Desde Barcelona, declaramos la guerra al hambre

Desde Barcelona, declaramos la guerra al hambre

Con motivo del inicio de la nueva Campaña de Manos Unidas para este 2026, el consiliario de la delegación de Barcelona, Mn. Manent, ha escrito esta carta, que ahora compartimos con vosotros.

Estimados hermanos y hermanas,

Me complace presentarles la Campaña de Manos Unidas de este año, que tiene por lema Declara la guerra al hambre. Con este lema, queremos devolver a los orígenes que inspiraron el nacimiento de esta bella iniciativa eclesial, centrada en erradicar las pobrezas en todo el mundo, sobre todo en los países emergentes.

La imagen que acompaña al lema muestra a una niña que nos ofrece una cuchara, el utensilio universal para la alimentación. La cuchara no puede cortar ni herir, sino que sólo sirve para llevarnos los alimentos a la boca.

Hablo en plural cuando me refiero a las pobrezas, porque desde Manos Unidas trabajamos con proyectos a tres niveles distintos.

Pobreza material

Ésta es la más escandalosa y la primera de las pobrezas que hay que erradicar, las imágenes que nos llegan por los medios de comunicación nos hacen encoger el corazón cuando vemos a nuestros hermanos pasando necesidades tan profundas. Escuchando al mismo Cristo que nos reclama alimento y bebida, hemos querido acoger un proyecto de acceso a agua potable en Puyango, en Ecuador, que llevará a cabo el Fondo Ecuatoriano Populorum Progressio, una iniciativa privada de inspiración cristiana que cuenta con el visto bueno de los obispos de Ecuador.

Pero el hambre alimentaria no es, ni mucho menos, la mayor de las pobrezas; ya que es debido a la conculcación del derecho a la educación ya la cultura que acontecen los desequilibrios que conducen a la injusticia social.


Comedor infantil en Madagascar. | Imagen: Javier Mármol - Manos Unidas.

Pobreza cultural

Movidos por el ideal de fraternidad humana, que tiene en Cristo su modelo, el segundo alimento que nos es reclamado a administrar es la cultura, constituyendo ésta una obra de misericordia inmaterial totalmente necesaria para el progreso de las comunidades humanas. Respondiendo a este mandante, acogemos los otros tres proyectos que conforman la Campaña de este año.

Por un lado, el Lycée Priviene Catholique Saint Luc de la diócesis de Banfora, en Burkina Faso, que actualmente da educación a 1.000 alumnos, nos ha pedido una ampliación de instalaciones escolares para acoger a 200 alumnos más. Por otra parte, trabajaremos con Karuna Battambang Organization, la ONG que fundó Mons. Kike Figaredo —y que nos visitó en el Sent la Creu de 2019— para mejorar la educación en 24 escuelas rurales de Camboya, un país confesionalmente budista que ha impedido la educación de las niñas hasta el año 1979 y que tiene muchas carencias de profesorado. Por eso, la organización con la que trabajan cuenta con muchos voluntarios españoles en el país. Por último, las Misioneras Combonianas desplegadas en Palestina piden la ayuda para reconstruir 5 guarderías y atender a 100 niños y sus madres.


Una chica escribe en una pizarra en Benín. | Imagen Iciar de la Peña - Manos Unidas.

Pobreza espiritual

Estos cuatro proyectos encarnarán este curso la obra de la misericordia que la diócesis de Barcelona quiere trabajar con nuestros hermanos de los países en desarrollo, con la convicción de que la pobreza más profunda no es ni la corporal ni la cultural, sino la espiritual.

El desconocimiento de Dios y de su misericordia es el mayor impedimento para alcanzar el bienestar y el desarrollo humano; será a través de estas acciones concretas que el rostro amoroso de Cristo se mostrará a tantos que podrán descubrir cuán grande es el Señor.


Interior de una casa en la India. | Imagen: Javier Cuadrado.

Acabo estas líneas pidiéndoles que, este año, la Campaña sea vivida con intensidad en nuestras parroquias y comunidades, y que todo el mundo pueda participar del corazón misericordioso de Cristo, que ha querido manifestarnos su amor en la cruz.

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