En el Altiplano Occidental de Guatemala se da una paradoja difícil de comprender para quien no conoce la región: pese a contar con tierras fértiles y un notable potencial económico, las oportunidades escasean. En este contexto, miles de personas se ven forzadas a migrar hacia el norte en busca de un futuro mejor. Para muchas de ellas, especialmente para las personas jóvenes, la migración se ha convertido en un camino casi inevitable.
“Durante años, el trabajo ha sido escaso, informal y mal pagado”, explica Inés Molinero, técnica del proyecto. “A menudo, la única salida percibida es emigrar. Pero esto, gracias al trabajo de Manos Unidas, de sus socios locales y del apoyo financiero de la Unión Europea, está empezando a cambiar”.
Este cambio en el horizonte de cientos de personas en Guatemala es gracias a la iniciativa Kayibal, palabra maya que significa pensar. Un término que encierra la esencia de un proyecto que apuesta por pensar en un futuro diferente y en transformar una realidad cada vez más compleja. Kayibal es imaginar una Guatemala donde se garantice el derecho de las personas a tener una vida y trabajo digno en su territorio. Kayibal es soñar una Guatemala donde enfrentarse al doloroso y peligroso camino de la migración no sea la única opción, y donde trabajar juntos para cambiar esa realidad se convierta en un compromiso colectivo.
Impulsado por Manos Unidas, en colaboración con organizaciones locales como CEDEPEM y Tzuk Kim Pop, y cofinanciado por la Unión Europea, el proyecto busca transformar la falta de oportunidades en desarrollo, esperanza y dignidad.
El programa se desarrolla en 16 municipios de los departamentos de Sololá, Totonicapán, Quetzaltenango y San Marcos, una de las zonas con mayores índices de pobreza del país. En Guatemala, más del 70% del empleo es informal, una precariedad que impacta de forma desproporcionada a mujeres indígenas y jóvenes rurales (Encuesta Nacional de Condiciones de Vida – ENCOVI – 2022).
Kayibal promueve la generación de empleo digno, equitativo y sostenible a través de tres ejes estratégicos: el fortalecimiento institucional, el fomento del emprendimiento y la innovación en MIPYMES -micro, pequeñas y medianas empresas- lideradas por mujeres.
Las cosas pueden cambiar si nos dan las herramientas necesarias
La lógica es simple: cuando las personas cuentan con alternativas reales, formación, reconocimiento y medios para generar ingresos, la migración deja de ser la única salida. Mucho más si en los países de destino les espera un entorno cada vez más hostil. Bajo esta premisa, Kayibal trabaja para empoderar a quienes han sido históricamente marginados, especialmente a mujeres jóvenes indígenas, que enfrentan una doble exclusión: por su género y por su condición socioeconómica.
“A través de cursos de cocina, costura, administración, peluquería y muchos otros más, ayudamos a cientos de mujeres y jóvenes a encontrar un trabajo digno con el que desarrollar sus vidas”, explica Inés Molinero.
El proyecto articula esfuerzos con municipios, instituciones públicas, universidades, empresas locales y comunidades. Promueve políticas públicas de empleo, oficinas municipales de orientación laboral, ferias de trabajo y la asociatividad y creación de redes empresariales de mujeres y jóvenes.

Uno de los pilares del proyecto es el acompañamiento a MIPYMES lideradas por mujeres. Se promueve la innovación, la producción sostenible y el acceso a redes comerciales. Las emprendedoras reciben asesoría empresarial, diagnósticos personalizados y apoyo para incorporar tecnologías limpias y digitalizar sus negocios.
"Una parte fundamental del proyecto es el apoyo económico para adquirir maquinaria y equipos necesarios para sus emprendimientos. Esta financiación les permite dar un salto cualitativo que, de otro modo, sería muy difícil", añade Molinero.
Este impulso ha sido especialmente importante para personas que enfrentan barreras adicionales, como Daniel Leiva, un joven con discapacidad visual que lidera una panadería en su comunidad.
“Tuve que improvisar durante años, porque inicié mi emprendimiento sin conocimientos técnicos, como solemos decir aquí, a “la brava”. Pero en el curso de marketing aprendí cómo organizar el negocio, a calcular precios y proyectar ventas. Eso ha sido clave para crecer”, cuenta Daniel, que convive desde hace una década con un tumor cerebral.
Los cursos impulsados por el proyecto se enfocan en el uso compartido de recursos y la creación de espacios colaborativos. Todo bajo el enfoque de economías emergentes: economía verde, social y solidaria, circular y también naranja. Esta última apuesta por la creación, producción y comercialización de bienes y servicios culturales y artísticos.

El enfoque del proyecto parte de una idea clave: las soluciones reales y que funcionan a largo plazo nacen desde las propias comunidades. Por eso, el proyecto Kayibal prioriza la escucha, el acompañamiento y el trabajo con las comunidades para que sean ellas quienes propongan y diseñen sus propios caminos profesionales.
“No imponemos ningún curso ni hoja de ruta. Damos un impulso a trabajos que ya se estaban realizando, pero de manera muy precaria, sin formación y sin equipos. Les ayudamos a crecer a partir de sus propias ideas”, resume Inés, con una sonrisa que mezcla orgullo y determinación por seguir transformando vidas.
En un viaje al territorio, Manos Unidas ha sido testigo del impacto de Kayibal. Un cambio que se percibe en las aulas donde se enseña cocina internacional y peluquería; en los mercados, donde emprendedoras venden delantales que antes no imaginaban. Pero, por encima de todo, Manos Unidas ha visto la confianza renovada de jóvenes que hoy creen en su capacidad para salir adelante sin dejarlo todo atrás.
“Es un orgullo ver en primera persona el cambio que se está construyendo desde abajo, desde las propias comunidades. Los avances de un proyecto que permite que cada persona descubra su propio camino, para que los y las jóvenes encuentren empleo en su tierra, para que las mujeres emprendan, participen, lideren”, concluye Inés, con la convicción de quien ha visto ese cambio de cerca.
Para Manos Unidas, actuar en Guatemala es sembrar oportunidades reales que respetan la identidad cultural y el entorno. Pero, sobre todo, que dignifican la vida.

Esli Rebeca Aguilar sabe lo que esto significa en carne propia. Durante la pandemia, se quedó sin opciones de trabajo, ni siquiera de autoempleo. Pero, gracias a los talleres de corte y confección del proyecto, no solo aprendió un oficio, sino que encontró una forma de generar ingresos para su familia y recuperar su autoestima.
“El Covid nos hizo mucho daño y limitó nuestro acceso al empleo. Gracias al curso de corte y confección, hoy mi emprendimiento es la elaboración de delantales, de manera tradicional y moderna, y adaptados al bolsillo de cada cliente. Es mi forma de expresarme y servir a mi comunidad”, explica Esli.
Hoy, Esli ha convertido su aprendizaje en un pequeño negocio y en una forma de resistencia frente a la migración forzada. Con orgullo, habla del papel que las mujeres están recuperando en su comunidad:
“Nos quedamos para construir una economía nivelada, es decir, que tanto el hombre como la mujer puedan aportar a sus hogares. Estoy muy contenta de estar emprendiendo, de hacer algo que me gusta y de poder llevar ingreso a mi familia”, concluye.