin embargo, la situación sobre el terreno está obligando a adaptar continuamente los proyectos que tenemos en el terreno.

En Líbano, por ejemplo, hemos tenido que cancelar un proyecto de apoyo extraescolar en Tiro porque toda la población se ha desplazado a Beirut. Ahora estamos estudiando cómo ofrecer ayuda de emergencia básica, y sabemos que habrá proyectos que no podrán desarrollarse con normalidad durante un tiempo.

La situación en Cisjordania también es preocupante y la preocupación creciente. Un ejemplo de ello es el proyecto de atención sanitaria para mujeres y niños de comunidades beduinas que tenemos en el desierto de Judea. La violencia y los cortes en la carretera han hecho que la ambulancia equipada para hacer ecografías y análisis básicos, haya podido desplazarse solo 161 de las 192 veces que tenía previsto hacerlo.

«La incertidumbre lo marca todo»

La inseguridad es el denominador común en todos estos contextos. Marcitllach lo explica con claridad: «La incertidumbre lo marca todo. La gente no sabe qué va a pasar mañana, si podrá volver a su casa, si podrá trabajar o si tendrá acceso a atención médica».

En una crisis prolongada, sin un horizonte claro a corto plazo, como la actual situación de Oriente Medio la población civil siempre se lleva la peor parte. De hecho, la indiferencia empieza a abrirse paso en el resto de la población mundial. «Y mientras tanto, millones de personas siguen intentando sobrevivir en condiciones extremadamente difíciles».

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