Se llevan a cabo con apoyo de Manos Unidas.
Nos desplazamos al desierto de Judea. Allí, donde el miedo y la desesperanza parecen haberse apoderado de la población, existe un lugar mágico. Un lugar en el que la única premisa para entrar es dejar fuera esas mochilas cargadas de penas que transportan, desde hace muchos años, demasiados, los niños de las poblaciones beduinas.
Estamos en los campamentos beduinos. Lugares de ocio y esparcimiento que cada verano llevan a cabo las hermanas combonianas con apoyo de Manos Unidas. Aquí, donde es difícil soñar con un futuro, hace unos días se habló de esperanza. Preciosa palabra, cargada de sentido, aun sabiendo que, de la noche a la mañana, la vida puede convertirse en un infierno.
Durante un año, esos pequeños no pudieron asistir a la escuela. A las hermanas les preocupaba encontrárselos apáticos o sin ganas de aprender. Nada más lejos de la realidad.
«A las 7 de la mañana —hora de comienzo de los campamentos— ya están todos reunidos bajo el árbol del kindergarten, con corazones abiertos, ojos grandes, listos para jugar, reír y absorber cada palabra, cada gesto», relata una de las hermanas.
La religiosa comboniana nos describe ese mundo de risas y juegos: «El aire estaba hoy lleno de risas que brotaban de niños cuyos ojos, a pesar de reflejar la dureza del desierto y la incertidumbre de su futuro, brillaban con una vitalidad desbordante. Su deseo de vivir, su creatividad, el gusto por la vida, las ansias de aprender y, sobre todo, de ser tomados en cuenta, se han convertido en el mejor reflejo de lo que significa la esperanza en Cisjordania».
«Viven en medio de la amenaza constante de que su hogar y su aldea —el único mundo que han conocido— puedan ser borrados del mapa para siempre. Sin embargo, sentados sobre el pasto sintético y polvoriento, bajo la sombra de un árbol, en medio del desierto, hablamos de algo poderoso: la actitud positiva ante la adversidad, la resiliencia, la fuerza de no rendirse, incluso cuando todo alrededor parece invitarlos a hacerlo», explica emocionada la misionera.
Y no podía ser menos. A lo largo de la mañana los pequeños llenaron el aire de globos de colores. Globos que ascendían hacia el cielo acercando, a lo más alto, sus sueños, sus oraciones y lo que para estos niños y niñas hace que la vida valga la pena. Entonces fue cuando la hermana sintió que la esperanza tomaba forma entre sus dedos.
La religiosa nos relata que algunos de esos globos cayeron pronto sobre el suelo árido. Igual que las esperanzas. «Porque —explica— no todas sobreviven intactas, pero basta con que una se eleve para recordarnos que un futuro digno es posible y merece ser protegido».
«En este desierto árido y abrasador de Tierra Santa, estos niños nos muestran que la esperanza no es una ilusión frágil, sino una fuerza terca, tenaz, que brota incluso entre las rocas».
Rocas que a veces adquieren forma humana, como la de los colonos israelíes que llegaron a husmear por uno de los campamentos e, incluso, llegaron a entrar en una casa. Figuras que tiñeron de miedo las sonrisas y los ánimos pero que no pudieron con las ilusiones de los niños.
«Una vez que se fueron, (los niños) volvieron a sonreír, refugiándose en esa ligereza que solo la infancia sabe preservar», manifiesta la hermana con alegría.
Y a pesar del miedo y la incertidumbre, las hermanas siguen apostando por la vida. Los campamentos han funcionado en siete aldeas y han dejado un regusto dulce entre los más pequeños. «Nos sentimos profundamente agradecidas porque estos niños han podido saborear, al menos por unos días, el gusto de la esperanza», asegura la religiosa.
Porque día tras día las hermanas combonianas siguen apostando por la vida. «Por estos pequeños que, incluso en el corazón del desierto, logran florecer con una resiliencia que nos toca lo más profundo del alma».
Y mientras Manos Unidas las acompaña en este caminar, la hermana Cecilia se pregunta «¿cuántas más manos y corazones deberían sumarse para que ningún viento, por más violento que sea, logre arrancar del cielo las esperanzas que a estos niños les pertenecen y tienen derecho?».