Millones de personas se ven afectadas por la violencia del hambre, la pobreza, la exclusión y la falta de oportunidades

Por el Día Internacional de la No Violencia, ponemos el foco en la violencia que amenaza la convivencia en paz en un mundo inestable.
República Democrática del Congo
Camerún
Haití
Sudán del Sur
África
América
Asia
Emergencia Haití 2021

Con motivo del Día Internacional de la No Violencia, que se celebra cada 2 de octubre, en Manos Unidas ponemos el foco en esas formas de violencia -no tan visibles como las guerras o los conflictos armados-, pero que condicionan la vida de millones de personas y amenazan la convivencia en paz en un mundo inestable.

Hablamos del hambre, de la pobreza extrema, de la desigualdad, de la falta de acceso a la educación o de la vulneración de derechos fundamentales; de esa violencia estructural que limita el desarrollo de las personas y de las comunidades. Unas realidades que no son solo consecuencia de los conflictos, sino que, con frecuencia, están en el origen de estas violencias, tal y como lo explicamos en nuestra campaña “Declara la guerra al hambre”.

En un contexto internacional marcado por el aumento de la violencia y las tensiones -recordemos que en el año 2026 hay más conflictos abiertos que nunca desde la II Guerra Mundial-, queremos insistir en la paz no puede reducirse solo a la idea de la ausencia de guerra. Para que la paz sea estable y duradera es necesario abordar las causas profundas que generan inseguridad, exclusión y falta de oportunidades.

Por ello, en Manos Unidas denunciamos que millones de personas siguen viendo negados derechos tan básicos como la alimentación, la educación o el acceso a medios de vida dignos. Y que esto afecta especialmente a quienes viven en países marcados por la fragilidad institucional, la violencia o los conflictos prolongados.

Frente a esta realidad, nuestro trabajo apuesta por el desarrollo integral como herramienta para prevenir la violencia y favorecer la convivencia. A través de proyectos educativos, agrícolas, sanitarios, de promoción de los derechos humanos y de fortalecimiento de las comunidades locales o de igualdad entre hombres y mujeres, trabajamos para generar oportunidades allí donde la pobreza y la exclusión amenazan el futuro de las personas.

La campaña «Declara la guerra al hambre» subraya precisamente esa relación entre desarrollo y paz. Porque cuando una familia puede acceder a alimentos suficientes, cuando los jóvenes encuentran oportunidades de formación y empleo, cuando las mujeres participan en igualdad de condiciones o cuando una comunidad cuenta con recursos para decidir sobre su propio futuro, disminuyen los factores que favorecen la conflictividad y aumenta la capacidad de construir sociedades más justas y cohesionadas.

Con motivo de esta jornada, desde Manos Unidas recordamos que luchar contra el hambre, la pobreza y la desigualdad no solo mejora las condiciones de vida de millones de personas, sino que contribuye, también, a sentar las bases de una paz verdadera.

Porque, aunque las guerras ocupen los titulares, existen otras violencias silenciosas que siguen presentes cada día. Combatirlas es también una manera de construir un mundo más pacífico. Es una forma de alimentar la paz.

Desde hace más de 65 años, el trabajo de Manos Unidas responde a las consecuencias de la violencia de las armas, y también a la violencia del hambre, la exclusión, la falta de educación o la desigualdad. En 52 países de América, Asia y África nuestros 531 proyectos de desarrollo contribuyen a generar oportunidades, a fortalecer a las comunidades y, con ello, a construir la paz desde la base.

Miles de familias hacinadas en los campos de refugiados. Fotografía: Goril Meisingset.

Miles de familias hacinadas en los campos de refugiados de Sudán del Sur. Fotografía: Goril Meisingset.

Combatimos la violencia contra las mujeres con oportunidades frente a la vulnerabilidad

En Sudán del Sur, uno de los países más castigados por décadas de guerra, trabajamos con la congregación de las Hijas de María Inmaculada en campos de desplazados cercanos a la capital, Juba. Allí, miles de mujeres viven expuestas a la pobreza extrema, la inseguridad y la violencia de género. Para cambiar esta realidad, el proyecto ofrece formación en actividades generadoras de ingresos, como panadería, bisutería o bordado, y apoyo para poner en marcha pequeños negocios. Además ofrecemos acompañamiento psicosocial para las víctimas de violencia. El objetivo no es únicamente protegerlas, sino ayudarles a recuperar su autonomía y su proyecto de vida.

Combatimos la violencia del hambre y la inseguridad alimentaria con acceso al agua

En las comunidades rurales haitianas de Cerca-la-Source, la falta de agua potable, las malas condiciones de saneamiento y la inseguridad alimentaria condenaban a miles de familias a una situación de vulnerabilidad permanente. Con nuestro apoyo se han rehabilitado tres acueductos comunitarios, mejorado un canal de riego de cuatro kilómetros, construido letrinas familiares y puesto en marcha bancos comunitarios de semillas. Gracias a ello, más de 8.900 personas han mejorado su acceso al agua y cientos de agricultores pueden producir alimentos de forma más estable.

Combatimos la violencia de negar un futuro a los jóvenes con formación y educación

En la ciudad de Maroua, al norte de Camerún, una región afectada por la violencia yihadista y la llegada de población desplazada, muchos jóvenes corren el riesgo de quedar atrapados entre la pobreza y la falta de oportunidades. Para romper este círculo, colaboramos en la construcción de instalaciones educativas de secundaria en el colegio Saint John Henry Newman. El acceso a la educación se convierte aquí en una herramienta de paz: ofrece alternativas a la exclusión, previene la captación por grupos armados y ayuda a construir un futuro más seguro para toda la comunidad.

Combatimos la violencia de la exclusión y la falta de empleo con capacitación

En la República Democrática del Congo, donde décadas de conflicto han destruido infraestructuras y oportunidades, para hacer frente a esta realidad apoyamos centros de formación profesional para jóvenes. En la ciudad de Likasi, por ejemplo, impulsamos programas de capacitación en automoción, carpintería, electricidad y formación sanitaria. Estos proyectos ofrecen a cientos de jóvenes una salida laboral en contextos donde el desempleo y la desesperanza alimentan la inseguridad y la violencia.

Temas

Guerra y conflicto

Pobreza y desigualdad

Compartir en